Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones – Viernes 27 de noviembre de 2015


Tiempo Litúrgico: Ordinario
Color: Verde

Santoral


Primera Lectura: Daniel 7, 2-14
"Vi venir en las nubes del cielo como un hijo de hombre"

Yo, Daniel, tuve una visión nocturna: los cuatro vientos del cielo agitaban el océano. Cuatro fieras gigantescas salieron del mar, las cuatro distintas. La primera era como un león con alas de águila; mientras yo miraba, le arrancaron las alas, la alzaron del suelo, la pusieron de pie como un hombre y le dieron mente humana. La segunda era como un oso medio erguido, con tres costillas en la boca, entre los dientes. Le dijeron: "¡Arriba! Come carne en abundancia." Después vi otra fiera como un leopardo, con cuatro alas de ave en el lomo y cuatro cabezas. Y le dieron el poder. 

Después tuve otra visión nocturna: una cuarta fiera, terrible, espantosa, fortísima; tenía grandes dientes de hierro, con los que comía y descuartizaba, y las sobras las pateaba con las pezuñas. Era diversa de las fieras anteriores, porque tenía diez cuernos. Miré atentamente los cuernos y vi que entre ellos salía otro cuerno pequeño; para hacerle sitio, arrancaron tres de los cuernos precedentes. Aquel cuerno tenía ojos humanos y una boca que profería insolencias. 

Durante la visión, vi que colocaban unos tronos, y un anciano de sentó; su vestido era blanco como nieve, su cabellera como lana limpísima; su trono, llamas de fuego; sus ruedas, llamaradas. Un río impetuoso de fuego brotaba delante de él. Miles y miles le servían, millones estaban a sus órdenes. Comenzó la sesión y se abrieron los libros. Yo seguí mirando, atraído por las insolencias que profería aquel cuerno; hasta que mataron a la fiera, la descuartizaron y la echaron al fuego. A las otras fieras les quitaron el poder, dejándolas vivas una temporada. 

Mientras miraba, en la visión nocturna vi venir en las nubes del cielo como un hijo de hombre, que se acercó al anciano y se presentó ante él. Le dieron poder real y dominio; todos los pueblos, naciones y lenguas lo respetarán. Su dominio es eterno y no pasa, su reino no tendrá fin.

Salmo Responsorial Daniel 3, 75-81
Ensalzadlo con himnos por los siglos. 
  • Montes y cumbres, bendecid al Señor.
  • Cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.
  • Manantiales, bendecid al Señor.
  • Mares y ríos, bendecid al Señor.
  • Cetáceos y peces, bendecid al Señor.
  • Aves del cielo, bendecid al Señor.
  • Fieras y ganados, bendecid al Señor.

Evangelio: Lucas 21, 29-33
"Cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios"

En aquel tiempo, puso Jesús una parábola a sus discípulos: "Fijaos en la higuera o en cualquier árbol: cuando echan brotes, os basta verlos para saber que el verano está cerca. Pues, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios. Os aseguro que antes que pase esta generación todo eso se cumplirá. El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán."

Reflexión sobre la Primera Lectura

La literatura apocalíptica se distingue por presentarnos la victoria de Dios sobre el mal y sobre el Maligno. 

Al terminar el año litúrgico esta lectura de Daniel nos recuerda que por más que parezca que es el mal el que va a triunfar, la victoria pertenece a Dios. La fuerza del mal y del Maligno muchas veces parecería ser más fuerte que la de Dios y su Espíritu: la guerra, la enfermedad, el dolor, la miseria y el hambre parecerían imponerse en nuestro mundo. 

Sin embargo, debemos continuamente recordar que Jesús nos dijo que él es nuestra victoria. Que estas palabras del Profeta nos ayuden no sólo a terminar un año más, sino a iniciar con nuevos bríos este año en el que con la ayuda de nuestro testimonio haremos ver al mundo que la paz y la justicia triunfarán y que la victoria pertenece sólo a Jesús, el Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

Al terminar nuestro ciclo litúrgico, la Iglesia nos trae a la memoria la palabra de Jesús: "El tiempo pasará pero mis palabras no pasarán". Han pasado casi dos mil años desde que Jesús anunció esto a sus discípulos y podemos ver cuán estable es la Palabra de Dios, pues todavía sigue siendo la luz de los corazones que se dejan iluminar por ella.

El Reino está realmente cerca, pero esta cercanía no se refiere únicamente a la cuestión cronológica, sino a la vecindad que hay entre éste y nosotros. Basta dejarse llenar de esta luz de Dios, luz que viene de la Revelación, para que se abra ante nosotros el panorama del Reino. 

Dios está con nosotros y nos acompañará hasta el final de los siglos. Estemos atentos a las manifestaciones de Dios en nuestra vida y dejemos que esta Palabra que no pasa, sea siempre nuestra fuente de sabiduría y manjar del corazón.

Oración

Señor, a ti sea la soberanía, la gloria y el reino, porque has vencido al Maligno con poder y autoridad y me has dado la victoria. Mientras viva, sólo a ti te serviré.

Acción

Haré un alto en mi camino para ver cuánto crecí espiritualmente durante este año litúrgico, y me fijaré metas para el siguiente ciclo que comienza.

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón. 
Como María, todo por Jesús y para Jesús. 

Pbro. Ernesto María Caro

Adaptado de:
Evangelización Activa
Verificado en:
Ordo Temporis 2015 Conferencia Episcopal de Costa Rica

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