El diablo es envidioso y no tolera que la Tierra sea fecunda en misioneros, dice el Papa Francisco

VATICANO, 12 Oct. 14 / 09:28 am (ACI/EWTN Noticias).- Al presidir la Misa de acción de gracias por la canonización de Santa María de la Encarnación y de San Francisco de Montmorency-Laval, misioneros en Canadá, el Papa Francisco aseguró que el diablo es envidioso, y no tolera que la Tierra sea fecunda en misioneros.

El Santo Padre recordó “la profecía de Isaías: ‘El Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros’, y señaló que “estas palabras, llenas de la esperanza de Dios, indican la meta, muestran el futuro hacia el cual nos dirigimos. En este camino los santos nos preceden y nos guían.

“Estas palabras también delinean la vocación de los hombres y mujeres misioneros”.

Citado por Radio Vaticano, Francisco explicó que “los misioneros son aquellos que, dóciles al Espíritu Santo, tienen el valor de vivir el Evangelio. También este Evangelio que acabamos de escuchar: ‘Vayan a los cruces de caminos’ dijo el rey a sus siervos. Así que los siervos salieron y reunieron a todos los que encontraron, ‘buenos y malos’, para llevarlos al banquete nupcial del rey”.

El Papa dijo que “los misioneros acogieron esta llamada: salieron a llamar a todos, en los cruces del mundo; y así hicieron tanto bien a la Iglesia, porque si la Iglesia se detiene y se cierra se enferma, se puede corromper, ya sea con pecados que con la falsa ciencia separada de Dios, que es el secularismo mundano”.

“Los misioneros han dirigido la mirada a Cristo crucificado, han acogido su gracia y no la han tenido para sí mismos. Como San Pablo, se han hecho todo para todos; han sabido vivir en la pobreza y en la abundancia, en la saciedad y el hambre; pudieron todo en Aquel que les daba fuerzas”.

El Santo Padre destacó que “así es la vida de un misionero, de una misionera. Y luego, para terminar lejos de casa, lejos de su patria; tantas veces muertos, ¡asesinados! Como ha sucedido en estos días, con tantos hermanos y hermanas nuestros”.

El Papa también señaló que “la misión evangelizadora de la Iglesia es esencialmente anuncio del amor, de la misericordia y el perdón de Dios, revelado a los hombres a través de la vida, muerte y resurrección de Jesucristo”.

Los misioneros, dijo, “han servido a la misión de la Iglesia, partiendo a los más pequeños y a los más distantes el pan de la Palabra y llevando a todos el don del amor inagotable que brota del corazón mismo del Salvador”.

“Así eran San Francisco de Laval y Santa María de la Encarnación”.

Francisco ofreció luego “dos consejos” que tomó de la Carta a los Hebreos, “pero pensando en los misioneros harán tanto bien a sus comunidades”.

“El primero es éste, así dice la palabra de Dios: ‘Acuérdense de quienes los dirigían, ellos les transmitieron la Palabra de Dios; miren cómo acabaron sus vidas e imiten su fe’. La memoria de los misioneros nos sostiene cuando experimentamos la escasez de trabajadores del Evangelio. Sus ejemplos nos atraen, nos empujan a imitar su fe. ¡Son testimonios fecundos que generan vida!”.

El segundo consejo, siguió, “es éste: ‘Recuerden los primeros días, cuando, recién iluminados, sostuvieron el duro combate de los padecimientos…por tanto, no pierdan la confianza que ella les traerá una gran recompensa. A ustedes les hace falta sólo la perseverancia…’”.

“Rendir homenaje a los que sufrieron para traernos el Evangelio significa llevar hacia adelante también nosotros la buena batalla de la fe, con humildad, mansedumbre y misericordia, en la vida cotidiana. Y esto da fruto. Memoria de aquellos que nos han precedido, de aquellos que han fundado nuestra Iglesia”.

“¡Iglesia fecunda la de Quebec! Fecunda en tantos misioneros, que han ido por todos lados. El mundo ha sido llenado de misioneros canadienses, como estos dos. Ahora el consejo: que esta memoria no nos lleve a abandonar la franqueza. ¡No abandonar el coraje!”.

El Santo Padre señaló que “tal vez… No, no tal vez, es verdad: el diablo es el envidioso y no tolera que una tierra sea así fecunda en misioneros”.

“La oración al Señor para que Quebec regrese sobre este camino de la fecundidad, de dar al mundo tantos misioneros. Y estos dos que han - por así decir– fundado la Iglesia del Quebec nos ayuden como intercesores; que la semilla que ellos han sembrado crezca y de fruto de nuevos hombres y mujeres valientes, de gran previsión, con el corazón abierto a la llamada del Señor”.

“¡Hoy se debe pedir esto por su patria! Y ellos desde el cielo serán nuestros intercesores. Que Quebec vuelva a ser aquella fuente de buenos y santos misioneros”.

Al concluir, Francisco aseguró que “esa es la alegría y la entrega de ésta, su peregrinación: hacer memoria de los testigos, de los misioneros de la fe en su tierra”.

“Esta memoria nos sostiene siempre en el camino hacia el futuro, hacia la meta, cuando ‘el Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros…’”, finalizó.

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