La Eucaristía nos dispone al verdadero amor


El pasado domingo, nuestras comunidades se vistieron de fiesta para celebrar la solemnidad del Corpus Christi, fiesta que evidencia el gran amor del pueblo católico a la Eucaristía. Este misterio de fe,  nos anima a asumir con profundidad nuestra vida cristiana, desde la perspectiva del encuentro personal con aquel que nos ha dicho: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre.”

Hoy, cuando algunos intentan silenciar y arrinconar la Fe de la vida pública, nosotros, sin triunfalismo, pero con profunda convicción hemos dicho: “Tú reinarás…”y hemos salido a las calles, para manifestar festivamente nuestra fe en la presencia real de Cristo en la Eucarística, hemos anunciado que él está vivo en medio de su pueblo.

Esta Fe eucarística hace que muchos  católicos  trasciendan al cumplimiento dominical y procuren  celebrar la eucaristía a diario, visitar al  Santísimo y perseverar en la adoración. Pero, siendo objetivos, también para muchos creyentes la Eucaristía ha pasado de moda y ya no es un referente en su vida. 

No está de más que recordemos, como explica el Papa Francisco que “la Eucaristía no es un mero recuerdo de algunos dichos y hechos de Jesús. Es obra y don de Cristo que sale a nuestro encuentro y nos alimenta con su Palabra y su vida” y, en consecuencia,  "quien celebra la Eucaristía no lo hace porque sea mejor que los demás, sino porque se reconoce necesitado de la misericordia de Dios". 

Por eso, igualmente, Francisco nos invita a replantearnos: “¿cómo vivimos la Eucaristía? ¿Cómo vivimos la Misa, cuando vamos el domingo? ¿Es sólo un momento de fiesta, una tradición consolidada, una ocasión para encontrarse o para sentirse bien, o es algo más?”

Sobre este punto, insiste el Papa, hay algunas señales muy concretas para comprender si vivimos bien la Eucaristía y nos asegura que la primera de ellas, que quiero personalmente destacar, es nuestra manera de ver y considerar a los otros.

Cristo hizo de su vida un acto de total entrega por amor, afirma también el Papa… “Él amaba estar con sus discípulos y con las personas que tenía ocasión de conocer… compartir sus deseos, sus problemas, lo que agitaba sus almas y sus vidas.” Y agrega, “cuando participamos en la Santa Misa, nos encontramos con hombres y mujeres de todas las clases: jóvenes, ancianos, niños; pobres y acomodados; originarios del lugar y forasteros; acompañados por sus familiares y solos... ¿me lleva a sentirlos a todos, realmente, como hermanos y hermanas? ¿Hace crecer en mí la capacidad de alegrarme con el que se alegra y de llorar con el que llora? ¿Me empuja a ir hacia los pobres, los enfermos, los marginados? ¿Me ayuda a reconocer en ellos el rostro de Jesús? 

Decía San Juan Pablo II: “La comunión con el Pan del cielo convierte los corazones e infunde en ellos la capacidad de amar como nos ha amado Jesús.”

Que esta fiesta que hemos celebrado, y cada  Eucaristía que compartamos, inspire en nosotros renovados sentimientos de solidaridad y el anhelo firme de ser, en medio de un mundo que promueve la indiferencia, semilla y levadura del Reino del amor. 

Fuente:
Oficina de Comunicación - Curia Metropolitana

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