No es necesario llamar a Naciones Unidas para hacer las paces en el matrimonio, dice el Papa

VATICANO, 02 Abr. 14 / 09:53 am (ACI/EWTN Noticias).- En su catequesis de hoy, ante más de 45 mil fieles que se reunieron en la Plaza de San Pedro para escucharlo y recibir su bendición, el Papa Francisco alentó a custodiar la pareja matrimonial, “imagen de Dios”, y a hacer las paces a pesar de las peleas conyugales.

El Santo Padre indicó que “es verdad que en la vida matrimonial hay tantas dificultades, ¿tantas no? Que el trabajo, que el sueldo no alcanza, los chicos tienen problemas, tantas dificultades. Y tantas veces el marido y la mujer se ponen un poco nerviosos y pelean entre ellos, ¿o no? Pelean, ¿eh? ¡Siempre! Siempre es así: ¡siempre se pelea, eh, en el matrimonio!”.

“Pero también, algunas veces, vuelan los platos ¿eh? Ustedes se ríen, ¿eh? Pero es la verdad. Pero no nos tenemos que entristecer por esto. La condición humana es así. El secreto es que el amor es más fuerte que el momento en el que se pelea”.

Citado por Radio Vaticano, Francisco señaló que “por esto yo aconsejo a los esposos siempre que no terminen el día en el que han peleado sin hacer las paces. ¡Siempre! Y para hacer las paces no es necesario llamar a las Naciones Unidas para que vengan a casa a hacer las paces. Es suficiente un pequeño gesto, una caricia: ¡Chau y hasta mañana! Y mañana se empieza de nuevo. Esta es la vida, llevarla adelante así, llevarla adelante con el coraje de querer vivirla juntos. Y esto es grande, es bello ¿eh?”.

El Papa subrayó además que “el verdadero vínculo es siempre con el Señor. Cuando la familia reza, el vínculo se mantiene. Cuando el esposo reza por la esposa y la esposa reza por el esposo ese vínculo se hace fuerte. Uno reza con el otro”.

“Hoy concluimos el ciclo de catequesis sobre los Sacramentos hablando del Matrimonio. Este Sacramento nos conduce al corazón del designio de Dios, que es un designio de alianza con su pueblo, con todos nosotros, un designio de comunión”.

Recordando el relato de la creación del hombre y la mujer en el Génesis, el Santo Padre destacó que “la imagen de Dios es la pareja matrimonial, el hombre y la mujer, los dos. No solamente el varón, el hombre, no sólo la mujer, no, los dos”.

Francisco remarcó que “somos creados para amar, como reflejo de Dios y de su amor. Y en la unión conyugal el hombre y la mujer realizan esta vocación en el signo de la reciprocidad y de la comunión de vida plena y definitiva”.

“Cuando un hombre y una mujer celebran el sacramento del Matrimonio, Dios, por así decir, se ‘refleja’ en ellos, imprime en ellos los propios lineamientos y el carácter indeleble de su amor. Un matrimonio es la imagen del amor de Dios con nosotros, es muy bello”.

Francisco indicó que “también Dios, en efecto, es comunión: las tres Personas del Padre, el Hijo y del Espíritu Santo viven desde siempre y para siempre en unidad perfecta. Y es justamente éste el misterio del Matrimonio: Dios hace de los dos esposos un sola existencia”.

“Y la Biblia es fuerte dice ‘una sola carne’, ¡así intima es la unión del hombre y de la mujer en el matrimonio! Y es justamente este el misterio del matrimonio. Es el amor de Dios que se refleja en el matrimonio, en la pareja que decide vivir juntos y por esto el hombre deja su casa, la casa de sus padres, y va a vivir con su mujer y se une tan fuertemente a ella que se transforman, dice la Biblia, en una sola carne. No son dos, es uno”.

“Sabemos muy bien cuántas dificultades y pruebas conoce la vida de dos esposos... Lo importante es mantener vivo el vínculo con Dios, que es la base del vínculo matrimonial”.

“Es una cosa bellísima la vida matrimonial y tenemos que custodiarla siempre, custodiar a los hijos”.

El Santo Padre señaló que “algunas veces yo he dicho aquí que una cosa que ayuda tanto en la vida matrimonial son tres palabras. No sé si ustedes recuerdan las tres palabras. Tres palabras que se deben decir siempre, tres palabras que tienen que estar en casa: ‘permiso, gracias, disculpa’. Las tres palabras mágicas, ¿eh? Permiso, para no ser invasivo en la vida de los cónyuges. ‘Permiso, pero, ¿qué te parece, eh?’ Permiso, me permito ¿eh?”.

“¡Gracias! Agradecer al cónyuge: ‘pero gracias por aquello que hiciste por mí, gracias por esto’. La belleza de dar las gracias”.

“Y como todos nosotros nos equivocamos -continuó el Papa- aquella otra palabra que es difícil de decir, pero que es necesario decirla: perdona, por favor, ¿eh? ¡Disculpa! ¿Cómo era? Permiso, gracias y disculpa. Repitámoslo juntos. Permiso, gracias y disculpa. Con estas tres palabras, con la oración del esposo por la esposa y de la esposa por el esposo y con hacer las paces siempre, antes de que termine el día, el matrimonio irá adelante”.

Las tres palabras mágicas, la oración y hacer las paces siempre. El Señor los bendiga y recen por mí. ¡Gracias!”, concluyó.


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