Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Miércoles, 29 de julio de 2026.


Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XVII.
   Color del día: Blanco.  

Memoria obligatoria: Santos Marta, María y Lázaro.

Memoria libre: San Olaf II, el Grande.

Antífona de entrada
Lc 10, 38

Entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa.

Oración colecta

Oh, Dios, tu Hijo llamó a Lázaro del sepulcro a la vida, y se dignó hospedarse en casa de Marta, haz que, sirviéndole a él fielmente en nuestros hermanos, merezcamos, con María, ser alimentados con la meditación de su palabra. Él, que vive y reina contigo.

PRIMERA LECTURA
¿Por qué se ha hecho crónica mi llaga?
Si vuelves, estarás a mi servicio

Lectura del libro de
Jeremías 15, 10. 16-21

¡Ay de mí, madre mía, me has engendrado para discutir y pleitear por todo el país!

Ni he prestado ni me han prestado, en cambio, todos me maldicen.

Si encontraba tus palabras, las devoraba: tus palabras me servían de gozo, eran la alegría de mi corazón, y tu nombre era invocado sobre mí, Señor Dios del universo.

No me junté con la gente amiga de la juerga y el disfrute; me forzaste a vivir en soledad, pues me habías llenado de tu ira.

¿Por qué se ha hecho crónica mi llaga, enconada e incurable mi herida?

Te has vuelto para mi arroyo engañoso de aguas inconstantes.

Entonces respondió el Señor: «Si vuelves, te dejaré volver, y así estarás a mi servicio; si separas la escoria del metal, yo hablaré por tu boca.

Ellos volverán a ti, pero tú no vuelvas a ellos.

Haré de ti frente al pueblo muralla de bronce inexpugnable: lucharán contra ti, pero no te podrán, porque yo estoy contigo para librarte y salvarte – oráculo del Señor -.

Te libraré de manos de los malvados, te rescataré del puño de los violentos».

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

Los caminos por los que Dios hace pasar a sus elegidos, son siempre inciertos y muchas veces contradictorios. Al oír la queja de Jeremías, nos viene a la mente las palabras de Jesús en la Cruz: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?". ¿Por qué un hombre que sólo ha buscado hacer el bien puede llegar a sentirse desolado y abandonado por Dios y por los hombres?

Esta pregunta no encuentra una fácil explicación, pues nos injerta en el misterio salvífico de Dios. El profeta, al ver que no le hace caso el pueblo y que se vuelca contra él, siente la ausencia de Dios, y como Jesús pregunta, ¿dónde estás? ¿fuiste Tú quien me envió? ¡Respóndeme! Y Dios, el Dios siempre fiel, le responde: "Todo esto lo he hecho para purificarte, para que se separe el metal bueno del malo".

Dios, nos pone en el crisol para probar nuestra fidelidad y nuestro amor, para integrarnos a su misterio, por eso, cuando te veas asaltado por la maldad de los demás, sobre todo por haber sido testigo del Evangelio; cuando por ello te persigan, alégrate y salta de contento, pues Dios te ha considerado digno de ser su profeta, y tu recompensa será inmensa.

Cuando estés en la prueba, no desfallezcas, purifica tu corazón y deja que Dios sea quien conduzca tu vida.

Salmo responsorial
Sal 58, 2-3. 4-5a. 10-11. 17. 18

R. Dios es mi refugio en el peligro.
  • Líbrame de mi enemigo, Dios mío; protégeme de mis agresores, líbrame de los malhechores, sálvame de los hombres sanguinarios. R.
  • Mira que me están acechando, y me acosan los poderosos: sin que yo haya pecado ni faltado, Señor. R.
  • Por ti velo, fortaleza mía, que mi alcázar es Dios. Que tu favor se me adelante, Dios mío, y me haga ver la derrota de mi enemigo. R.
  • Pero yo cantaré tu fuerza, por la mañana proclamaré tu misericordia; porque has sido mi alcázar y mi refugio en el peligro. R.
  • Y tañeré en tu honor, fuerza mía, porque tú, oh Dios, eres mi alcázar, Dios mío, misericordia mía. R.

