Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones – Lunes 12 de setiembre de 2016.


Tiempo Litúrgico: Ordinario
   Color del día: Verde   

Santos del día:



Primera Lectura: 1° carta san Pablo a los corintios (11, 17-26)
Si hay divisiones entre ustedes, entonces ya no se reúnen
para celebrar la cena del Señor.

Hermanos: Con respecto a las reuniones de ustedes ciertamente no puedo alabarlas, porque les hacen más daño que provecho. En efecto, he sabido que, cuando se reúnen en asamblea, hay divisiones entre ustedes, y en parte lo creo. Es cierto que tiene que haber divisiones, para que se ponga de manifiesto quiénes tienen verdadera virtud.

De modo que, cuando se reúnen en común, ya no es para comer la cena del Señor, porque cada uno se adelanta a comer su propia cena, y mientras uno pasa hambre, el otro se embriaga. ¿Acaso no tienen su propia casa para comer y beber? ¿O es que desprecian a la asamblea de Dios y quieren avergonzar a los que son pobres? ¿Qué quieren que les diga? ¿Que los alabe? En esto no los alabo.

Porque yo recibí del Señor lo mismo que les he transmitido: que el Señor Jesús, la noche en que iba a ser entregado, tomó pan en sus manos, y pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: “Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía”.

Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: “Este cáliz es la nueva alianza que se sella con mi sangre. Hagan esto en memoria mía siempre que beban de él”.

Por eso, cada vez que ustedes comen de este pan y beben de este cáliz, proclaman la muerte del Señor, hasta que vuelva.

Reflexión sobre la Primera Lectura

Este texto es de particular importancia, primeramente porque es un testimonio de lo que la comunidad cristiana cree y vive, sobre todo con respecto a la Eucaristía. Podemos darnos cuenta que ya para el año 57 (fecha posible de la composición de la carta), después de más de 20 años de la resurrección de Jesús, la comunidad se reúne como Iglesia el primer día de la semana, es decir el domingo, para celebrar la Eucaristía. 

Por otro lado, nos presenta la corrección que el apóstol hace sobre el desorden a que se ha llegado en ella. Notamos que las Eucaristías, al principio del cristianismo, tenían una estructura diversa a las que celebramos hoy en día. Ésta se celebraba dentro de una cena en la que, al final, se proseguía con la consagración del pan y del vino. Esto dio pie para una serie de abusos que terminará por eliminar la cena, quedando sólo la eucaristía y la instrucción de los presbíteros. 

A poco más de 2000 años de distancia, notamos que si bien no se dan los abusos en el tomar y el comer, éstos son de otra índole. Algunos llegan tarde, otros se van temprano, no falta quien no deja de platicar y de programar el domingo con los amigos y las amigas, sin contar aquellos que no demuestran el más mínimo interés en la Eucaristía y asisten para estar como un objeto más o quienes ni siquiera se toman la molestia de asistir. San Pablo dice: “Esto es lo que yo recibí del Señor”. Que esta exhortación del Apóstol nos sirva para analizar nuestra actitud y la manera en la que participamos de la Eucaristía.

Salmo Responsorial (39, 7-8a. 8b-9. 10. 17)
R/ Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. 
  • Sacrificios y ofrendas no quisiste, abriste, en cambio, mis oídos a tu voz. No exigiste holocaustos por la culpa, así que dije: “Aquí estoy”. R. 
  • En tus libros se me ordena hacer tu voluntad; esto es, Señor, lo que deseo: tu ley en medio de mi corazón. R, 
  • He anunciado tu justicia en la gran asamblea; no he cerrado mis labios, tú lo sabes, Señor. R, 
  • Que se gocen en ti y que se alegren todos los que te buscan. Cuantos quieren de ti la salvación, repiten sin cesar: “¡Qué grande es Dios!” R.

† Lectura del santo Evangelio según san Lucas (7, 1-10)
Ni en Israel he hallado una fe tan grande.

En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de hablar a la gente, entró en Cafarnaúm. Había allí un oficial romano, que tenía enfermo y a punto de morir a un criado muy querido. Cuando le dijeron que Jesús estaba en la ciudad, le envió a algunos de los ancianos de los judíos para rogarle que viniera a curar a su criado. Ellos, al acercarse a Jesús, le rogaban encarecidamente, diciendo: “Merece que le concedas ese favor, pues quiere a nuestro pueblo y hasta nos ha construido una sinagoga”. Jesús se puso en marcha con ellos.

Cuando ya estaba cerca de la casa, el oficial romano envió unos amigos a decirle: “Señor, no te molestes, porque yo no soy digno de que tú entres en mi casa; por eso ni siquiera me atreví a ir personalmente a verte. Basta con que digas una sola palabra y mi criado quedará sano. Porque yo, aunque soy un subalterno, tengo soldados bajo mis órdenes y le digo a uno: ‘¡Ve!’, y va; a otro: ‘¡Ven!’, y viene; y a mi criado: ‘¡Haz esto!’, y lo hace”.

Al oír esto, Jesús quedó lleno de admiración, y volviéndose hacia la gente que lo seguía, dijo: “Yo les aseguro que ni en Israel he hallado una fe tan grande”. Los enviados regresaron a la casa y encontraron al criado perfectamente sano.

Reflexión sobre el Evangelio

En este pasaje de Jesús, podemos ver la conjugación de dos elementos que son fundamentales en la vida espiritual: la fe y la intercesión. Quisiera destacar hoy la importancia de los amigos en la vida espiritual.

Ya en el pasaje del paralítico que fue llevado en camilla por unos amigos, podemos ver lo importante que es tener buenos amigos en nuestra vida de fe, pues muchas veces, como en estos dos casos, ellos son el medio para que Dios se manifieste con poder en nuestra vida o en la vida de nuestros seres queridos. Un buen amigo siempre estará dispuesto a orar por ti, a interceder por tus necesidades, es más, a orar contigo. Un buen amigo sabrá presentar tus necesidades al Señor como si fueras tú mismo, pues te ama y tus problemas son sus problemas. Por ello dice el libro del Eclesiástico que "quien encuentra un amigo encuentra un tesoro".

Valora a tus amigos y busca acrecentar su número, ellos pueden ser el instrumento para que la bendición de Dios llegue a tu vida y a la de tu familia.

Oración

Señor, lléname de tu Espíritu para entender la maravilla que significa que conviertas un trozo de pan y un poco de vino en Ti mismo. Abre mis ojos Jesús ante este milagro que va mucho más allá de la razón, para que de ese modo, en cada ocasión en que voy a misa a celebrar ese gran misterio, le dé la importancia que merece.

Acción

Hoy haré los arreglos necesarios en mi agenda, con mi familia y un compromiso personal para no volver a llegar tarde o faltar a misa.

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón. 
Como María, todo por Jesús y para Jesús. 

Pbro. Ernesto María Caro

Adaptado de:
Evangelización Activa, La Misa de Cada Día (CECOR), Catholic.net, ACI Prensa
Verificado en:
Ordo Temporis 2016, Conferencia Episcopal de Costa Rica

Nota destacada de la semana anterior

Catequesis del Papa Francisco sobre la Eucaristía como encuentro con Dios