Tiempo Litúrgico: Cuaresma. Semana II - Feria.
Color del día: Morado.
Memoria libre: Santa Catalina Drexel, religiosa y fundadora.
Antífona de entrada
Sal 12, 4-5
Da luz a mis ojos, Señor, para que no caiga en el sueño de la muerte; para que no diga el enemigo: He triunfado sobre él.
Oración colecta
Cuida, Señor, a tu Iglesia con tu constante benevolencia, y ya que sin ti desfallece la humana fragilidad, presérvala de los peligros y encamínala siempre hacia lo que le trae la salvación. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Aprended a hacer el bien,
buscad la justicia
Lectura del libro de
Isaías 1, 10. 16-20
Oíd la palabra del Señor, príncipes de Sodoma, escucha la enseñanza de nuestro Dios, pueblo de Gomorra:
«Lavaos, purificaos, apartad de mi vista vuestras malas acciones. Dejad de hacer el mal, aprended a hacer el bien. Buscadla justicia, socorred al oprimid, proteged el derecho del huérfano, defended a la viuda. Venid entonces, y discutiremos – dice el Señor -.
Aunque vuestros pecados sean como escarlata, quedarán blancos como nieve; aunque sean rojos como la púrpura, quedarán como lana.
Si sabéis obedecer, comeréis de los frutos de la tierra; si rehusáis y os rebeláis, os devorará la espada – ha hablado la boca del Señor -».
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
La invitación que nos hace Dios hoy por medio del profeta es muy clara: "aprendan a hacer el bien". Es importante notar que Dios nos conoce y sabe que el ser humano crece y se desarrolla siguiendo procesos, y que es muy difícil que las cosas cambien de la noche a la mañana.
Por ello, hoy nos invita a entrar a la escuela del amor para "aprender a hacer el bien". Y es que en esta escuela, el maestro y director es el Espíritu Santo. Asistir a sus clases es irle dando espacio en nuestra vida por medio de la oración y de los sacramentos.
Quienes participan de esta escuela notarán cómo día con día, el pecado va desapareciendo de su vida y la caridad se va haciendo cada vez más manifiesta y operante.
Dios no nos pide cambios que están fuera de nuestras posibilidades, pero nos pide disposición y cooperación a su gracia; seamos dóciles y así evitaremos que el mal nos domine.
Salmo responsorial
Sal 49, 8-9. 16bc- 17. 21 y 23
R. Al que sigue buen camino
le haré ver la salvación de Dios.
- No te reprocho tus sacrificios, pues siempre están tus holocaustos ante mí. pero no aceptaré un becerro de tu casa, ni un cabrito de tus rebaños. R.
- ¿Por qué recitas mis preceptos y tienes siempre en la boca mi alianza, tú que detestas mi enseñanza y te echas a la espalda mis mandatos? R.
- Esto haces, ¿y me voy a callar? ¿Crees que soy como tú; Te acusaré, te lo echaré en cara. El que me ofrece acción de gracias, ése me honra; al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios. R.
Aclamación antes del Evangelio
Cf. Ez 18, 31
R. Alabanza a ti, Cristo, rey de la gloria eterna.
Apartad de vosotros todos vuestros delitos – dice el Señor -, renovad vuestro corazón y vuestro espíritu. R.
EVANGELIO
Ellos dicen, pero no hacen
Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 23, 1-12
En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a los discípulos, diciendo:
«En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid todo lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos dicen, pero no hacen. Lían fardos pesados y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar.
Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y agrandan las orlas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias en las plazas y que la gente los llame “rabbi”.
Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar “rabbi”, porque uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos.
Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo.
No os dejéis llamar maestros, porque uno solo es vuestro maestro, el Mesías.
El primero entre vosotros será vuestro servidor.
El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
No podemos dar una interpretación literalista de estos enfáticos mandatos del Señor, o a partir de aquel momento, ningún niño hubiese podido llamar padre a sus padres, ni los alumnos hubiesen podido llamar más maestro a quienes les enseñan; el problema no está en las palabras, está en la intención del uso de las palabras o los títulos.
El problema no es que te llamen maestro, sino que exijas que te llamen así, porque crees que tú eres la referencia de la verdad o que llames a alguien padre, porque estás convencido de que ese hombre es el único origen de lo que te da vida.
