El sacerdote que anhelo.

Debo confesar que no soy un experto, ni conozco bien la historia del Santo Cura de Ars -ejemplo para todos los sacerdotes- pero creo que la imagen que tengo en la mente del sacerdote anhelado corresponde al ejemplo de este gran santo servidor de Dios.

Quisiera volver a ver en mi comunidad al sacerdote caminando por el parque, saludando a las personas y todos correspondiendole con alegría por su presencia conciliadora. Quisiera que al entrar al templo y encontrarme al sacerdote listo para ofrecer confesión sin horarios, para pedirle un consejo o una guía espiritual.

Desearía llegar a la casa cural o el mismo templo y poder pedirle al sacerdote que vaya a visitar a una persona enferma o una familia en apuros. Desearía ver al amigo sacerdote visitando y llevando él mismo la comunión a los ancianitos de la comunidad, en la medida de lo posible.

Cuánto quisiera poder llamar al sacerdote a tomarse un café a mi casa y recibirlo como un amigo de toda la vida. Cuánto quisiera poder llevarle un bollo de pan al sacerdote que en su humildad lo acepta con gozo.

Quisiera que el sacerdocio no sea una profesión, que no tenga salario en la tierra. Quisiera que el sacerdocio sea, como el santo Cura de Ars, una entrega TOTAL y absoluta a su trabajo de servidor y unificador de nuestra comunidad en su camino hacia Cristo nuestro Salvador.

Así que oremos por los sacerdotes para que Dios despierte vocaciones reales de servicio en todo el mundo y para que encienda un fuego ardiente por llevar su palabra a todos los corazones de los fieles en sus parroquias, para que el Espíritu Santo los ilumine con su gracia y sabiduría. Amén.

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