Lecturas de la Misa del día y su reflexión. Sábado, 9 de mayo de 2026.


Tiempo Litúrgico: Pascua. Semana V - Feria.
   Color del día: Blanco.  


Antífona de entrada
Col 2, 12

Ustedes, por el bautismo, han sido sepultados con Cristo, y con él han sido resucitados, porque han creído en el poder de Dios, que lo resucitó de entre los muertos. Aleluya.

Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno, que te dignaste concedernos la vida celestial haciéndonos renacer por el bautismo, te rogamos que, puesto que al justificarnos nos hiciste capaces de la inmortalidad, nos concedas también llegar, con tu ayuda, a la plenitud de tu gloria. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Pasa a Macedonia y ayúdanos

Lectura del libro de los Hechos
de los Apóstoles 16, 1-10

En aquellos días, Pablo fue a Derbe y luego a Listra. Había allí un discípulo que se llamaba Timoteo, hijo de una judía creyente, pero de padre griego. Los hermanos de Listra y de Iconio daban buenos informes de él. Pablo quiso que fuera con él y, puesto que todos sabían que su padre era griego, por consideración a los judíos de la región, lo tomó y lo hizo circuncidar.

Al pasar por las ciudades, comunicaban las decisiones de los apóstoles y presbíteros de Jerusalén, para que las observasen. Las Iglesias se robustecían en la fe y crecían en número de día en día.

Atravesaron Frigia y la región de Galacia, al haberles impedido el Espíritu Santo anunciar la palabra en Asia. Al llegar cerca de Misia, intentaron entrar en Bitinia, pero el Espíritu de Jesús no se lo consintió. Entonces dejaron Misia a un lado y bajaron a Tróade.

Aquella noche Pablo tuvo una visión: se le apareció un macedonio, de pie, que le rogaba: «Pasa a Macedonia y ayúdanos».

Apenas tuvo la visión, inmediatamente tratamos de salir para Macedonia, seguros de que Dios nos llamaba a predicarles el Evangelio.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial
Sal 99, 1b-2. 3. 5

R. Aclama al Señor, tierra entera.
  • Aclama al Señor, tierra entera, servid al Señor con alegría, entrad en su presencia con vítores. R.
  • Sabed que el Señor es Dios: que él nos hizo y somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño. R.
  • El Señor es bueno, su misericordia es eterna, su fidelidad por todas las edades. R.

Aclamación antes del Evangelio
Col 3, 1

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios. R.

EVANGELIO
No sois del mundo, sino que yo os
he escogido sacándoos del mundo

Lectura del santo Evangelio
según san Juan 15, 18-21

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a mí antes que a vosotros.

Si fuerais del mundo, el mundo os amaría como cosa suya, pero como no sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo, por eso el mundo os odia.

Recordad lo que os dije: «No es el siervo más que su amo”. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra.

Y todo eso lo harán con vosotros a causa de mi nombre, porque no conocen al que me envió».

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

Todavía los discípulos están extasiados y digiriendo ese hermoso llamado que hace Jesús a sus discípulos para que permanezcan en Él y que ya no los llama siervos sino amigos y viene ahora este mensaje duro, de esos a los que la tradición popular le atribuye a santa Teresa de Ávila cuando en un diálogo con el Señor le decía “así trato a mis amigos” y la santa le responde: “Ah Señor, con razón tienes tan pocos”.

Sin duda aquel que ha decidido a seguir con fidelidad y determinación al Señor, se convierte en una persona diferente a aquellos que no creen en Dios e incluso al Cristiano digamos “promedio” y por esa decisión de esforzarse en llevar a cabo su vida de acuerdo con el Evangelio, advierte el mismo Jesús, “por eso te van a odiar”.

Y al mismo tiempo, nos recuerda que su historia nos precede, si por hacer algo que Jesús haría y que otros califican como ridículo, como exagerado, si nos sacan de sus grupos, El Señor nos recuerda que antes que a nosotros, el mundo lo odió a Él. Y lo odió tanto, que a pesar de todas las buenas obras que realizó, de tanta ayuda que hizo a la gente durante su vida pública, como dice la misma Escritura que pasó haciendo el bien, y sin embargo terminó en la cruz, odiado, menospreciado, humillado.

Por eso el Señor no deja lugar a dudas y advierte a todo aquel que se decida a seguirlo: ‘si a mí me han perseguido, también a ti te perseguirán’–, eso sucederá si tu vida es testimonio de alguien que se puede decir que es su discípulo, porque no todas las persecuciones que recibimos tienen ese origen. 

Pero nuestra esperanza está justamente en que la razón de este odio es que no somos de este mundo, no nos esforzamos por amar a Dios sobre todas las cosas y hacer vida los mandamientos para recibir una recompensa en este mundo. Tenemos claro que la recompensa está en el cielo, en la vida eterna, pero que también esa vida eterna la estamos viviendo desde ahora, cuando vivimos haciendo la voluntad del Padre.

Si por hacer algo agradable a Dios has sido separado, humillado, agredido, hoy el Señor te dice: ‘¡ánimo! Que tú no eres de este mundo’, estás hecho para la eternidad y estos momentos de dificultad no son nada, como nos lo dice San Pablo, “los sufrimientos del tiempo presente no se pueden comparar con la gloria que se revelará en nosotros”.

Hoy te invito a que pongas ese sufrimiento, ese contratiempo en las manos del Señor, le pongas buena cara y se lo ofrezcas con un corazón agradecido, sabiendo que Él te recompensará, ya sea en esta vida o en la eterna.

Antífona de comunión
Cf. Jn 17, 20-21

Padre, te ruego por ellos, para que sean uno en nosotros y el mundo pueda creer que tú me has enviado, dice el Señor. Aleluya.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Oración después de la comunión

Protege, Señor, con amor constante a quienes has salvado, para que, una vez redimidos por la pasión de tu Hijo, se llenen ahora de alegría por su resurrección. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).