EVANGELIO DE HOY Martes 06 de Agosto de 2013


· Primera Lectura: Daniel 7,9-10.13-14
"Su vestido era blanco como nieve"
Durante la visión, vi que colocaban unos tronos, y un anciano se sentó; su vestido era blanco como nieve, su cabellera como lana limpísima; su trono, llamas de fuego; sus ruedas, llamaradas. Un río impetuoso de fuego brotaba delante de él. Miles y miles le servían, millones estaban a sus órdenes. Comenzó la sesión y se abrieron los libros. Mientras miraba, en la visión nocturna vi venir en las nubes del cielo como un hijo de hombre, que se acercó al anciano y se presentó ante él. Le dieron poder real y dominio; todos los pueblos, naciones y lenguas lo respetarán. Su dominio es eterno y no pasa, su reino no tendrá fin.

· Salmo Responsorial: 96
"El Señor reina, altísimo sobre la tierra"
El Señor reina, la tierra goza, / se alegran las islas innumerables. / Tiniebla y nube lo rodean, justicia y derecho sostienen su trono. R.
Los montes se derriten como cera / ante el dueño de toda la tierra; / los cielos pregonan su justicia, / y todos los pueblos contemplan su gloria. R.
Porque tú eres, Señor, / altísimo sobre toda la tierra, / encumbrado sobre todos los dioses. R.

· Segunda Lectura: II Pedro 1,16-19
"Esta voz del cielo la oímos nosotros"
Queridos hermanos: Cuando os dimos a conocer el poder y la última venida de nuestro Señor Jesucristo, no nos fundábamos en fábulas fantásticas, sino que habíamos sido testigos oculares de su grandeza. Él recibió de Dios Padre honra y gloria, cuando la Sublime Gloria le trajo aquella voz: "Éste es mi Hijo amado, mi predilecto." Esta voz, traída del cielo, la oímos nosotros, estando con él en la montaña sagrada. Esto nos confirma la palabra de los profetas, y hacéis muy bien en prestarle atención, como a una lámpara que brilla en un lugar oscuro, hasta que despunte el día, y el lucero nazca en vuestros corazones.

· Evangelio: Mateo 17,1-9
"Su rostro resplandecía como el sol"
En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: "Señor, ¡qué bien se está aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías." Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: "Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo." Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: "Levantaos, no temáis." Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: "No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos."

Reflexión
El autor sagrado nos presenta la transfiguración como resultado de la oración de Jesús en un monte. Es la tradición la que nos habla del monte Tabor, pero ninguno de los evangelistas nos ofrece el nombre de este monte. Sin embargo, en la Biblia, un monte siempre será el lugar de la manifestación divina, también es el lugar del encuentro con Dios. 

La transfiguración es presentada en relación con el Sinaí, primero por la mención de Moisés y Elías, quienes tuvieron un encuentro personal e íntimo con Dios en este monte y cuyo motivo principal era la alianza y el culto al verdadero Dios y, segundo, por la mención de las vestiduras blancas y relampaguentes, puesto que cuando Dios entregó a Moisés las tablas de la ley, dice el texto sagrado que nadie podía ver el rostro de Moisés, por su resplandor. .

En cambio, los discípulos pueden ver el rostro resplandeciente de Jesús, sin embargo, su resplandor es eclipsado, porque Jesús habla con Moisés y Elías del destino que le aguarda en Jerusalén: la muerte. 

Hoy iniciaré un camino de oración en el que, cada día, vaya incrementando el tiempo de oración, hasta que un día pueda llegar a decir: Señor, ¡qué bien estamos aquí. 

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón. 
Como María, todo por Jesús y para Jesús. 

Pbro. Ernesto María Caro.


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