Aclamación antes del Evangelio

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Yo soy la luz del mundo – dice el Señor -; el que me sigue tendrá la luz de la vida. R.

EVANGELIO
Creo que tú eres el Cristo,
el Hijo de Dios

Lectura del santo Evangelio
según san Juan 11, 19-27

En aquel tiempo, muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María para darles el pésame por su hermano.

Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedó en casa. Y dijo Marta a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá».

Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará».

Marta respondió: «Sé que resucitará en la resurrección en el último día».

Jesús le dijo: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?».

Ella le contestó: «Sí, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo».

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

El Evangelio de hoy nos sitúa en Betania, en una casa herida por la muerte. Lázaro ha muerto y Marta sale al encuentro de Jesús con una frase profundamente humana: ‘Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano’. Marta cree, pero su fe todavía está mezclada con la herida. Es el dolor hablando delante de Dios con la pregunta y con ese sentimiento que muchas veces también nosotros tenemos, Señor, ¿por qué no llegaste antes? 

Y Jesús no le responde explicando el misterio del sufrimiento, le da algo más grande. Se da a sí mismo. Le dice: ‘Yo soy la resurrección y la vida’. No dice solamente yo puedo resucitar, ni yo traeré vida algún día, dice ‘Yo soy’. Es decir, la resurrección no es primero una idea, una doctrina, una esperanza escatológica o un consuelo psicológico. La resurrección es una persona. 

La vida eterna no empieza simplemente después de morir, empieza cuando Cristo entra en nuestra vida, en nuestra historia. Marta creía en la resurrección final, pero Jesús la lleva más lejos; le está diciendo, Marta, no basta creer que Dios hará algo al final de los tiempos, tienes que creer que Dios está actuando ahora delante de ti, en mí. 

Esa es la fe cristiana, no creer solamente en algo, sino creer en Alguien. Por eso Jesús le pregunta ‘¿Crees esto?’ Esa pregunta no es solo para Marta, es para todos nosotros, porque todos tenemos algún Lázaro o algo muerto, algo perdido, algo herido, algo que parece encerrado en un sepulcro.

Y Cristo no nos pide negar el dolor. Incluso sabemos que Él también llora, pero nos pide dejarlo entrar allí donde nosotros ya no vemos salida. El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que ‘Jesús vincula la fe en la resurrección a su propia persona. ‘Yo soy la resurrección y la vida’, y que Él resucitará en el último día a quienes hayan creído en Él y hayan comido su cuerpo y bebido su sangre’. 

Por eso hoy el Evangelio no nos dice simplemente que la muerte será vencida algún día. Nos dice algo mucho más fuerte, que Cristo ya está delante de la muerte y la muerte no tiene la última palabra. La última palabra siempre la tendrá Él. Y quien se une a Cristo, aunque pase por la muerte, vive. 

Antífona de comunión
Cf. Jn 11, 27

Dijo Marta a Jesús: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo, el que tenía que venir al mundo.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Oración después de la comunión

Señor, que la santa comunión del Cuerpo y la Sangre de tu Unigénito nos aparte de todas las cosas perecederas, para que, a ejemplo de los santos Marta, María y Lázaro, podamos servirte en la tierra con amor sincero y gozar eternamente de tu contemplación en el cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración

Señor, purifícame, separa en mí la escoria de la maldad, la rebeldía, el pecado, y deja sólo el metal precioso de tu libertad, tu alegría, la confianza plena en ti y el amor. Yo, por mi parte, sigo ratificándote que te pertenezco y donde me envíes yo iré.

Acción

Hoy meditaré en los momentos difíciles de mi vida, y le daré gracias a Dios, consciente de que a través de ellos él me ha formado y me ha purificado.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).