Evangelio del Día - Martes 22 de abril de 2014


Tiempo litúrgico: Pascua (blanco)

Santoral



Primera Lectura: Hechos 2,36-41
"Convertíos y bautizaos todos en nombre de Jesucristo"

El día de Pentecostés, decía Pedro a los judíos: "Todo Israel esté cierto de que al mismo Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías." Estas palabras les traspasaron el corazón, y preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles: "¿Qué tenemos que hacer, hermanos?" Pedro les contestó: "Convertíos y bautizaos todos en nombre de Jesucristo para que se os perdonen los pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo. 

Porque la promesa vale para vosotros y para vuestros hijos y, además, para todos los que llame el Señor, Dios nuestro, aunque estén lejos." Con estas y otras muchas razones les urgía, y los exhortaba diciendo: "Escapad de esta generación perversa." Los que aceptaron sus palabras se bautizaron, y aquel día se les agregaron unos tres mil.

Salmo Responsorial: 32
"La misericordia del Señor llena la tierra."

La palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra.

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, en los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre.

Nosotros aguardamos al Señor: él es nuestro auxilio y escudo. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.

Evangelio: Juan 20,11-18
"He visto al Señor"

En aquel tiempo, fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús. Ellos le preguntan: "Mujer, ¿por qué lloras?" Ella les contesta: "Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto." 

Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Jesús le dice: "Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?" Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: "Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré." Jesús le dice: "¡María!" Ella se vuelve y le dice: "¡Rabboni!", que significa: "¡Maestro!" 

Jesús le dice: "Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, ve a mis hermanos y diles: "Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro."" María Magdalena fue y anunció a los discípulos: "He visto al Señor y ha dicho esto."

Reflexión
“Ve a buscar a mis hermanos”

La oscuridad reinaba en el exterior, todavía no era de día, pero aquella pequeña cavidad estaba llena de la luz de la resurrección. María vio esta luz por la gracia de Dios: su amor por Cristo creció, y tuvo la fuerza para ver ángeles… que le dijeron: " ¿Mujer, por qué lloras? Lo que ves en esta pequeña cueva es el cielo o más bien un templo celeste en lugar de una tumba cavada para ser una prisión… Entonces ¿Por qué lloras? "… 

En el exterior, el día permanece indeciso, y el Señor no deja ver este resplandor divino que le habría hecho que lo reconocieran en el mismo corazón del sufrimiento. María no lo reconoce… Cuando habló y cuando se dio a conocer, hasta entonces, aún viéndolo vivo, no tuvo ni idea de su grandeza divina y se dirigió como a un hombre cualquiera… En un arranque de su corazón, quiere echarse sobre sus rodillas, y tocar sus pies. 

Pero Jesús le dice: "No me toques, porque el cuerpo del que ahora estoy revestido es muy ligero y más volátil que el fuego; puede subir al cielo, hasta muy cerca de mi Padre, a lo más alto de los cielos. Yo todavía no he subido a mi Padre, porque todavía no me he mostrado a mis discípulos. Ves a encontrarlos; son mis hermanos, porque todos somos hijos de un solo Padre " (cf Ga 3,26)… 

La iglesia donde estamos es el símbolo de esta cavidad. Es el mejor símbolo: es por decirlo así otro Santo sepulcro. Allí se encuentra el lugar donde se deposita el cuerpo del Maestro; allí se encuentra la mesa sagrada. Así pues, el que corra de todo corazón hacia esta divina tumba, morada verdadera de Dios, aprenderá allí las palabras de los libros inspirados que le instruirán a manera de los ángeles sobre la divinidad y la humanidad del Verbo, la Palabra de Dios encarnado. 

Y así verá, sin error posible, al mismo Señor … Porque el que mira con fe la mesa mística y el pan de vida depositado sobre ella, ve allí en su realidad al Verbo de Dios que se hizo carne por nosotros y estableció su morada entre nosotros (Jn 1,14). Y si se muestra digno de recibirlo, no sólo lo ve sino que también participa de su ser; lo recibe en él para que se quede allí.

San Gregorio Palamas (1296-1359), monje, obispo y teólogo. Homilía 20, sobre los ocho evangelios de la mañana según san Juan; PG 151, 265 

Acción

La Iglesia necesita hombres y mujeres que estén profundamente convencidos de la resurrección de Cristo y que lo testifiquen en sus oficinas, en sus escuelas, en sus hogares, viviendo de acuerdo al mensaje del Evangelio, y siendo valientes para dar razón de su fe cuando sea necesario. ¿Eres tú una de estas personas?

Jesús amado, la gente te seguía porque descubría en ti el amor de Dios; ayúdame para dejar que me transforme tu Espíritu Santo, para que puede llevar a los demás esa experiencia transformadora que nos hace criaturas nuevas. Amén.

En oración haré una lista de las cosas por las que tengo que dar gracias a Dios. 

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón. 
Como María, todo por Jesús y para Jesús. 

Pbro. Ernesto María Caro

Adaptado de:

Nota destacada de la semana anterior

Catequesis del Papa Francisco sobre la Eucaristía como encuentro con Dios