Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XI - Feria.
Color del día: Verde.
Memoria libre: San Alberto Chmielowski, religioso y fundador.
Antífona de entrada
Sal 26, 7. 9
Escúchame, Señor, que te llamo. Tú eres mi auxilio; no me deseches, no me abandones, Dios de mi salvación.
Oración colecta
Oh, Dios, fuerza de los que en ti esperan, escucha con bondad nuestras súplicas y, pues sin ti nada puede la fragilidad de nuestra naturaleza, concédenos siempre la ayuda de tu gracia, para que, al poner en práctica tus mandamientos, te agradecemos con nuestros deseos y acciones. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
De pronto, un carro de fuego los separó,
y subió Elías al ciclo
Lectura del segundo libro
de los Reyes 2. 1. 6-14
Cuando el Señor iba a arrebatar a Elías al cielo en la tempestad Elías y Elíseo partieron de Guilgal.
Llegaron a Jericó, y Elías dijo a Elíseo: «Quédate aquí, porque el Señor me envía solo al Jordán».
Eliseo volvió a responder: «¡Vive Dios! ¡Por tu vida, no te dejaré!»; y los dos continuaron el camino.
Cincuenta hombres de la comunidad de los profetas iban también de camino y se pararon frente al río Jordán, a cierta distancia de Elías y Eliseo, los cuales se detuvieron a la vera del Jordán. Elías se quitó el manto, lo enrolló y golpeó con él las aguas. Se separaron estas a un lado y a otro, y pasaron ambos sobre terreno seco.
Mientras cruzaban, dijo Elías a Elíseo: «Pídeme lo que quieras que haga por ti antes de que sea arrebatado de tu lado».
Eliseo respondió: «Por favor, que yo reciba dos partes de tu espíritu».
Respondió Elías: «Pides algo difícil, pero si alcanzas a verme cuando sea arrebatado de tu lado, pasarán a ti; si no, no pasarán».
Mientras ellos iban conversando por el camino, de pronto, un carro de fuego con caballos de fuego los separó a uno del otro. Subió Elías al cielo en la tempestad.
Eliseo lo veía y clamaba: «¡Padre mío, padre mío! ¡Carros y caballería de Israel!».
Al dejar de verlo, agarró sus vestidos y los desgarró en dos. Recogió el manto que había caído de los hombros de Elías, volvió al Jordán y se detuvo a la orilla. Tomó el manto que había caído de los hombros de Elías y golpeó con él las aguas, pero no se separaron.
Dijo entonces: «¿Dónde está el Señor, el Dios de Elías?».
Golpeó otra vez las aguas, que se separaron a un lado y a otro, y pasó Eliseo sobre terreno seco.
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
Este relato de la sucesión de los profetas, envuelta en una serie de elementos misteriosos, nos muestra la esencia del auténtico profetismo de Israel del cual valdría destacar algunos elementos ya que éstos han de estar aún presentes en los auténticos profetas modernos.
Lo primero que destacamos es que los profetas aunque escogidos por Dios, han de ser "confirmados" por el profeta que ya ha dado pruebas contundentes de ser un AUTÉNTICO profeta.
Este signo lo vemos representado en el "manto de Elías", el cual es ahora transferido a Eliseo como signo visible de esta elección de Dios y que de la misma forma que Dios había estado con Elías ahora lo estará con Eliseo. Un segundo signo, y quizás el más importante, es el hecho de que Dios confirma con signos prodigiosos el profetismo de aquél a quien escoge.
Elías, como signo final de su profetismo golpea el Jordán y se abrieron las aguas; Eliseo hace lo mismo y Dios lo confirma delante de los otros profetas, como el sucesor de Elías, como el profeta ungido con poder.
Por eso dice la Escritura que el profeta verdadero sólo se acredita cuando se cumple aquello que ha profetizado. No se dejen, pues, engañar con todos estos falsos profetas modernos que pretenden gobernar nuestra vida y dirigir nuestro camino. Busquemos a los que han sido llamados y acreditados por Dios.
