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Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Lunes, 1 de junio de 2026.


Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana IX.
   Color del día: Rojo.  

Memoria obligatoria: San Justino, mártir.

Antífona de entrada
Cf. Sal 118, 85. 46

Los soberbios me tendieron trampas, y no hicieron caso de tu ley. Hablaré de tus preceptos ante los poderosos y no me avergonzaré.

Oración colecta

Dios nuestro, que por la locura de la cruz enseñaste admirablemente al mártir san Justino la incomparable sabiduría de Jesucristo, concédenos, por su intercesión, que, rechazando los engaños del error, obtengamos la firmeza de la fe. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Se nos han concedido las preciosas
promesas, para que, por medio de ellas,
seáis partícipes de la naturaleza divina

Lectura de la 2ª carta del
apóstol san Pedro 1, 2-7

Queridos hermanos:

A vosotros gracia y paz abundantes por el conocimiento de Dios y de Jesús nuestro Señor.

Pues su poder divino nos ha concedido todo lo que conduce a la vida y a la piedad, mediante el conocimiento del que nos ha llamado con su propia gloria y potencia, con las cuales se nos han concedido las preciosas y sublimes promesas, para que, por medio de ellas, seáis partícipes de la naturaleza divina, escapando de la corrupción que reina en el mundo por la ambición, en vista de ello, poned todo empeño en añadir a vuestra fe la virtud, a la virtud el conocimiento, al conocimiento la templanza, a la templanza la paciencia, a la paciencia la piedad, a la piedad el cariño fraterno, y al cariño fraterno el amor.

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

Parecería extraño pero hay mucha gente que dice: Yo no puedo ser santo, o piensa que la santidad es algo que está referido sólo a un grupo de elegidos de entre los cristianos, gentes con dones sobrenaturales o incluso místicos.

Sin embargo, el apóstol Pedro en el inicio de su carta nos hace ver que esto no es verdad, y que todos, absolutamente todos no únicamente estamos llamados a la santidad, sino que incluso podemos y debemos ser santos, ya que "Dios nos ha otorgado todo lo necesario para llevar una vida de santidad". 

De manera que Dios nos ha dado todo lo necesario para alcanzar la santidad. Es ahora importante que nos convenzamos de esto, y que nos lancemos a la gran aventura de vivir santamente, es decir, de acuerdo al Evangelio.

Haz la prueba hoy, y verás que no es difícil, pues Dios mismo trabaja con nosotros para que lo logremos.

Salmo responsorial
Sal 90, 1-2. 14-15ab. 15c-16

R. Dios mío, confío en ti.
  • Tú que habitas al amparo del Altísimo, que vives a la sombra del Omnipotente, di al Señor: «Refugio mío, alcázar mío, Dios mío, confío en ti» R.
  • «Se puso junto a mí: lo libraré; lo protegeré porque conoce mi nombre, me invocará y lo escucharé. Con él estaré en la tribulación» R.
  • «Lo defenderé, lo glorificaré, lo saciaré de largos días y le haré ver mi salvación» R.

Aclamación antes del Evangelio
Cf. Ap 1, 5

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Jesucristo, eres el testigo fiel, el primogénito de entre los muertos; nos amaste y nos has librado de nuestros pecados con tu sangre. R.

EVANGELIO
Agarrando al hijo amado, lo mataron
y lo arrojaron fuera de la viña

Lectura del santo Evangelio
según san Marcos 12, 1-12

En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes, a los escribas y a los ancianos:

«Un hombre plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos. A su tiempo, envió un criado a los labradores, para percibir su tanto del fruto de la viña. Ellos lo agarraron, lo azotaron y lo despidieron con las manos vacías.

Les envió de nuevo otro criado; a éste lo descalabraron e insultaron. Envió a otro y lo mataron; y a otros muchos, a los que azotaron o los mataron.

Le quedaba uno, su hijo amado. Y lo envió el último, pensando “Respetarán a mi hijo”.

Pero los labradores se dijeron:

«Éste es el heredero. Venga, lo matamos, y será nuestra la herencia».

Y, agarrándolo, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña.

¿Qué hará el dueño de la viña? Vendrá, hará perecer a los labradores y arrendará la viña a otros.

¿No habéis leído aquel texto de la Escritura: «La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente»?».

Intentaron echarle mano, porque comprendieron que había dicho la parábola por ellos; pero temieron a la gente, y, dejándolo allí, se marcharon.

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

Familia, hoy en el Evangelio Cristo cuenta una parábola para hacer una acusación, escuchamos que en la parábola Cristo menciona un hombre que plantó una viña, la cuidó, la protegió y la confió, pero cuando llegó el momento de pedir sus frutos y envió a sus criados, e incluso a su hijo, estos últimos fueron golpeados o asesinados. 

Hoy la parábola ya no solo se refiere al pueblo de Israel y a su desprecio a los profetas y a Jesucristo; esta es la historia humana, es la historia de cada uno de nosotros: Dios envía constantemente su Palabra, su gracia, sus inspiraciones, llamadas concretas, ya sea directamente a la propia conciencia o por mediación de alguien; por medio de una corrección o una incomodidad, una verdad que nos confronta; pero muchas veces las rechazamos no por ignorancia, sino porque nos estorba. 

Fíjense, el punto más duro del Evangelio no es que maten al Hijo, sino que ellos, sabiendo quién es, deciden rechazarlo y matarlo. Ese es el drama y a lo que nos orilla el pecado. No siempre es debilidad, muchas veces es resistencia consciente a Dios, y sin embargo, Dios no responde retirándose, sino llevando todo hasta el extremo. 

El Hijo rechazado se convierte en piedra angular; lo que el hombre destruye, Dios lo convierte en salvación. El Catecismo lo expresa con claridad al hablar del misterio del rechazo de Cristo: ‘Dios permite el mal para sacar un bien mayor’. 

Antífona de comunión
1 Cor 2, 2

Nunca me precié de otra cosa, cuando estuve entre ustedes, que de conocer a Jesucristo, y a éste crucificado.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Oración después de la comunión

Fortalecidos, Señor, con el alimento celestial, te suplicamos humildemente que, siguiendo las enseñanzas de san Justino, mártir, perseveremos siempre en acción de gracias por los dones recibidos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración

Señor, no sé si alguna vez te lo he dicho tan explícitamente, pero hoy lo hago: Quiero ser santo; quiero asemejarme tanto a ti que me gustaría, al mirarme al espejo, sentir tu presencia y saber que vives realmente dentro de mí y que yo no estorbo para que te muestres a los demás.

Señor, dame de tu santidad, pues sé muy bien que no es algo meritorio sino por gracia, es por eso que me abro a tu fluir maravilloso para que sea desbordado de ti y que así ese fluir no acabe.

Acción

Hoy me repetiré constantemente en el día "Quiero ser como Jesús". Lo haré tantas veces que incluso cuando me vaya a dormir sueñe con esa bella intención "Quiero ser como Jesús".

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).