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Catequesis del Papa sobre el fundamento de la Iglesia en su dimensión jerárquica. Iniciativa en favor de los niños no nacidos [video]

Catequesis del Papa León XIV   (@Vatican Media en Vatican News)

25 de marzo de 2026
Por Papa León XIV | ACI Prensa

El Papa continuó con su ciclo de catequesis sobre los documentos del Concilio Vaticano II y centró su reflexión en el tema: "Constitución dogmática Lumen gentium. Sobre el fundamento de los Apóstoles. La Iglesia en su dimensión jerárquica (Lectura: Ef 2,19-20)".

Lea aquí las reflexiones del Pontífice durante la Audiencia General de este miércoles.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!

Continuamos con las catequesis sobre los documentos del Concilio Vaticano II, comentando la Constitución dogmática Lumen Gentium sobre la Iglesia (LG). Después de haberla presentado como pueblo de Dios, hoy consideraremos su forma jerárquica.

La Iglesia Católica encuentra su fundamento en los apóstoles, que Cristo quiso como columnas vivas de su Cuerpo místico; y posee una dimensión jerárquica que obra al servicio de la unidad, de la misión y de la santificación de todos sus miembros.

Este Orden sacro está permanentemente fundado sobre los apóstoles (cfr. Ef 2,20; Ap 21,14) en cuanto testigos autorizados de la resurrección de Jesús (cfr At 1,22; 1Cor 15,7) y enviados por el Señor mismo en misión al mundo (cfr. Mc 16,15; Mt 28,19).

Como los apóstoles están llamados a custodiar fielmente las enseñanzas salvíficas del Maestro (cfr. 2Tm 1,13-14), transmiten su ministerio a hombres que, hasta el retorno de Cristo, siguen santificando, guiando e instruyendo la Iglesia «gracias a aquellos que les suceden en su ministerio pastoral» (CIC, n. 857).

El capítulo III de la Lumen Gentium, titulado Constitución jerárquica de la iglesia, y particularmente del episcopado, profundiza en esta sucesión apostólica fundada en el Evangelio y en la Tradición. El Concilio enseña que la estructura jerárquica no es una construcción humana que sirve para la organización interna de la Iglesia como cuerpo social (cfr. LG, 8), sino que es una institución divina que tiene como finalidad perpetuar hasta el final de los tiempos la misión que Cristo dio a los apóstoles.

El hecho de que esta temática se afronte en el capítulo III, después de que en los dos primeros se ha contemplado la esencia verdadera y propia de la Iglesia (cfr. Acta Synodalia III/1, 209-210), no implica que la constitución jerárquica sea un elemento sucesivo respecto al pueblo de Dios: como nota el Decreto Ad gentes, «los Apóstoles fueron los gérmenes del nuevo Israel y, al mismo tiempo, origen de la sagrada Jerarquía» (n. 5), en cuanto comunidad de los redimidos por la Pascua de Cristo, establecida como medio de salvación para el mundo.

Un momento de la audiencia general   (@Vatican Media en Vatican News)

Para captar la intención del Concilio, es oportuno leer bien el título del capítulo III de Lumen gentium, que explicita la estructura fundamental de la Iglesia, recibida de Dios Padre mediante el Hijo y llevada a cumplimiento con la efusión del Espíritu Santo. Los Padres conciliares no quisieron presentar los elementos institucionales de la Iglesia, como podría dar a entender el sustantivo “constitución” si se entiende en el sentido moderno.

El documento se concentra, en cambio, en el «sacerdocio ministerial o jerárquico», que difiere «esencialmente y no sólo en grado» del sacerdocio común de los fieles, y recuerda que «se ordenan el uno al otro, pues ambos participan a su manera del único sacerdocio de Cristo» (LG, 10).

