Evangelio del Día - Viernes 27 de junio de 2014

Tiempo litúrgico: Ordinario (verde)

Santoral


Primera Lectura: Deuteronomio 7,6-11
"El Señor se enamoró de vosotros y os eligió"

En aquellos días, Moisés habló al pueblo, diciendo: "Tú eres un pueblo santo para el Señor, tu Dios: él te eligió para que fueras, entre todos los pueblos de la tierra, el pueblo de su propiedad. Si el Señor se enamoró de vosotros y os eligió, no fue por ser vosotros más numerosos que los demás, pues sois el pueblo más pequeño, sino que, por puro amor vuestro, por mantener el juramento que había hecho a vuestros padres, os sacó de Egipto con mano fuerte y os rescató de la esclavitud, del dominio del Faraón, rey de Egipto. 

Así sabrás que el Señor, tu Dios, es Dios: el Dios fiel que mantiene su alianza y su favor con los que lo aman y guardan sus preceptos, por mil generaciones. Pero paga en su persona a quien lo aborrece, acabando con él. No se hace esperar, paga a quien lo aborrece, en su persona. Pon por obra estos preceptos y los mandatos y decretos que te mando hoy."

Salmo Responsorial: 102
"La misericordia del Señor dura siempre, para los que cumplen sus mandatos."
  • Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser a su santo nombre. Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios.
  • Él perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades; él rescata tu vida de la fosa y te colma de gracia y de ternura.
  • El Señor hace justicia y defiende a todos los oprimidos; enseñó sus caminos a Moisés y sus hazañas a los hijos de Israel.
  • El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia. No nos trata como merecen nuestros pecados ni nos paga según nuestras culpas.

Segunda Lectura: I Juan 4,7-16
"Dios nos amó"

Queridos hermanos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados. 

Queridos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros. A Dios nadie lo ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su a plenitud. En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu. 

Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo para ser Salvador del mundo. Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios. Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios, y Dios en él.

Evangelio: Mateo 11,25-30
"Soy manso y humilde de corazón"

En aquel tiempo, exclamó Jesús: "Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. 

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera."

Reflexión
El poder de Dios vence nuestra debilidad

Quizás una de las cosas más importantes que deberíamos meter a nuestro corazón es la infinita bondad y misericordia de nuestro amado Dios. Cierto, somos débiles y esto nos lleva al pecado; sin embargo, lo más grave del pecado, no sea quizás el pecado en sí, sino el quedarnos en ese estado, pensando que Dios no nos perdonará. 

Son muchos los hermanos y hermanas que pasan un largo período de su vida lejos de los sacramentos e incluso de Dios mismo porque piensan que su pecado no les será perdonado. Otros se dan por vencidos porque después de algunos esfuerzos y lucha intensa no han logrado vencer su debilidad que los lleva al pecado. 

En este maravilloso texto Jesús nos deja ver su infinito amor, sobre todo, para aquellos que se sienten agobiados por el peso del pecado. Nuestras caídas nos hieren, pero al mismo tiempo nos dan la oportunidad de experimentar la misericordia de Dios y su poder que es capaz de vencer nuestra debilidad más profunda. 

Con cuánta razón decía san Pablo: "Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia". No dejes que el pecado te destruya y te mantenga lejos de Dios. Busca el sacramento de la Reconciliación y date cuenta que es el mismo Jesús quien en la persona del Sacerdote, retira tus cargas y te da la paz. 

Acción

Señor, sé que estás tremendamente enamorado de mí y eso me abruma, quiero hacerte saber que yo también siento un gran amor por ti. Será la labor de toda mi vida demostrarte ese amor con mi entrega, con mis actos de servicio a mis hermanos y, sobre todo, con mi oración. Amén.

Hoy inspeccionaré los sentimientos y emociones de mi corazón, y pondré mayor empeño en favorecer las que son similares a las de Dios. 

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón. 
Como María, todo por Jesús y para Jesús. 

Pbro. Ernesto María Caro

Adaptado de los sitios católicos:
Evangelización Activa
Evangelio del Día

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