Papa Francisco alienta: Sigan a Jesús Buen Pastor y no a los moralistas o quienes buscan la guerra

VATICANO, 26 Jun. 14 / 09:47 am (ACI/EWTN Noticias).- Durante la Misa celebrada esta mañana en la Casa Santa Marta, el Papa Francisco alentó a los fieles a seguir a Cristo el Buen Pastor y alejarse del peligro de reducir la fe a moralismos o dejarse seducir por los que promueven la violencia con sus “guerras de liberación” o los que buscan acuerdos con el poder.

Según informó Radio Vaticana, Francisco explicó que en la época de Jesús había cuatro tipos de personas que hablaban a la gente. Estos eran los fariseos, los saduceos, los zelotas y los esenios. Sin embargo, la gente seguía a Cristo porque “estaban admirados por su enseñanza” y sus palabras “maravillaban su corazón y se asombraban de encontrar algo tan bueno y grande”.

Francisco explicó que los fariseos eran los que “hacían del culto de Dios, de la religión, una serie de mandamientos, y de los diez que había hacían más de trescientos”, cargando “este peso” sobre los hombros de la gente. Era “una reducción de la fe en el Dios vivo a la ¡casuística!”. Y había también “contradicciones de la casuística más cruel”.

“Pero tienes que cumplir - por ejemplo - el cuarto mandamiento; ‘¡Sí, sí, sí’; ‘Hay que dar de comer a tu padre anciano, a tu anciana madre!’; ‘¡Sí, sí, sí’; ‘Pero como usted sabe, yo no puedo hacerlo, porque he dado mi dinero al templo!’; '¿Usted no lo hace? ¡Sus padres mueren de hambre! Es así: contradicciones de la casuística más cruel ¡El pueblo los respetaba, porque la gente es respetuosa. Los respetaba, pero no los escuchaban! Se iban...”, señaló Francisco.

El segundo grupo, el de los saduceos, “no tenían fe, ¡habían perdido la fe! Hacían su oficio religioso en el camino de los acuerdos con los poderes: los poderes políticos, los poderes económicos. Eran hombres de poder”.

Un tercer grupo “era aquel de los revolucionarios”, el de los zelotas que “querían hacer la revolución para liberar al pueblo de Israel de la ocupación romana”. Pero el pueblo, notó Francisco, “tiene buen sentido y sabe distinguir cuando la fruta está madura y cuando ¡no hay! ¡Y no los seguía!”.

El cuarto grupo era de “gente buena: se llamaban los Esenios”. Eran monjes que consagraban su vida a Dios, pero “estaban lejos del pueblo y el pueblo no podía seguirlos”.

Francisco señaló que “ninguna de estas voces tenía la fuerza de enardecer el corazón del pueblo”. “¡Pero Jesús sí! Las multitudes estaban asombradas: oían a Jesús y su corazón ardía; el mensaje de Jesús llegaba al corazón”. Cristo, recordó, se acercaba al pueblo, sanaba su corazón, comprendía las dificultades. “Jesús no tenía vergüenza de hablar con los pecadores, iba a encontrarlos”.

Jesús “sentía gozo, le daba gusto ir con su pueblo” y esto porque es el Buen Pastor y las ovejas oyen su voz y lo siguen.

“Es por esta razón que la gente seguía a Jesús, porque era el Buen Pastor. No era ni un fariseo casuístico moralista, ni un saduceo que hacía negocios sucios con los políticos y los poderosos, ni un guerrillero que buscase la liberación política de su pueblo, ni un contemplativo del monasterio. ¡Él era un pastor! Un pastor que hablaba la lengua de su pueblo, lo entendían, decía la verdad, las cosas de Dios: ¡no negociaba nunca las cosas de Dios! Sino que las decía de tal manera, que la gente amaba las cosas de Dios. Por esto lo seguían”, afirmó.

Además, “Jesús nunca se alejó de la gente y nunca se apartó de su Padre”. “Estaba muy unido con el Padre: ¡Él era uno con el Padre!” y por esto estaba “muy cercano a la gente”. Cristo “tenía esta autoridad y por esto el pueblo lo seguía”.

“¿A mí, a quién me gusta seguir? ¿A los que me hablan de cosas abstractas o de casuísticas morales; aquellos que se hacen llamar del pueblo de Dios, pero no tienen fe y lo negocian todo con los poderes políticos y económicos; aquellos que siempre quieren hacer cosas extrañas, cosas destructivas, las llamadas guerras de liberación, pero que al final no son los caminos del Señor; o un contemplativo apartado? ¿A mí, a quién me gusta seguir?”, cuestionó el Papa.

Finalmente, Francisco invitó a “que esta pregunta nos haga llegar a la oración y pedir a Dios, al Padre, que nos acerque a Jesús para seguir a Jesús, para ser sorprendidos por lo que Jesús nos dice”.

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