El Papa advierte de una cultura que descarta y excluye a las personas de la sociedad


VATICANO, 16 Oct. 15 / 10:33 am (ACI).- El Papa Francisco envió esta mañana un mensaje con motivo de la Jornada Mundial de la Alimentación al Director General de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), José Graziano da Silva. La Jornada se celebra hoy bajo el lema “Protección social y agricultura para romper el ciclo de la pobreza rural”.

En el texto alerta de la cada vez mayor desigualdad, que tiene como resultado una “cultura que descarta y excluye a muchos de nuestros hermanos y hermanas de la vida social”. También habla de la falta de protección social y asegura que “la Iglesia no tiene la misión de tratar directamente estos problemas desde el punto de vista técnico” pero “los aspectos humanos de estas situaciones no la dejan indiferente”.

El Pontífice afirma que “vivimos en una época donde la búsqueda afanosa del beneficio, la concentración en intereses particulares y los efectos de políticas injustas frenan iniciativas nacionales o impiden una cooperación eficaz en el seno de la comunidad internacional”.

Por eso “queda mucho por hacer por lo que se refiere a la seguridad alimentaria, que se divisa aún como una meta lejana para muchos”.

Se trata de un “doloroso escenario” que “está reclamando con urgencia que se retome la inspiración que condujo al nacimiento de esta Organización y nos compromete a buscar los medios necesarios para librar a la humanidad del hambre y promover una actividad agrícola capaz de satisfacer las necesidades reales de las diversas áreas del planeta”.

Francisco reconoce que este es “un objetivo ambicioso pero improrrogable”.

“Somos testigos –dice en el texto– a menudo mudos y paralizados, de situaciones que no se pueden vincular exclusivamente a fenómenos económicos, porque cada vez más la desigualdad es el resultado de esa cultura que descarta y excluye a muchos de nuestros hermanos y hermanas de la vida social, que no tiene en cuenta sus capacidades, llegando incluso a considerar superflua su contribución a la vida de la familia humana”.

El Santo Padre recuerda que dos tercios de la población mundial carecen de protección social y está unida al hecho “de que la mayoría de esas personas viven en las zonas más desfavorecidas de aquellos países donde ser pobre es una realidad olvidada y la única fuente de supervivencia está ligada a una escasa producción agrícola, a la pesca artesanal o a la cría de ganado en pequeña escala”.

“Durante los viajes y las visitas pastorales, he tenido numerosas oportunidades de escuchar a estas personas expresar sus penosas dificultades, y es natural que yo me haga portavoz de las arduas preocupaciones que me han confiado”, dice el Papa.

“Su vulnerabilidad, en efecto, tiene repercusiones muy gravosas en su vida personal y familiar, ya abrumada por el peso de tantas contrariedades o por jornadas agotadoras y sin límite de tiempo, como no sucede en tantas otras categorías de trabajadores”.

A su parecer, “las condiciones de las personas hambrientas y malnutridas pone de manifiesto que no es suficiente ni podemos contentarnos con un llamado general a la cooperación o al bien común”.

El Papa asegura que “para las personas y las comunidades, la falta de protección social es un factor negativo en sí mismo y no puede restringirse sólo a las posibles amenazas para el orden público, puesto que la desigualdad afecta a los elementos fundamentales del bienestar individual y colectivo, como, por ejemplo, la salud, la educación, la calidad de vida, la participación en los procesos de decisión”.

Pienso en los más desfavorecidos, en aquellos que, por la falta de protección social, sufren las nocivas consecuencias de una crisis económica persistente o de fenómenos relacionados con la corrupción y el mal gobierno, además de padecer los cambios climáticos que afectan a su seguridad alimentaria”.

“¡Son personas, no números, y reclaman que las apoyemos, para poder mirar el futuro con un mínimo de esperanza. Piden a los gobiernos y a las instituciones internacionales que actúen cuanto antes, haciendo todo lo posible, aquello que dependa de su responsabilidad”.

Francisco también subraya que “la protección social no puede limitarse al incremento de los beneficios, o quedar reducida a la mera idea de invertir en medios para mejorar la productividad agrícola y la promoción de un justo desarrollo económico”.

Garantizar la vida familiar significa promover el crecimiento económico de la mujer, consolidando así su papel en la sociedad, como también apoyar el cuidado de los ancianos y permitir a los jóvenes continuar su formación escolar y profesional, para que accedan bien capacitados al mundo laboral”, dice en el mensaje.

El Obispo de Roma también aclara que “la Iglesia no tiene la misión de tratar directamente estos problemas desde el punto de vista técnico” pero “los aspectos humanos de estas situaciones no la dejan indiferente”.

“La creación y los frutos de la tierra son dones de Dios concedidos a todos los seres humanos, que son al mismo tiempo custodios y beneficiarios. Por ello han de ser compartidos justamente por todos”.

“Esto exige una firme voluntad para afrontar las injusticias que nos encontramos cada día, en particular las más graves, las que ofenden la dignidad humana y afectan profundamente nuestra conciencia”.

Son hechos, reconoce Francisco, que no permiten a los cristianos abstenerse de prestar su contribución activa y su profesionalidad, sobre todo a través de diversas organizaciones, que tanto bien hacen en las zonas rurales”.

Por último desea que la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, aprobada recientemente por las Naciones Unidas, “inspire un modelo diverso de protección social, tanto en el plano internacional como nacional”.

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