Evangelio del Día - Lunes 29 de setiembre de 2014

Tiempo litúrgico: Ordinario
Color del día: Blanco

Santoral

Primera Lectura: Daniel 7,9-10.13-14
"Miles y miles le servían"

Durante la visión, vi que colocaban unos tronos, y un anciano se sentó; su vestido era blanco como nieve, su cabellera como lana limpísima; su trono, llamas de fuego; sus ruedas, llamaradas. Un río impetuoso de fuego brotaba delante de él. Miles y miles le servían, millones estaban a sus órdenes. Comenzó la sesión y se abrieron los libros. 

Mientras miraba, en la visión nocturna vi venir en las nubes del cielo como un hijo de hombre, que se acercó al anciano y se presentó ante él. Le dieron poder real y dominio; todos los pueblos, naciones y lenguas lo respetarán. Su dominio es eterno y no pasa, su reino no tendrá fin.

Salmo Responsorial: 137
"Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor."
  • Te doy gracias, Señor, de todo corazón; delante de los ángeles tañeré para ti, me postraré hacia tu santuario.
  • Daré gracias a tu nombre: por tu misericordia y tu lealtad, porque tu promesa supera a tu fama; cuando te invoqué, me escuchaste, acreciste el valor en mi alma.
  • Que te den gracias, Señor, los reyes de la tierra, al escuchar el oráculo de tu boca; canten los caminos del Señor, porque la gloria del Señor es grande.

Evangelio: Juan 1,47-51
"Veréis a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre"

En aquel tiempo, vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: "Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño." Natanael le contesta: "¿De qué me conoces?" Jesús le responde: "Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi." 

Natanael respondió: "Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel." Jesús le contestó: "¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores." Y añadió: "Yo os aseguro: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre."

Reflexión
Los ángeles suben y bajan

«Vosotros veréis subir y bajar a los ángeles sobre el hijo del Hombre». Ellos suben por ellos, y descienden por nosotros, o más bien descienden con nosotros. Estos dichosos espíritus suben por la ley de la contemplación de Dios, y descienden para tener cuidado de nosotros y para guardarnos en todos nuestros caminos (Ps 91,11). Suben hacia Dios para alegrarse en su presencia; y descienden hacia nosotros para obedecer sus órdenes, pues les ha pedido tener cuidado de nosotros. Sin embargo, descendiendo hacia nosotros, no son privados en un punto de la gloria que les da la felicidad, ellos ven siempre el rostro del Padre. [...]

Cuando suben a la contemplación de Dios, buscan la verdad en cuyo colmo están sin interrupción por el deseo, y lo que desean siempre es la posesión. Cuando descienden, ejercen hacia nosotros la misericordia, después ellos nos guardan en todos nuestros caminos. Pues estos dichosos espíritus son los ministros de Dios que nos han sido enviados para ayudarnos (He 1,14); y en esta misión no es a Dios a quien rinden servicio sino a nosotros. Ellos imitan en eso la humildad del Hijo de Dios que no ha venido a ser servido, sino a servir, y que ha vivido en medio de sus discípulos, como si él fuera su servidor (Mt 20, 28). 

La utilidad que los ángeles sacan siguiendo esos caminos, es su propia felicidad y la perfección de la obediencia en la caridad; y eso que nosotros mismos recogeremos, es la comunicación que nos ha hecho la gracia de Dios y la ventaja de ser guardados por ellos en nuestros caminos. [...]

Dios ha dado órdenes a sus ángeles, no para sacarte de tus caminos, sino de guardarte cuidadosamente, y de conducirte en los caminos de Dios por los que ellos mismos siguen. ¿Cómo eso, me dices tú? Los ángeles, bien seguro, actúan en toda pureza y por la caridad solo, pero tú al menos, contrario y entendido por la necesidad de tu condición, desciendes, condesciendes con tu prójimo actuando la prueba de la misericordia hacia él, pues siempre la imitación de los ángeles, eleva tu deseo y, todo el ardor de tu corazón, esfuérzate en subir hasta la eterna verdad.

San Bernardo (1091-1153), monje cisterciense y doctor de la Iglesia 
Sermón 11 sobre el Salmo «Quien habitará» 6,10-11.

Acción

Señor, guárdame con tus ángeles para que mi pie no tropiece, sobre todo en la hora de la adversidad; que ellos cuiden que mi caminar sea siempre dirigido hacia ti y me protejan de los embates del maligno.

Hoy en día seré consciente de que en el cielo hay una realidad angélica que constantemente trabaja para que yo pueda permanecer en el camino de la luz. Y meditaré en todas las ocasiones en que estos ángeles de Dios me han ayudado a no tropezar.

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón. 
Como María, todo por Jesús y para Jesús. 

Pbro. Ernesto María Caro

Adaptado de:
Evangelio del Día
Evangelización Activa

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