El Papa asegura que la llave para abrir el corazón a Dios es la humildad


VATICANO, 15 Abr. 16 / 09:47 am (ACI).- El Papa Francisco aconsejó hoy abrir el corazón a Dios a través de la humildad y así ser dócil al Espíritu Santo.

“Precisamente el camino para abrir el corazón es la humillación. Cuando el Señor nos envía humillaciones o permite que vengan las humillaciones es precisamente para esto: para que el corazón se abra, sea dócil, para que el corazón se convierta al Señor Jesús”.

En la Misa que el Pontífice celebró en la capilla de la Casa Santa Marta, Francisco explicó que Dios siempre da la “dignidad” para levantarse y humillarse si fuera necesario.

El Papa comentó la lectura del día en la que se habla de San Pablo, “Pablo de Tarso”, quien tenía el “corazón cerrado” y perseguía a los cristianos.

Se trata de la “historia de un hombre que deja que Dios le cambie el corazón”. “Saulo el fuerte, el seguro, estaba por el suelo” comentó Francisco. Y subrayó que en esa condición, “comprende su verdad”, que no es “un hombre como Dios quería, porque Dios nos ha creado a todos nosotros para estar de pie, con la cabeza alta”.

Pero Dios entonces decide hablarle y cambiar su corazón: “Levántate y te será dicho. Tú debes aprender aún. Y cuando comenzó a levantarse no podía, porque se dio cuenta de que estaba ciego: en aquel momento había perdido la vista. ‘Y se dejó guiar’: comenzó, el corazón, a abrirse”, dijo el Papa.

“Así, guiándolo de la mano, los hombres que estaban con él lo condujeron a Damasco y durante tres días permaneció ciego y no tomó alimento ni bebida. Este hombre estaba por el suelo, pero entendió inmediatamente que debía aceptar esta humillación”.

El Papa señaló que “el protagonista de estas historias no son ni los doctores de la ley, ni Esteban, ni Felipe, ni el eunuco, ni Saulo… Es el Espíritu Santo. Protagonista de la Iglesia es el Espíritu Santo que conduce al pueblo de Dios”.

En definitiva, “la dureza del corazón de Pablo llega a ser docilidad al Espíritu Santo”.

El Papa terminó diciendo que “es bello ver cómo el Señor es capaz de cambiar los corazones” y hacer que “un corazón duro, terco, se transforme en un corazón dócil al Espíritu”:

“Todos nosotros tenemos durezas en el corazón: todos nosotros. Si alguno de ustedes no las tiene, levante la mano, por favor. Todos nosotros. Pidamos al Señor que nos haga ver que estas durezas nos echan al piso. Que nos envíe la gracia y también –si fuera necesario– las humillaciones para que no permanezcamos en el piso y levantarnos, con la dignidad con la que nos ha creado Dios, es decir, la gracia de un corazón abierto y dócil al Espíritu Santo”.

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