Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones – Martes 22 de noviembre de 2016.


Tiempo Litúrgico: Ordinario
   Color del día: Rojo   

Santo del día:



Primera Lectura: Apocalipsis del apóstol san Juan (14, 14-19)
El tiempo de la cosecha ha llegado ya; la mies de la tierra está madura.

Yo, Juan, tuve otra visión: Vi una nube blanca y en ella a alguien que parecía un ser humano, con una corona de oro en la cabeza y una hoz afilada en la mano. Entonces un ángel salió del templo y le gritó con potente voz al que estaba sentado en la nube: “Empuña la hoz y ponte a segar; el tiempo de la cosecha ha llegado ya; la mies de la tierra está madura”. El que estaba sentado en la  nube pasó su hoz sobre la tierra y recogió la cosecha de la tierra.

Salió otro ángel del templo celestial, también él con una afilada hoz en su mano. Y salió del templo otro más, el ángel que tiene poder sobre el fuego, y le gritó con potente voz al que tenía la hoz afilada: “Empuña tu hoz afilada y corta los racimos de la viña de la tierra, porque sus uvas ya están maduras”.

El ángel acercó su hoz a la tierra, cosechó la viña de la tierra y echó los racimos en el gran lagar de la cólera de Dios. Pisaron las uvas en el lagar, fuera de la ciudad, y del lagar corrió tanta sangre, que subió hasta los frenos de los caballos, en una extensión de unos trescientos kilómetros.

Reflexión sobre la Primera Lectura

En todo su contexto, el capítulo 14 nos habla de todos los problemas que tienen que enfrentar los cristianos a fin de mantenerse fieles hasta el final y recibir la gloria prometida. La profecía está articulada a los dos elementos comunes de la agricultura judía: el trigo y la uva. 

Las dos cosechas se refieren a lo mismo: el pueblo santo de Dios, los que se han mantenido fieles, y por ello están ya listos para la cosecha (referidos, sin lugar a dudas, a los 144,000 de los que viene haciendo referencia). Éstos serán llevados al cielo, figura de la cosecha del trigo, pero, antes de ello, tendrán que haber dado testimonio con su propia sangre, figura de la cosecha del vino (no olvidemos que estamos en el contexto de una de las más sangrientas persecuciones por las que pasó la Iglesia).

Una cosa es cierta, no es fácil mantenerse fiel en medio de un mundo que, si bien no se nos persigue con espadas, lo hace de formas más sofisticadas y muchas veces, más efectivas, pues se esconde en lo que hemos llamado el "riesgo de la normalidad". ¿Seremos capaces de testificar, en medio de este mundo, nuestra "pertenencia" a Cristo?

Salmo responsorial (95, 10. 11-12. 13)
R/ Que todo se alegre ante el Señor. 
  • “Reina el Señor”, digamos a los pueblos. El afianzó con su poder el orbe, gobierna a las naciones con justicia. R. 
  • Alégrense los cielos y la tierra, retumbe el mar y el mundo submarino; salten de gozo el campo y cuanto encierra, manifiesten los bosques regocijo. R. 
  • Regocíjese todo ante el Señor, porque ya viene a gobernar el orbe. Justicia y rectitud serán las normas con las que rija a todas las naciones. R.

† Lectura del santo Evangelio según san Lucas (21, 5-11)
No quedará piedra sobre piedra.

En aquel tiempo, como algunos ponderaban la solidez de la construcción del templo y la belleza de las ofrendas votivas que lo adornaban, Jesús dijo: “Días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra de todo esto que están admirando; todo será destruido”.

Entonces le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo va a ocurrir esto y cuál será la señal de que ya está a punto de suceder?”

El les respondió: “Cuídense de que nadie los engañe, porque muchos vendrán usurpando mi nombre y dirán: ‘Yo soy el Mesías. El tiempo ha llegado’. Pero no les hagan caso. Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones, que no los domine el pánico, porque eso tiene que acontecer, pero todavía no es el fin”.

Luego les dijo: “Se levantará una nación contra otra y un reino contra otro. En diferentes lugares habrá grandes terremotos, epidemias y hambre, y aparecerán en el cielo señales prodigiosas y terribles”.

Reflexión sobre el Evangelio

Este evangelio nos enseña lo relativo que puede ser todo lo bello que se encuentra en el mundo. Todo pasa. Las cosas que un día fueron, ya no son; lo que ahora nos admira llegará un día en que no quedará rastro de ello. 

Lo único que permanece es Dios. Es lo único que no cambia, que no muta. Ya la carta a los Hebreos nos dice que "Cristo es el mismo de ayer, de hoy y de siempre". ¿Por qué, entonces, estar tan preocupados por lo que es pasajero? Pongamos nuestra atención y verdadera preocupación en lo que es eterno, en lo que permanece. 

Por ello, el apóstol San Pablo decía: "el amor no pasará". Esforcémonos en cultivar y hacer crecer el amor, es lo único que perdurará, es lo único que les dejaremos a las generaciones futuras.

Oración

Señor, me niego a ser normal, no permitas que me normalice bajo los términos del mundo; quiero ser una señal de contradicción como tú lo fuiste en esta tierra. Hazme, Señor, contradecir la injusticia, la tibieza y la indiferencia hacia ti. Que la dicha, la armonía y la felicidad, producto del encuentro contigo, haga que los demás se cuestionen, te buscen, te acepten y te amen profundamente.

Acción

Hoy evaluaré todas las ocasiones en que por agradar a los demás me he acomodado a las tendencias del mundo que contradice a la voluntad de mi Dios, le pediré perdón y me esforzaré por no dejarme llevar de nuevo.

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón. 
Como María, todo por Jesús y para Jesús. 

Pbro. Ernesto María Caro

Adaptado de:
Evangelización Activa, La Misa de Cada Día (CECOR), Catholic.net, ACI Prensa
Verificado en:
Ordo Temporis 2016, Conferencia Episcopal de Costa Rica

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