Salmo responsorial
Sal 30, 20. 21. 24
R. Sed valientes de corazón,
los que esperáis en el Señor.
- Qué bondad tan grande, Señor, reservas para tus fieles, y concedes a los que a ti se acogen a la vista de todos. R.
- En el asilo de tu presencia los escondes de las conjuras humanas; los ocultas de tu tabernáculo, frente a las lenguas pendencieras. R.
- Amad al Señor, fieles suyos; el Señor guarda a sus leales, y a los soberbios les paga con creces. R.
Aclamación antes del Evangelio
Cf. Jn 14, 23
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
El que me ama guardará mi palabra – dice el Señor -, y mi Padre lo amará, y vendremos a él. R.
EVANGELIO
Tu Padre, que ve en lo escondido,
te recompensará
Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 6, 1-6- 16-18
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tenéis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no mandes tocar la trompeta ante ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles para ser honrados por la gente; en verdad os digo que ya han recibido su recompensa.
Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa.
Tú, en cambio, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará
Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas que desfiguran sus rostros para hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad os digo que ya han recibido su paga.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no los hombres, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará».
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
Familia, hoy el Evangelio nos enseña acerca de la intención; porque siendo honestos, el problema no es que hagamos cosas malas, el problema es que incluso cuando hacemos cosas buenas podemos hacerlo mal por dentro. Jesús no critica la limosna ni la oración y el ayuno, critica algo más profundo de la persona: hacer el bien para ser vistos.
Es decir, convertir la relación con Dios en un escenario, en un teatro. El Evangelio dice que el hipócrita ya ha recibido su recompensa. Y ¿cuál es esa recompensa? La mirada de los otros, el reconocimiento, los elogios, el aplauso. Si eso es lo que buscamos, entonces Dios queda fuera, pero porque nosotros lo quitamos del camino y porque Dios no entra en ese juego de competir contra el ego humano.
Ahora Jesús dice: ‘tu Padre que ve en lo secreto’. Lo secreto no es solo un lugar físico, es el corazón, es el espacio donde no hay público, donde no hay máscaras, donde no hay apariencias, donde no hay imagen que sostener para que los demás la vean; es ahí donde se decide todo, en el corazón.
Por otro lado, Santo Tomás de Aquino decía: ‘El mérito de una acción no está solo en lo que se hace, sino en el fin por el que se hace’. Es decir, dos personas pueden hacer lo mismo, pero delante de Dios no es lo mismo. No es lo mismo orar para sentirme seguro, que orar para encontrarme con el Dios todo amoroso.
Y esto nos obliga a preguntarnos ¿por qué rezo? ¿por qué ayudo? ¿por qué me sacrifico? ¿Busco a Dios o me estoy buscando a mí mismo usando a Dios? ¡Ojo! que Jesús no pide que dejemos de hacer el bien, sino que al hacerlo, dejemos nosotros de ser los protagonistas y convertir a Dios en el origen, el motor y el fin de todas nuestras acciones.
Porque solo cuando desaparece el yo que quiere ser visto, aparece el Hijo de Dios que vive delante del Padre, y ahí, en lo oculto, sin aplausos, sin reconocimiento, sin ruido, es donde Dios actúa de verdad.
Antífona de comunión
Sal 26, 4
Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Señor, esta santa comunión contigo que hemos recibido, anticipo de la unión de los fieles en ti, realice también la unidad en tu Iglesia. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oración
Gracias, Señor, por todos esos profetas que me has enviado a lo largo de mi vida, pues es por ellos que te conozco. No sólo quiero pedirte que los bendigas sobremanera, Señor, sino que me ofrezco yo mismo para que me constituyas en uno; úsame como mejor te convenga, que mi corazón está dispuesto para hacer tu voluntad.
Acción
Hoy voy a orar de manera específica para consagrar mis labios y que mi boca sea utilizada por Dios para anunciar su buena noticia; al mismo tiempo, cuidaré que de ella no salga palabra dañosa sino toda sea útil para edificar.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
.jpg)