Jubileo de los sacerdotes: Así fue el primer retiro televisado del Papa Francisco


VATICANO, 02 Jun. 16 / 05:42 pm (ACI).- Con ocasión del Jubileo de los sacerdotes, el Papa Francisco dirigió este jueves un retiro espiritual para los 6.000 presbíteros y seminaristas reunidos en Roma (Italia), a quienes invitó a no olvidar su condición de pecadores para poder experimentar y transmitir la misericordia de Dios, así como buscar refugio en el manto de la Virgen María cuando llegan los tiempos turbulentos.

El Santo Padre dirigió tres meditaciones a los sacerdotes congregados en las basílicas papales de San Juan de Letrán, Santa María la Mayor y San Pablo Extramuros, que fueron seguidas a través de la televisión e internet, convirtiéndose de esta manera en el primer retiro del Pontífice en ser televisado en vivo.

Primera meditación

En la basílica de San Juan de Letrán, el Papa Francisco compartió tres sugerencias para la oración personal de este día, basadas en consejos de San Ignacio de Loyola y que parten del dar gracias a Dios por su misericordia. “En la oración, no hace bien intelectualizar (…), nuestro diálogo con el Señor tiene que concretarse en qué pecado tiene que tocar su misericordia en mí”.

“La última sugerencia va por el lado del fruto de los ejercicios (espirituales de San Ignacio), es decir de la gracia que tenemos que pedir y que es, directamente, la de convertirnos en sacerdotes más misericordiados y más misericordiosos”, señaló.

Así, en su primera meditación, el Papa reflexionó sobre la parábola “del Padre misericordioso”, y que se basa en la parábola del Hijo Pródigo, para señalar que así como el hijo que desperdició su herencia, “podemos vivir mucho tiempo ‘sin’ la misericordia del Señor. Es decir: podemos vivir sin hacerla consciente y sin pedirla explícitamente. Hasta que uno cae en la cuenta de que ‘todo es misericordia’ y llora con amargura no haberla aprovechado antes, siendo así que la necesitaba tanto”.

Francisco explicó que “la miseria de la que hablamos es la miseria moral, intransferible, esa donde uno toma conciencia de sí mismo como persona que, en un punto decisivo de su vida, actuó por su propia iniciativa: eligió algo y eligió mal”. “Este es el fondo que hay que tocar para sentir dolor de los pecados y para arrepentirse verdaderamente”, señaló.


Segunda meditación

Posteriormente, el Pontífice se dirigió a la basílica Santa María la Mayor para dirigir al mediodía su segunda meditación, dedicada a los “receptáculos de la misericordia”, donde reflexionó sobre las historias de conversión de los apóstoles y santos para recordar que “Dios no se cansa de perdonar” y es capaz de recrear los corazones, a pesar que los hombres “nos cansamos de pedir perdón”.

“Él regresa nuevamente a sembrar su misericordia y su perdón, y regresa y regresa y regresa…setenta veces siete”, afirmó.

En ese sentido, Francisco recordó la conversión de Pablo. “Puede hacernos bien contemplar a otros que se dejaron recrear el corazón por la misericordia y mirar en qué ‘receptáculo’ la recibieron”, señaló.

Señaló que el futuro apóstol de los gentiles era “duro e inflexible” en “su juicio moldeado por la Ley” y que lo impulsaba a ser un perseguidor. Sin embargo, “la misericordia lo transforma de tal manera que, a la vez que se convierte en un buscador de los más alejados, de los de mentalidad pagana, por otro lado es el más comprensivo y misericordioso para con los que eran como él había sido”.

“Pedro recibe la misericordia en su presunción de hombre sensato”, señaló el Papa, y sanado “en la herida más honda que puede haber, la de negar al amigo”. “Ser sanado allí convirtió a Pedro en un Pastor misericordioso, en una piedra sólida sobre la cual siempre se puede edificar, porque es piedra débil que ha sido sanada, no piedra que en su contundencia lleva a tropezar al más débil”, afirmó Francisco.

“Juan será sanado en su soberbia de querer reparar el mal con fuego y terminará siendo ese que escribe ‘hijitos míos’”, mientras “Agustín fue sanado en su nostalgia de haber llegado tarde a la cita: ‘Tarde te amé’”; y así con otros santos de la Iglesia.

El Papa concluyó su segunda meditación reflexionando sobre María como “Madre de la misericordia”, y recordó su visita a la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe durante su viaje a México.

“Cuando ustedes sacerdotes tengan momentos oscuros (…), vayan y déjense mirar por ella, en silencio”, déjense sostener por su mano y aférrense a su manto, señaló Francisco. “Sus ojos misericordiosos son los que consideramos el mejor recipiente de la misericordia, en el sentido de poder beber en ellos esa mirada indulgente y buena de la que tenemos sed”.

“El manto de María. No tener vergüenza. No hacer grandes discursos, estar ahí y dejarse cubrir, dejarse mirar. Y llorar. Cuando encontramos un sacerdote que es capaz de esto, de andar donde la Madre y llorar, con tantos pecados, puedo decir: es un buen sacerdote, porque es un buen hijo. Será un buen padre. Tomados por ella de la mano y bajo su mirada podemos cantar con alegría las grandezas del Señor”, expresó.


Tercera meditación

Finalmente, el Santo Padre se dirigió a la basílica San Pablo Extramuros para predicar a las 4:00 p.m. su tercera meditación titulada “El buen olor de Cristo y la luz de su misericordia”.

Francisco abordó el sacramento de la Reconciliación. “Ahora pasamos al espacio del confesionario, donde la verdad nos hace libres”, donde el sacerdote “ejerce el ministerio del Buen Pastor que busca la oveja perdida” y se hace “signo e instrumento” del encuentro de los fieles con el Señor.

Sin embargo, advirtió que la gente “perdona a los curas muchos defectos, salvo el de estar apegados al dinero”, porque “nos hace perder la riqueza de la misericordia” y matan el ministerio al convertirlos “en un funcionario o, peor aún, en un mercenario”.

“Hay que aprender de nuestros buenos confesores, de aquellos a los que la gente se les acerca, los que no la espantan y saben hablar hasta que el otro cuenta lo que le pasa, como Jesús con Nicodemo. Si uno se acerca al confesionario es porque está arrepentido, ya hay arrepentimiento. Y si se acerca es porque tiene deseo de cambiar”, indicó.

En ese sentido, el Papa les dio a los sacerdotes dos consejos para la confesión: “No tengan nunca la mirada del funcionario, del que sólo ve ‘casos’ y se los quita de encima”, y “no sean curiosos en el confesionario. Cuenta Santa Teresita que, cuando recibía las confidencias de sus novicias, se cuidaba muy bien de preguntar cómo había seguido la cosa. No curioseaba el alma de la gente”.

Finalmente, el Papa alentó a los sacerdotes a practicar las obras de misericordia, que “son infinitas”, pues las siete corporales y las siete espirituales “son como las materias primas”. “Una obra que se multiplica como el pan en las canastas, que crece desmesuradamente como la semilla de mostaza”, afirmó.

Francisco culminó su tercera meditación pidiendo a Cristo “que nada ni nadie nos separe de tu misericordia, que nos defiende de las insidias del enemigo maligno. Así podremos cantar las misericordias del Señor junto con todos tus santos cuando nos mandes ir a ti”.


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