Así, el Concilio trata el ministerio que se transmite a hombres que son investidos de sacra potestas (cfr. LG, 18) para el servicio en la Iglesia: se detiene, especialmente, en el episcopado (LG, 18-27), y luego en el presbiterado (LG, 28) y el diaconado (LG, 29) como grados del único sacramento del Orden.

Con el adjetivo “jerárquica”, por tanto, el Concilio quiere indicar el origen sacro del ministerio apostólico en la acción de Jesús, Buen Pastor, así como sus relaciones internas. Los obispos, ante todo, y, a través de ellos, los presbíteros y los diáconos, han recibido encargos (en latín, munera) que los llevan a estar al servicio de «todos cuantos pertenecen al Pueblo de Dios» para que «tendiendo libre y ordenadamente a un mismo fin, alcancen la salvación» (LG, 18).

La Lumen gentium recuerda varias veces y de manera eficaz el carácter colegial y de comunión de esta misión apostólica, reafirmando que «el encargo que el Señor confió a los pastores de su pueblo es un verdadero servicio, que en la Sagrada Escritura se llama con toda propiedad diaconía, o sea ministerio» (LG, 24).

Se comprende entonces por qué San Pablo VI presentó la jerarquía como realidad «nacida de la caridad de Cristo para realizar, difundir y garantizar la transmisión intacta y fecunda del tesoro de fe, del ejemplo, de preceptos, de carismas, dejado por Cristo a su Iglesia» (Disc. 14 de sept. de 1964, en Acta Synodalia III/1, 147).

Queridas hermanas y queridos hermanos, pidamos al Señor que mande a su Iglesia ministros que sean ardientes en la caridad evangélica, estén entregados al bien de todos los bautizados y sean misioneros valientes en todos los lugares del mundo.

Catequesis del Papa León XIV   (ANSA en Vatican News)

El Papa León XIV bendice una iniciativa pastoral polaca en favor de los niños no nacidos en peligro de aborto

El Papa León XIV subrayó la necesidad de promover iniciativas en defensa de la vida humana, especialmente en un contexto internacional marcado por conflictos y guerras, al tiempo que puso en valor una iniciativa pastoral polaca en favor de los niños no nacidos en peligro de aborto.

El Pontífice recordó que este miércoles se celebra en Polonia el Día de la Santidad de la Vida, que fue instituida en respuesta al llamado de San Juan Pablo II en su encíclica Evangelium vitae (1995) para promover el respeto por la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural.

“Realmente necesitamos iniciativas como la de la adopción espiritual de un niño concebido, que se pone en marcha precisamente hoy, en una época marcada por la locura de la guerra”, afirmó el Pontífice durante la Audiencia General de este miércoles.

Desde la concepción hasta la muerte natural

En este sentido, reiteró la importancia de una defensa integral de la vida humana: “Es importante defender la vida desde la concepción hasta su fin natural”.

El Papa destacó así la práctica de la adopción espiritual, una iniciativa de carácter pastoral que coincide con la Solemnidad de la Anunciación y que invita a los fieles a comprometerse mediante la oración por un niño por nacer.

Esta iniciativa, nacida en 1987 en la iglesia del Espíritu Santo de Varsovia, bajo el impulso de los Padres Paulinos, propone un compromiso de oración de nueve meses que concluye simbólicamente el 25 de diciembre.

Durante este periodo, los participantes se comprometen a rezar diariamente por un bebé en peligro de no nacer, cuyo nombre solo Dios conoce, acompañando espiritualmente su proceso de gestación hasta la Navidad.

El epicentro de esta movilización espiritual se sitúa en el Santuario de Jasna Góra en Częstochowa, donde los fieles formalizan su promesa de rezar una decena del rosario y una oración especial por la protección de la vida y el fortalecimiento de los padres.

En paralelo, la Iglesia en Polonia impulsa iniciativas de ayuda para mujeres embarazadas y programas educativos sobre el desarrollo prenatal.

Audiencia General 25 de marzo de 2026 - Catequesis Papa León XIV. Crédito: Vatican News - Español

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