La humildad del nacimiento de Jesús


¡Saludos amigos y amigas de Caminos de Fe!

Les deseamos un año 2013 lleno de bendiciones, en compañía siempre de la Santísima Trinidad, la Sagrada familia de Belén, los ángeles y los santos. En estos días hemos de meditar la humildad del nacimiento de Jesús en Belén y la maravilla de su salvación, por eso les comparto este mensaje que me llegó por correo electrónico.


Estos días he vuelto a leer una homilía de Navidad del Predicador del Papa que había leído años atrás que termina con una historieta de Navidad que me ha llegado muy profundamente. La historieta es la siguiente: “Entre los pastores que acudieron la noche de Navidad a adorar al Niño había uno tan pobrecito que no tenía nada que ofrecer y se avergonzaba mucho. Llegados a la gruta, todos rivalizaban para ofrecer sus regalos. María no sabía cómo hacer para recibirlos todos, al tener en brazos al Niño. Entonces, viendo al pastorcillo con las manos libres, le confió a él, por un momento, a Jesús. Tener las manos vacías fue su fortuna”.

Imagino la travesía de los pastores a lo largo del camino hasta llegar a Belén en el que el pobre pastorcillo iría en el último lugar y los demás, diciendo lo que le iban a regalar al niño, menospreciando al último de ellos por ir con las manos vacías.

Esta Navidad la veo de forma muy diferente a como he vivido navidades anteriores. Nunca había visto esto con anterioridad. Los pastores que rivalizaban por sus regalos encarnan, desde mi punto de vista, a la gran parte de la sociedad que vive la Navidad sin conocer ni vivir la esencia de la misma. Se vive la Navidad con el estereotípico sentido pagano, comercial, sentimental, de regalos, comilonas y borracheras. El niño Jesús está delante de sus narices y no lo ven. Se vive de forma simplemente superficial, quedándose quizás con el aspecto de que la Navidad es una época de unión familiar, de bondad, de ilusión, pero al Niño Jesús ni se le ve ni se le espera. Más bien se espera a Santa Claus.

Estos pastores, siempre desde mi punto de vista personal, además de expresar el paganismo tristemente imperante de las fiestas navideñas, por mucho que se acerquen al portal, desde el punto de vista religioso o espiritual, me sugieren estos pastores también una idea más que importante, que es la de no servir y adorar al Señor sino la de servirse del Señor para la vanagloria, vanidad, la propia edificación, etc; es decir, no amar al Señor de forma madura y pura, sino el buscarse a sí mismo con las cosas del Señor o con el mismo Señor.

Estas personas van a Belén no a adorar a Cristo sino a glorificarse “utilizando” a Cristo. Desean no amar a Cristo sino sentirse justificados, con una soberbia sutil, dándole los mayores regalos que le puedan dar. El orgullo los tiene tan ciegos que en primer lugar no ven a Cristo en el pastor pobre. Lo desprecian y marginan, imagino, porque no tiene nada. Se creen más merecedores del premio de Cristo por la cantidad de cosas que le dan, pero no saben lo que agrada a Dios. Es más, aunque lo supiesen, no pueden agradarle por su gran amor a sí mismos.

Sin embargo, el pastorcillo pobre encierra una clarísima catequesis sobre lo que es el cristianismo, sobre la adoración a Cristo y el amor de Dios, de la Virgen y de la Iglesia.

Esta parte de la historieta me expresa la idea de los desposorios con el Señor. No había visto nunca la Navidad de esta forma. El Señor, que se humilla, que se presenta en silencio, sin pregonar que ya Dios ha llegado al mundo, sino con una gran sencillez y abnegación, con gran amor, siendo rico, se hace pobre por nosotros (2 Co 8,9). Y atrae a los sencillos hacia Sí.

Es maravilloso el gesto de María de darle a Cristo al pastorcillo. El pastorcillo, que viene purificado, vacío de sí mismo, con su pobreza, recibe a Cristo en sus manos. Lo menos que esperaba era recibir a Cristo. Él quería verlo, adorarle, darle las gracias, pero no pensaba que iba a tener a Cristo.

Esta es la esencia de la Navidad… Un preludio de la Cruz, de los desposorios con el Señor. El pobre pastorcito recibe a Cristo.

Recuerdo las palabras de un cura santo que decía una vez: “¿Quieres encontrarte con Cristo? Pues quédate siempre en el último lugar, porque es allí donde está Cristo”.

Hoy Cristo vuelve a invitarme a ir al último lugar, sabiendo que Él ya está allí. Él ya se ha humillado, ha “dejado de ser”, renunciado al Cielo, para que yo sea. Él es el que es pero se hace pequeño para ayudarme a mí a unirme a su pequeñez. Uno tantas veces va buscando lo grande, SER, pero luego el fruto no es maduro, es estéril… Sin embargo, Cristo me invita a unirme a Él en su pequeñez.

La Virgen María quiere darnos al Señor pero estamos tantas veces tan llenos de nosotros mismos, de nuestros planes, proyectos, idolatrías, tonterías, que no podemos cogerlo. Se nos cae. Esta Navidad es una ayuda, una nueva invitación a ser Uno con Él, en la pequeñez, en el pesebre, en la Cruz…

Para mí ha sido una novedad ver la Navidad como un desposorio con el Señor, una invitación a buscar a Cristo en el último lugar, y en el otro, en el que está al último y en el que está al primero.

Con la gran alegría que me da el poder celebrar el gran Amor que Dios nos tiene, y con el deseo de responderle al Señor haciendo de la vida un portal de Belén, donde estar a solas con el Señor, en compañía de San José y de la Virgen María, y al mismo tiempo con los demás, donde también está Cristo, sólo me queda desearles muy Feliz Navidad y un próspero año 2013.

Nota destacada de la semana anterior

Catequesis del Papa Francisco sobre la Eucaristía como encuentro con Dios