¡Gracias Señor!

Cuando, ante la cruz de Nuestro Señor Jesús crucificado y resucitado, ponemos nuestras penas e inquietudes; cuando disponemos de nuestro corazón adolorido en las manos del Creador; cuando llenos de humildad aceptamos que hay cosas que no podemos hacer sin su ayuda y elevamos una sincera oración, Dios escucha.

No debemos pedir lo que nosotros queramos o necesitemos por nuestros simples intereses. Debemos pedir paz y tranquilidad en el mundo y en nuestra propia mente, claridad para ver las soluciones adecuadas a los problemas e inconvenientes, fe para poder creer fuertemente en la palabra de Dios y voluntad para cumplir sin dudar las tareas que Dios nos va a encomendar en el camino.

Pero también debemos ser conscientes de nuestra debilidad como seres humanos, si Dios es grande y misericordioso tengamos la confianza de pedirle salud, el pan de cada día y felicidad, para que nuestra vida en la tierra sea un adelanto de la vida en el cielo en su presencia.

Señor Jesús, ven a nuestro corazón y llenanos con las bendiciones de tu misericordia infinita. Brindanos paz y felicidad, danos la fuerza de voluntad para poder cumplir tu voluntad en nuestras vidas y no la nuestra, danos fe para nunca dudar de ti y claridad, para tener la sabiduría de nunca fallarte. Amén.

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