Evangelio–Lunes 5 de setiembre, 2011

Santoral: Beata Teresa de Calcuta, San Lorenzo Justiniano, Patriarca de Venecia

Evangelio: Lucas 6, 6-11
"Estaban acechando a Jesús para ver si curaba en sábado"

Un sábado, Jesús entró en la sinagoga y se puso a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha paralizada. Los escribas y fariseos estaban acechando a Jesús para ver si curaba en sábado y tener así de qué acusarlo. Pero Jesús, conociendo sus intenciones, le dijo al hombre de la mano paralizada: «Levántate y ponte ahí en medio». Él se levantó y quedó en pie. Entonces Jesús les dijo: «Les voy a hacer una pregunta: ¿Qué es lo que está permitido hacer en sábado: hacer el bien o el mal, salvar una vida o acabar con ella?» Y, después de recorrer con la vista a todos los presentes, le dijo al hombre: «Extiende la mano». El la extendió y quedó curado. Los escribas y fariseos se pusieron furiosos y discutían entre sí lo que le iban a hacer a Jesús.

Reflexión

En nuestro mundo moderno, en donde las "agendas" van guiando el rumbo y el orden de nuestro día, se puede caer también en la tentación de PROGRAMAR la caridad. Jesús en este pasaje es criticado por sanar a un hombre en el día de reposo. ¿Cuántas veces nosotros, en nuestras mismas familias, en nuestro trato con los hijos, con el esposo o la esposa, o con los padres, ponemos también esta excusa para no servir, para no hacer la caridad? Es triste que esto suceda y que muchas veces la caridad tome el lugar de "cuando haya tiempo", que el servicio a nuestros hermanos tenga que tomar también su turno, máxime cuando se refiere a una situación de apremio como puede ser la salud. Es triste que la esposa o los hijos tengan que "tener cita" para ser atendidos y escuchados. No dejes que tu agenda gobierne tu vida, sé tú, como Jesús, dueño de tu tiempo, especialmente en tu relación con tus seres queridos.

Señor, gracias por el gran amor que me tuviste al entregarte a una pasión y muerte tan vergonzosa y dolorosa, solo porque me amas y quisiste la salvación para el mundo entero.   Hoy me ofrezco a ti y cada cosa que me implique dolor y sufrimiento, te pido que la tomes como una unión mía a tus padecimientos, como reparación de tanto dolor que tú sufriste. Gracias por aquellas cosas con las que batallo y lucho cada día, sé que a través de ellas también me santificas; las acepto con agrado y también como una muestra del gran amor que me tienes.

Hoy ofreceré cada dolor o sufrimiento que tenga, por la conversión de tantas personas extraviadas; si por el momento no padezco en nada, ofreceré un sacrificio y éste lo ofreceré por la misma causa.

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón.
Como María, todo por Jesús y para Jesús.
Pbro. Ernesto María Caro.

Nota destacada de la semana anterior

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