Papa Francisco: Víctimas del hambre son personas y no números

VATICANO, 17 Oct. 14 / 03:42 pm (ACI/EWTN Noticias).- Con ocasión de la Jornada Mundial de la Alimentación, el Papa Francisco dirigió este viernes un mensaje al director de la FAO, Graziano da Silva, para pedir que se vaya más allá de los números porque quienes sufren el hambre y la desnutrición son personas, “y precisamente por su dignidad de personas, están por encima de cualquier cálculo o proyecto económico”.

En el texto, el Santo Padre llamó a reflexionar sobre el desperdicio de alimentos y la especulación de precios “en nombre del dios beneficio”. Una de “las paradojas más dramáticas de nuestro tiempo” es asistir con impotencia, “pero a menudo también con indiferencia”, al drama de cientos de miles de personas que padecen hambre, “como si todo fuera una responsabilidad ajena que no nos incumbe”, señaló.

Francisco dijo que si bien ha habido avances en esta lucha, “los últimos datos siguen presentando aún una situación inquietante”. Sin embargo, exhortó a ir más allá de los datos, pues “hay un aspecto importante del problema que no ha recibido todavía la debida consideración en las políticas y planes de acción: quienes sufren la inseguridad alimentaria y la desnutrición son personas y no números, y precisamente por su dignidad de personas, están por encima de cualquier cálculo o proyecto económico”.

El Papa también reflexionó sobre el tema de la presente Jornada, “Agricultura familiar: Alimentar al mundo, cuidar el planeta”, para exhortar a que se reconozca “cada vez más el papel de la familia rural y desarrollar todas sus potencialidades”.

“La familia rural –indicó-, puede responder a la falta de alimentos sin destruir los recursos de la creación. Pero, para ello, hemos de estar atentos a sus necesidades, no sólo técnicas, sino también humanas, espirituales, sociales y, por otra parte, tenemos que aprender de su experiencia, de su capacidad de trabajo y, sobre todo, de ese vínculo de amor, solidaridad y generosidad, que hay entre sus miembros y que está llamado a convertirse en un modelo para la vida social”.

Sin embargo, advirtió que las normas e iniciativas en favor de la familia “distan mucho de colmar sus exigencias reales y esto es un déficit que hay que atajar. Está muy bien que se hable de la familia rural y que se celebren años internacionales para recordar su importancia, pero no es suficiente: esas reflexiones tienen que dar paso a iniciativas concretas”.

Asimismo, señaló que la defensa de “las comunidades rurales frente a las graves amenazas de la acción humana y de los desastres naturales no debería ser sólo una estrategia, sino una acción permanente que favorezca su participación en la toma de decisiones, que ponga a su alcance tecnologías apropiadas y extienda su uso, respetando siempre el medio ambiente”.

“Nunca como en este momento –indicó Francisco–, ha necesitado el mundo que las personas y las naciones se unan para superar las divisiones y los conflictos existentes, y sobre todo para buscar vías concretas de salida de una crisis que es global, pero cuyo peso soportan mayormente los pobres”, quienes llegan incluso “a perder toda esperanza de una vida digna”.

Francisco dijo que la solidaridad con los pobres no se limita a repartir alimentos, “que puede quedarse sólo en un gesto ‘técnico’, más o menos eficaz, pero que se termina cuando se acaban los suministros destinados a tal fin”.

Explicó que compartir “quiere decir hacerse prójimo de todos los hombres, reconocer la común dignidad, estar atentos a sus necesidades y ayudarlos a remediarlas, con el mismo espíritu de amor que se vive en una familia”.

“Ese mismo amor nos lleva a preservar la creación como el bien común más precioso del que depende, no un abstracto futuro del planeta, sino la vida de la familia humana, a la que le ha sido confiada”.

El Papa también pidió cambiar los paradigmas de las políticas de ayuda y desarrollo, y modificar las reglas internacionales sobre producción y comercialización de los productos agrarios, para garantizar “a los países en los que la agricultura representa la base de su economía y supervivencia la autodeterminación de su mercado agrícola”.

“¿Hasta cuándo se seguirán defendiendo sistemas de producción y de consumo que excluyen a la mayor parte de la población mundial, incluso de las migajas que caen de las mesas de los ricos? Ha llegado el momento de pensar y decidir a partir de cada persona y comunidad, y no desde la situación de los mercados”, expresó Francisco.

“En consecuencia, debería cambiar también el modo de entender el trabajo, los objetivos y la actividad económica, la producción alimentaria y la protección del ambiente. Quizás ésta es la única posibilidad de construir un auténtico futuro de paz, que hoy se ve amenazado también por la inseguridad alimentaria”, señaló.

El Santo Padre invitó a los países e instituciones a interesarse por este enfoque “que deja ver una nueva idea de cooperación”.

“Por su parte, la Iglesia católica, a la vez que continúa su actividad caritativa en los diversos continentes, está dispuesta a ofrecer, iluminar y acompañar tanto la elaboración de políticas como su actuación concreta, consciente de que la fe se hace visible poniendo en práctica el proyecto de Dios para la familia humana y para el mundo, mediante una profunda y real fraternidad, que no es exclusiva de los cristianos, sino que incluye a todos los pueblos”, aseguró el Papa, que pidió a Dios bendecir a la FAO y a todos los que “dan lo mejor de sí para alimentar al mundo y cuidar el planeta en beneficio de todos”.

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