Evangelio del Día - Martes 29 de abril de 2014


Tiempo litúrgico: Pascua (blanco)

Santoral



Primera Lectura: Hechos 4,32-37
"Todos pensaban y sentían lo mismo"

En el grupo de los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo: lo poseían todo en común y nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenía. Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor. Y Dios los miraba a todos con mucho agrado. 

Ninguno pasaba necesidad, pues los que poseían tierras o casas las vendían, traían el dinero y lo ponían a disposición de los apóstoles; luego se distribuía según lo que necesitaba cada uno. José, a quien los apóstoles apellidaron Bernabé, que significa Consolado, que era levita y natural de Chipre, tenía un campo y lo vendió; llevó el dinero y lo puso a disposición de los apóstoles.

Salmo Responsorial: 92
"El Señor reina, vestido de majestad."

  • El Señor reina, vestido de majestad, el Señor, vestido y ceñido de poder.
  • Así está firme el orbe y no vacila. Tu trono está firme desde siempre, y tú eres eterno.
  • Tus mandatos son fieles y seguros; la santidad es el adorno de tu casa, Señor, por días sin término.

Evangelio: Juan 3,5a.7b-15
"Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre"

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: "Tenéis que nacer de nuevo; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu." Nicodemo le preguntó: "¿Cómo puede suceder eso?" Le contestó Jesús: "Y tú, el maestro de Israel, ¿no lo entiendes? Te lo aseguro, de lo que sabemos hablamos; de lo que hemos visto damos testimonio, y no aceptáis nuestro testimonio. 

Si no creéis cuando os hablo de la tierra, ¿cómo creeréis cuando os hable del cielo? Porque nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna."

Reflexión
“No sabes de dónde viene ni a dónde va”

Dios todopoderoso, según el apóstol Pablo, tu Espíritu “escruta y conoce las profundidades de tu ser” (1C 2, 10-11), e intercede por mi, te habla en mi lugar con “gemidos inenarrables” (Rm 8,26)… Fuera de ti nadie escruta tu misterio; nada que sea extraño a ti no es suficientemente poderoso para medir la profundidad de tu majestad infinita. Todo lo que penetra en ti procede de ti; nada de lo que es exterior a ti tiene el poder de sondearte…

Creo firmemente que tu Espíritu viene de ti por tu Hijo único; aunque yo no comprendo este misterio, tengo, respecto a él, una profunda convicción. Porque en las realidades espirituales que son dominio tuyo, mi espíritu es limitado, tal como lo dice tu Hijo único: “No te extrañes de que te haya dicho: ‘Tenéis que nacer de nuevo’. Porque el Espíritu sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que ha nacido del agua y del Espíritu”.

Creo en mi nuevo nacimiento sin comprenderlo, y en mi fe guardo lo que escapa a mi comprensión. Sé que tengo el poder de renacer, pero no sé cómo esto se realiza. El Espíritu no tiene ningún límite; habla cuando quiere, y dice lo que él quiere y donde quiere. La razón de de su partida y de su venida permanecen desconocidas para mi, pero tengo la profunda convicción de su presencia.

San Hilario (c. 315-367), obispo de Poitiers y doctor de la Iglesia 
La Trinidad, 12,55s; PL 10, 472

Acción

Señor, dame de tu Espíritu Santo, para que sane mi fiebre de poseer y que satisfaga mi alma y corazón. Que tu Espíritu, Señor, me haga sentir la plenitud de tu presencia en mí y por ese motivo yo me abra generosamente a mis hermanos.

Este día tomaré de lo mío, lo que me sirve, como alimentos, ropa o algún otro bien, y lo compartiré con un desconocido necesitado. 

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón. 
Como María, todo por Jesús y para Jesús. 

Pbro. Ernesto María Caro

Adaptado de:

Nota destacada de la semana anterior

Catequesis del Papa Francisco sobre la Eucaristía como encuentro con Dios