Hoy Cristo, nos pide que tengamos la madurez de separar la predicación del predicador, porque fuera de Cristo, todo anunciador del Evangelio es incapaz de vivir lo que predica, pues el aguijón de la carne se encarga de demostrarnos que, perfecto, solo es Dios, y Maestro de la verdad, solo es el Verbo Encarnado.
Debo confesar que yo mismo en ocasiones, soy incapaz de vivir lo que predico, porque no me predico a mí mismo, ni a mis triunfos o virtudes: predico a Cristo. La Iglesia predica a Cristo y cuando se pone como modelo, no se refiere a la bondad o perfección de cada uno de sus miembros en lo singular, sino a la perfección de quien es la cabeza, Cristo, y del Espíritu que, a pesar de nuestras fragilidades, la mantiene con vida y predicando a su Señor.
Y por eso la Iglesia es maestra, porque tiene la obligación de comunicar lo que ha escuchado a su Señor y ha transmitido de generación en generación, hasta nuestros días. Ella no puede inventar nada, no puede dar por hecho lo que no le ha sido revelado, ni puede cambiar la revelación a voluntad, por capricho de algunos pastores o por la exigencia de las mayorías manipuladas. Ella solo es custodia del don recibido, que está obligada a transmitir con integridad.
“Hagan, pues, todo lo que les digan, pero no imiten sus obras, porque dicen una cosa y hacen otra”, decía Jesús en el Evangelio de hoy. O sea que el Señor no invalida la enseñanza de los escribas y fariseos, sino que pide que vivamos según Dios lo ha manifestado, primero a Moisés y ahora a nosotros, a través de su Palabra, pero quiere que no tengamos como referencia última a los emisarios del mensaje, sino a la fuente del mensaje.
Pero el texto continúa, y es aquí donde encontramos la denuncia que Jesús hacía y nos hace a nosotros hoy. Él dice: “ellos ni con el dedo los quieren mover, todo lo hacen para que los vea la gente”. O sea que el Señor no denuncia el que prediquemos la verdad, sino que la prediquemos, pero que no estemos dispuestos a vivirla; no denuncia la caída o la imperfección de los escribas, sino el pacto con la mediocridad, con la maldad, con nuestro pecado.
Hoy, Jesús te pide primero que no traiciones la verdad, que no caigas en la tentación de descartar su revelación por el simple hecho de que es difícil vivirla. Segundo, Dios te pide que no te rindas, que sigas luchando, que no te conformes con ser bueno según el estándar del mundo, porque al seguir a Dios, todos caeremos. No te acostumbres a tu pecado, no pactes con él, sigue luchando y pide fuerza y su luz para que seas capaz de vencer tus debilidades con su fuerza, con su luz y con su gracia.
Tercero, Dios te pide además, que no te enorgullezcas con los roles que desempeñas o has desempeñado o con los títulos que, por gracia de Dios, has obtenido, que no te engañes creyendo que eres más o vales más que otros por ciertas características, privilegios o roles, y que no te dejes fascinar por tus logros o las cosas que has podido hacer, pues, todo es gracia, y grande y digno de gloria solo es Dios.
Yo hice esto, yo fui el primero en hacer aquello, a mí se me ocurrió, solo yo he podido lograr lo que nadie más. Cuando tengas la tentación del ‘yo’, levanta la mirada y date cuenta de que todo logro tuyo es gracia divina y que también Dios derrama sus gracias y carismas en aquellos que te rodean. Decide reconocerlos y reconoce a Dios a través de esa bondad y agradece a Dios y agradéceles también a ellos.
Antífona de comunión
Cf. Sal 9, 2-3
Proclamaré todas tus maravillas; me alegraré y exultaré contigo y entonaré salmos a tu nombre, Dios Altísimo.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Que la participación en tu mesa sagrada, Señor, nos conceda crecer en santidad, y nos obtenga el auxilio continuo de tu misericordia. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oración
Espíritu Santo, hoy quiero pedir perdón por mi falta de docilidad a tus inspiraciones, pues estoy seguro de que si yo me dejara guiar, iría realmente adelantado en eso de "aprender a hacer el bien". Limpia mi culpa, Espíritu, y lava a fondo mi maldad, sigue dándome tu luz para vencer al mal a fuerza de hacer el bien.
Acción
Hoy seré más sensible de lo que hay a mi alrededor, sobre todo del que vive oprimido, de la viuda, del huérfano y de las situaciones en donde hace falta que brille la justicia de Dios. Y además de ser sensible, pondré mi mejor empeño en hacer el bien de una manera real y concreta.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
.jpg)