¿Por qué temer si nuestro Padre está en el cielo y en la Tierra?

"Mis ovejas oyen la voz mía; y yo las conozco, y ellas me siguen. Y yo les doy la vida eterna; y no se perderán jamás, y ninguno las arrebatará de mis manos." Jn. 10, 27-28

Las tribulaciones de este mundo muchas veces nos pueden hacer pensar que ya no tenemos esperanza o que estamos perdidos. En ocasiones nuestra mente se nubla ante tantas preocupaciones y problemas, y podemos llegar a pensar que ya no hay salvación.

Pero Dios, que es nuestro Padre y que no nos abandona si se lo pedimos con fe, nos tiene sorpresas esperando, grandes dichas que no podemos comprender, tanto en la tierra como en el cielo donde nos encontraremos frente a frente con nuestro Señor, sus ángeles, la Virgen María y toda la magnificencia que nos ha sido prometida si cumplimos con nuestra misión en la tierra que es muy clara: AMAR A DIOS SOBRE TODAS LAS COSAS Y AL PRÓJIMO COMO A SI MISMO.

A pesar de eso, no es un secreto que hay días en que las fuerzas nos faltan y la fe se nos debilita, nuestra humanidad es débil, ¡pero cuando ofrecemos nuestras dolencias a la misericordia de Jesús y ponemos nuestro corazón adolorido a sus pies, tenemos la esperanza de que nos tomará en sus infinitos brazos y nos hará caminar de nuevo por el buen camino! La misericordia de Jesús es tan grande que no podemos imaginarla, solo confíar en esta.

Cuando debamos tomar decisiones importantes que afecten nuestra vida y las de las demás personas debemos cerrar nuestros ojos, pensar en Jesús resucitado y decir con el Corazón: Señor mío y Dios mío, envía tu Santo Espíritu para iluminar mi mente y tomar las decisiones correctas, que me lleven a cumplir tu santa voluntad. Amén

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