Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones – Jueves 5 de octubre de 2017


Tiempo Litúrgico: Ordinario
   Color del día: Verde   

Santa del día:


          Primera Lectura
Lectura del libro de Nehemías
(8, 1-4. 5-6. 8-12)
Esdras abrió el libro de la ley, bendijo al
Señor y todos respondieron: ¡Amén!

En aquellos días, todo el pueblo, como si fuera un solo hombre, se reunió en la plaza que está ante la puerta del Agua y pidió a Esdras, el sacerdote y escriba, que trajera el libro de la ley de Moisés, que el Señor había prescrito a Israel. Esdras, el sacerdote, trajo el libro de la ley ante la asamblea, formada por los hombres, las mujeres y todos los que tenían uso de razón.

Era el día primero del mes séptimo y Esdras leyó desde el amanecer hasta el mediodía en la plaza que está frente a la puerta del Agua, en presencia de los hombres, mujeres y todos los que tenían uso de razón. Todo el pueblo estaba atento a la lectura del libro de la ley. 

Esdras estaba de pie sobre un estrado de madera, levantado para esta ocasión. Esdras abrió el libro a la vista del pueblo, pues estaba en un sitio más alto que todos, y cuando lo abrió, el pueblo entero se puso de pie. Esdras bendijo entonces al Señor, el gran Dios, y todo el pueblo, levantando las manos, respondió: “¡Amén!”, e inclinándose, se postraron rostro en tierra. Los levitas leían el libro de la ley de Dios con claridad y explicaban el sentido, de suerte que el pueblo comprendía la lectura.

Entonces Nehemías, el gobernador, Esdras, el sacerdote y escriba, y los levitas que instruían a la gente, dijeron a todo el pueblo: “Este es un día consagrado al Señor, nuestro Dios. No estén ustedes tristes ni lloren (porque todos lloraban al escuchar las palabras de la ley). Vayan a comer espléndidamente, tomen bebidas dulces y manden algo a los que nada tienen, pues hoy es un día consagrado al Señor, nuestro Dios. No estén tristes, porque celebrar al Señor es nuestra fuerza”.

Y los levitas consolaban al pueblo, diciéndole: “No lloren, porque este día es santo. No estén tristes”. Y el pueblo entero se fue a comer y a beber, mandó comida a los que no tenían nada e hizo grandes festejos, porque habían comprendido las cosas que les habían enseñado.

Reflexión sobre la Primera Lectura

La lectura de este pasaje de la Escritura trae a nuestras mentes inmediatamente la celebración de la Eucaristía. Podemos ver, por un lado, el llanto que emerge del pueblo al comprender que no han vivido conforme a la Ley, pero al mismo tiempo el júbilo y la fiesta que emerge de la celebración de Dios. Nuestras Eucaristías repiten esta celebración, incluso la plenifican, pues no solo está presente la Palabra de Dios, sino que Dios mismo se hace presente en las especies Eucarísticas. 

Es, pues, importante que la Palabra de Dios toque nuestros corazones y confronte nuestra vida con el mensaje de Dios; no basta oírla sino que es necesario escucharla con el corazón. Al mismo tiempo nos recuerda que el domingo es un día consagrado a Dios, es el día de participar de la Asamblea Litúrgica y gozarnos en ella. 

Pero es también el día para compartir con los demás nuestra alegría cristiana, especialmente con los de nuestra propia familia. No permitamos que nuestro mundo dividido y activista nos separe de la comunidad eclesial y mucho menos de la vida familiar. Busquemos que al menos el domingo sea un día verdaderamente consagrado al Señor y vivido en familia.

Salmo responsorial (Sal 18, 8. 9. 10. 11)
R/  Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna. 
  • La ley del Señor es perfecta del todo y reconforta el alma; inmutables son las palabras del Señor y hacen sabio al sencillo. R. 
  • En los mandamientos del Señor hay rectitud y alegría para el corazón; son luz los preceptos del Señor para alumbrar el camino. R. 
  • La voluntad de Dios es santa y para siempre estable; los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos. R. 
  • Más deseables que el oro y las piedras preciosas las normas del Señor, y más dulces que la miel de un panal que gotea. R.

† Lectura del santo Evangelio
según san Lucas (10, 1-12)
Su deseo de paz se cumplirá.

En aquel tiempo, designó el Señor a otros setenta y dos discípulos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares a donde pensaba ir, y les dijo: “La cosecha es mucha y los trabajadores pocos. Rueguen, por tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos. 

Pónganse en camino; los envío como corderos en medio de lobos. No lleven ni dinero, ni morral, ni sandalias y no se detengan a saludar a nadie por el camino. Cuando entren en una casa, digan: ‘Que la paz reine en esta casa’. Y si allí hay gente amante de la paz, el deseo de paz de ustedes se cumplirá; si no, no se cumplirá. 

Quédense en esa casa. Coman y beban de lo que tengan, porque el trabajador tiene derecho a su salario. No anden de casa en casa. En cualquier ciudad donde entren y los reciban, coman lo que les den. Curen a los enfermos que haya y díganles: ‘Ya se acerca a ustedes el Reino de Dios’.

Pero si entran en una ciudad y no los reciben, salgan por las calles y digan: ‘Hasta el polvo de esta ciudad que se nos ha pegado a los pies nos lo sacudimos, en señal de protesta contra ustedes. De todos modos, sepan que el Reino de Dios está cerca’. Yo les digo que en el día del juicio, Sodoma será tratada con menos rigor que esa ciudad”.

Reflexión sobre el Evangelio

Cuando levantamos los ojos y vemos un mundo consumido por el egoísmo, un mundo que se destruye a sí mismo con guerras, injusticia y vicios, en fin, cuando vemos que aún el mensaje del Evangelio no penetra nuestros corazones ni las estructuras del mundo, podemos comprender que efectivamente la mies es mucha y los obreros pocos. 

Y no es que el Señor haya desatendido la oración de la Iglesia, sino más bien, que pocos son los que han respondido a la invitación. No pensemos solamente en las vocaciones religiosas (sacerdotes y religiosas), pensemos en que cada uno de nosotros, por el bautismo, nos hemos convertido en discípulos del Señor, en hombres y mujeres comprometidos a testificar nuestra fe. Si cada uno de los bautizados tomara en serio su papel, en la Iglesia se multiplicarían las manos, y el trabajo sería mucho más fácil. Se podría llegar a donde hasta ahora el Evangelio no ha llegado. 

Jesús llama a cada uno de nosotros, seamos casados, solteros o religiosos consagrados, a participar activamente en la evangelización. Tomemos con celo este llamado y desde nuestra vocación particular hagamos cuanto esté de nuestra parte para que el Evangelio impregne todas las estructuras de nuestra sociedad, para que Cristo sea verdaderamente el Señor de todos los corazones. Tú puedes hacer algo. ¡Decídete!

Oración

Gracias, Señor, por la maravilla de tu Palabra, llámame a ella, que su sabiduría me escudriñe al punto de las lágrimas. Muéstrame a través de ella lo que debo hacer y cómo agradarte más y mejor cada día de mi vida.

Acción

Hoy platicaré en familia y planearemos cómo aprovechar mejor el domingo y cómo darle más al Señor.

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón. 
Como María, todo por Jesús y para Jesús. 

Pbro. Ernesto María Caro

Adaptado de:
Evangelización Activa, La Misa de Cada Día (CECOR), Catholic.net, ACI Prensa
Verificado en:
Ordo Temporis Ciclo A - 2017, Conferencia Episcopal de Costa Rica

Nota destacada de la semana anterior

8 cosas que necesitas saber sobre la Inmaculada Concepción