Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones – Martes 31 de enero de 2017.


Tiempo Litúrgico: Ordinario
   Color del día: Blanco   

Santo del día:



Primera Lectura: Carta a los hebreos (12, 1-4)
Corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante.

Hermanos: Rodeados, como estamos, por la multitud de antepasados nuestros, que dieron prueba de su fe, dejemos todo lo que nos estorba; librémonos del pecado que nos ata, para correr con perseverancia la carrera que tenemos por delante, fija la mirada en Jesús, autor y consumador de nuestra fe. 

El, en vista del gozo que se le proponía, aceptó la cruz, sin temer su ignominia, y por eso está sentado a la derecha del trono de Dios.

Mediten, pues, en el ejemplo de aquel que quiso sufrir tanta oposición de parte de los pecadores, y no se cansen ni pierdan el ánimo. Porque todavía no han llegado a derramar su sangre en la lucha contra el pecado.

Reflexión sobre la Primera Lectura

En medio de un mundo lleno de tanta dispersión, en donde el activismo nos consume, apurados por mil y un problemas que tenemos que resolver diariamente, es fácil que perdamos la ruta y que aún como personas religiosas, pongamos toda nuestra atención en los medios y no en el fin. El autor de la carta a los Hebreos nos invita a centrar nuevamente nuestra atención en la meta que es Jesús, el autor y consumador de nuestra fe. 

Todo lo demás es un medio para llegar a él. San Ignacio, a propósito decía: "Si con la enfermedad te doy más gloria prefiero estar enfermo; pero si con mi salud te doy más gloria, prefiero estar entonces sano"; así lo decía de la riqueza e incluso de su misma muerte. Todo para él era ya relativo a la gloria de Dios. Y así tiene que ser para nosotros también. 

En la medida en que mantenemos nuestra mirada fija en Jesús, es difícil que nos perdamos o que lleguemos a confundir los medios como fines en sí mismos. Que nada ni nadie distraiga tu atención, no importa lo que tengamos que hacer o sufrir; recuerda que lo único verdaderamente importante es poder llegar a estar unido a Cristo y vivir con él toda la eternidad; lo demás no tiene sentido ni importancia.

Salmo responsorial (21, 26b-27. 28 y 30. 31-32)
R/  Alaben al Señor los que lo buscan. 
  • Le cumpliré mis promesas al Señor delante de sus fieles. Los pobres comerán hasta saciarse y alabarán al Señor los que lo buscan: su corazón ha de vivir para siempre. R. 
  • Recordarán al Señor y volverán a él desde los últimos lugares del mundo; en su presencia se postrarán todas las familias de los pueblos. Sólo ante él se postrarán todos los que mueren. R. 
  • Mi descendencia lo servirá y le contará a la siguiente generación, al pueblo que ha de nacer, la justicia del Señor y todo lo que él ha hecho. R.

† Lectura del santo Evangelio según san Marcos (5, 21-43)
¡Óyeme, niña, levántate!

En aquel tiempo, cuando Jesús regresó en la barca al otro lado del lago, se quedó en la orilla y ahí se le reunió mucha gente. Entonces se acercó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo. Al ver a Jesús, se echó a sus pies y le suplicaba con insistencia: “Mi hija está agonizando. Ven a imponerle las manos para que se cure y viva”. Jesús se fue con él, y mucha gente lo seguía y lo apretujaba.

Entre la gente había una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años. Había sufrido mucho a manos de los médicos y había gastado en eso toda su fortuna, pero en vez de mejorar, había empeorado. Oyó hablar de Jesús, vino y se le acercó por detrás entre la gente y le tocó el manto, pensando que, con sólo tocarle el vestido, se curaría. Inmediatamente se le secó la fuente de su hemorragia y sintió en su cuerpo que estaba curada.

Jesús notó al instante que una fuerza curativa había salido de él, se volvió hacia la gente y les preguntó: “¿Quién ha tocado mi manto?” Sus discípulos le contestaron: “Estás viendo cómo te empuja la gente y todavía preguntas: ‘¿Quién me ha tocado?’ ” Pero él seguía mirando alrededor, para descubrir quién había sido. Entonces se acercó la mujer, asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado; se postró a sus pies y le confesó la verdad. Jesús la tranquilizó, diciendo: “Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y queda sana de tu enfermedad”.

Todavía estaba hablando Jesús, cuando unos criados llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle a éste: “Ya se murió tu hija. ¿Para qué sigues molestando al Maestro?” Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: “No temas, basta que tengas fe”. No permitió que lo acompañaran más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.

Al llegar a la casa del jefe de la sinagoga, vio Jesús el alboroto de la gente y oyó los llantos y los alaridos que daban. Entró y les dijo: “¿Qué significa tanto llanto y alboroto? La niña no está muerta, está dormida”. Y se reían de él.

Entonces Jesús echó fuera a la gente, y con los padres de la niña y sus acompañantes, entró a donde estaba la niña. La tomó de la mano y le dijo: “¡Talitá, kum!”, que significa: “¡Óyeme, niña, levántate!” La niña, que tenía doce años, se levantó inmediatamente y se puso a caminar. Todos se quedaron asombrados. Jesús les ordenó severamente que no lo dijeran a nadie y les mandó que le dieran de comer a la niña.

Reflexión sobre el Evangelio

Dos excelentes pasajes unidos en un solo relato en donde podemos ver la importancia de la fe. El elemento que hace posible la acción de Dios, incluso de manera extraordinaria, es la fe. Pero tiene que ser una fe como la que nos muestra el evangelio de hoy. 

Una fe que desafía todo y se lanza a tocar a Jesús; o en el caso de los padres de la niña, quienes, no obstante la evidencia de la muerte de la niña, dejan que Jesús haga las cosas a su manera. Creer significa confiar aun ante la evidencia contraria; creer significa tomar los riesgos de ser criticados, creer es actuar, diría el apóstol Santiago. Muchas veces nuestra fe queda sólo a nivel de razón y no de actuación. 

La verdadera fe es notoria pues expresa, sin lugar a dudas, la confianza y el abandono total en Dios. ¿Cómo es tu fe? ¿Es una fe intelectual o es una fe que ante la evidencia contraria continúa diciendo: No entiendo Señor, pero creo que tú me amas y que harás lo que sea mejor para mí y para los míos?

Oración

Señor Jesús, que nos invitas constantemente a seguirte para vivir contigo eternamente en la casa de tu Padre, ayúdanos con la luz de tu Espíritu Santo a descubrir lo que quieres de nosotros para que merezcamos esa vida eterna a la que nos invitas y nos esforcemos diariamente para merecerla. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Acción

Hoy viviré cada momento de mi vida con la intensidad que viene de saber que Cristo me llama a vivir el cielo desde aquí, sirviendo a mis hermanos y solidarizándome con los que sufren.

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón. 
Como María, todo por Jesús y para Jesús. 

Pbro. Ernesto María Caro

Adaptado de:
Evangelización Activa, Evangelio del Día, La Misa de Cada Día (CECOR), Catholic.net
Verificado en:
Ordo Temporis Ciclo A - 2017, Conferencia Episcopal de Costa Rica

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Catequesis del Papa Francisco sobre la Eucaristía como encuentro con Dios