Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones – Martes 11 de julio de 2017


Tiempo Litúrgico: Ordinario
   Color del día: Blanco   

Santos del día:



Lectura del libro del Génesis (32, 22-32)
En adelante te llamarás Israel porque has
luchado con Dios y has salido victorioso.

En aquel tiempo, se levantó Jacob, tomó a sus dos mujeres con sus dos siervas y sus once hijos y cruzó el arroyo de Yaboc. Los hizo cruzar el torrente junto con todo lo que poseía.

Jacob se quedó solo y un hombre estuvo luchando con él hasta el amanecer. Pero, viendo que no podía vencerlo, el hombre hirió a Jacob en la articulación femoral y le dislocó el fémur, mientras luchaban. El hombre le dijo: “Suéltame, pues ya está amaneciendo”. Jacob le respondió: “No te soltaré hasta que me bendigas”. 

El otro le preguntó: “¿Cómo te llamas?” El le dijo: “Jacob”. El otro prosiguió: “En adelante ya no te llamarás Jacob sino Israel, porque has luchado con Dios y con los hombres y has salido victorioso”. Jacob le dijo: “Dime cómo te llamas”. El otro le respondió: “¿Por qué me preguntas mi nombre?” Y ahí mismo bendijo a Jacob.

Jacob llamó a aquel lugar Penuel, pues se dijo: “He visto a Dios cara a cara y he quedado con vida”. El sol salió después de que Jacob y los suyos pasaron Penuel, y Jacob iba cojeando, por haber sido herido en el nervio del muslo. Por eso los israelitas no comen, hasta el día de hoy, el nervio del muslo.

Reflexión sobre la Primera Lectura

Este pasaje se encuentra al final del viaje que había hecho Jacob a casa de su tío Labán en donde se había enriquecido con su trabajo, y había procreado 11 hijos, de manera que regresaba lleno de bendiciones. Esto podría hacer que Jacob pensara que todo esto era producto de su trabajo y que, poco a poco, fuera excluyendo a Dios de su vida. Por ello, antes de regresar a la tierra prometida, Dios le sale al encuentro y lucha con él. 

Con este pasaje, el autor nos hace ver que, si bien es cierto que "ha vencido a los hombres" (su astucia con Labán) y que "ha vencido a Dios" (obtención de todas las bendiciones materiales), no debe olvidar que, sólo si continúa teniéndolo como su Dios, podrá ser siempre victorioso. Meditar y reflexionar en este pasaje es fundamental para la auténtica vida cristiana, sobre todo, cuando ésta ha estado llena de las bendiciones de Dios. 

No debemos olvidar nunca que, aunque todo lo que tenemos es debido a nuestro esfuerzo honesto en el trabajo, la verdadera fuente y origen de toda bendición es Dios. Dios marcó a Jacob, dislocándole el muslo, para que nunca lo olvidara. Dios nos ha marcado con el Espíritu Santo, para que no olvidemos que sólo caminando con él seremos verdaderamente vencedores en la vida. Nunca te olvides de darle gracias y alabar a Dios por todo cuanto te ha bendecido.

Salmo responsorial (16, 1. 2-3. 6-7. 8b y 15)
R/  Señor, escucha nuestra súplica. 
  • Señor, hazme justicia y a mi clamor atiende; presta oídos a mi súplica, pues mis labios no mienten. R. 
  • Júzgame tú, Señor, pues tus ojos miran al que es honrado. Examina mi corazón, revísalo de noche, pruébame a fuego y no hallarás malicia en mí. R. 
  • A ti mi voz elevo, pues sé que me respondes. Atiéndeme, Dios mío, y escucha mis palabras; muéstrame los prodigios de tu misericordia, pues a quien acude a ti, de sus contrarios salvas. R. 
  • Protégeme, Señor, como a las niñas de tus ojos, bajo la sombra de tus alas escóndeme, pues yo, por serte fiel, contemplaré tu rostro y al despertarme, espero saciarme de tu vista. R.

† Lectura del santo Evangelio según san Mateo (9, 32-38)
La cosecha es mucha y los trabajadores pocos.

En aquel tiempo, llevaron ante Jesús a un hombre mudo, que estaba poseído por el demonio. Jesús expulsó al demonio y el mudo habló. La multitud, maravillada, decía: “Nunca se había visto nada semejante en Israel”. Pero los fariseos decían: “Expulsa a los demonios por autoridad del príncipe de los demonios”.

Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas, predicando el Evangelio del Reino y curando toda enfermedad y dolencia. Al ver a las multitudes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y desamparadas, como ovejas sin pastor.

Entonces dijo a sus discípulos: “La cosecha es mucha y los trabajadores, pocos. Rueguen, por tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos”.

Reflexión sobre el Evangelio

En este mundo individualista, en el que muchos de nuestros hermanos viven sólo para sí mismos, sin ver a los demás, Jesús nos recuerda que no estamos ni viajamos solos. Jesús vio a todas estas personas que necesitaban de alguien que los instruyera, que los ayudara a mejorar su vida, a descubrir y construir el Reino de los cielos, y dice la Escritura que: "Tuvo compasión de ellos". 

Si la evangelización y la promoción social, a la que nos invita el Evangelio, no avanza, o no avanza como debiera, es porque a muchos de los cristianos nos falta "sentir compasión" de aquellos que no conocen la verdad del Evangelio, porque sólo pensamos en nosotros mismos, porque es suficiente que yo conozca a Jesús, me reúna con mis hermanos a orar y a dar gloria a Dios, sin pensar que, también nosotros, somos el medio para que otros lo conozcan y lo amen; porque si el Evangelio se separa de la caridad y del servicio, se convierte en una filosofía.

Debemos orar al Señor que envíe operarios a la mies. Sí, pero sería más importante, al menos en estos momentos de la historia, orar para que el Señor nos haga reconocer, en nosotros mismos, a estos operarios, para que el Señor verdaderamente mueva nuestro corazón a la compasión por los demás y al celo por el Evangelio.

Oración

Señor, que nunca olvide que en ti soy, me muevo y existo; que las bendiciones y la gracia vienen de ti, y que, sin ti, nada puedo. Quiero aprender de tu humildad y obediencia, pero, sobre todo, de tu comunión y diálogo con nuestro Padre Dios, agradeciendo en todo momento su asistencia y amor.

Acción

Hoy haré una oración especial al Espíritu Santo, pidiéndole que se manifieste en mí, a través de mí y a pesar de mí, en el trabajo, en la escuela o con mi familia en casa.

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón. 
Como María, todo por Jesús y para Jesús. 

Pbro. Ernesto María Caro

Adaptado de:
Evangelización Activa, La Misa de Cada Día (CECOR), Catholic.net, ACI Prensa
Verificado en:
Ordo Temporis Ciclo A - 2017, Conferencia Episcopal de Costa Rica

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