Benedicto XVI nos enseñó a ser humildes y valientes

Comentario de Eduardo A. Bolaños Vargas
Coordinador Caminos de Fe

En un principio, debo confesar, me sentí aturdido o abrumado con la noticia de la renuncia del Papa Benedicto XVI al pontificado de la Iglesia Católica. Fue una noticia triste e impactante y lo primero que pensé fue “¡Se rinde el Papa! Que mal deben estar las cosas”. Comencé a escuchar las noticias del momento, leer los diarios por internet y revisar todo lo que pudiera sobre el tema. No lo podría creer…

No es un secreto que los periodistas se estaban volviendo locos con la noticia ¡El primer Papa en 600 o 700 años que renuncia! Era la noticia del día, tal vez del año. ¿Qué sigue ahora? ¿Quién va a quedar? ¿Se va a acabar el mundo o la iglesia católica? Parecía una histeria colectiva. Yo me sentía triste con la información.

De pronto escuché frases sueltas de la carta de renuncia : “para gobernar la barca de san Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu, vigor que, en los últimos meses, ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado”. Entonces pensé: ¡El Papa es la persona con la mayor presencia de Dios en la tierra! La fuerza de su espíritu es incomparable y sin embargo; flaquea y se rinde.

Pero el Señor Jesús acudió pronto a mi ayuda, escuché a sacerdotes, obispos y comentaristas bien informados que hablaron sobre la valentía de Benedicto XVI y comencé a comprender, poco a poco, el verdadero valor de este hecho, desde una perspectiva más humana, más real.

Ciertamente, el Papa es un ser humano, un gran ser humano que ha dado los recientes 8 años de la vida en un servicio total e incondicional a la Iglesia Católica, que aunque pasa un momento bueno, se ve atacada por plagas que buscan destruirla, ayudadas hoy por el poder de la tecnología y la desinformación más que información.

Joseph Ratzinger es una persona de una edad avanzada, que por medio de sus amplios estudios teológicos se ha convertido en uno de los doctores de la iglesia, afianzando los más profundos valores de esta con su creación escrita antes y después de ser Papa.

Pero también es una persona debilitada físicamente por el cansancio y las enfermedades típicas de su edad, que sin duda alguna, repercuten en su mente y su capacidad de responder ante los retos de la vida actual. No lo digo yo lo dice el Papa y sinceramente tiene razón.

Si cualquier persona a cargo de una empresa por más grande que sea se cansa y desanima muchas veces hasta renunciar, ahora cuánto puede resultar agotador ser el líder de la iglesia más grande del mundo, con toda su santidad y debilidad humana. ¡Claro que está agotado! Y en su cansancio y su debilidad tiene la fortaleza tan grande de poner un límite, consciente de que una mala decisión podría ser perjudicial para su amada Iglesia católica.

Como seres humanos tendemos a juzgar, a creer que todos los pontífices tienen que ser iguales, a compararlo con nuestro querido Juan Pablo II. Pero no debe ser así.

Juan Pablo II era un Papa peregrino, que acudió a evangelizar a casi todos los países de la tierra, cuya acción se enfocó en una participación directa con gran presencia mediática, y que tomó la decisión de esperar la muerte investido de Papa a pesar de sus enfermedades y sus dolencias. Benedicto, por su parte fue un Papa académico, que reforzó y aportó grandes conocimientos acerca de la teología de la Iglesia, sin tanto apoyo de los medios, pero con el cariño de los pueblos y los jóvenes, porque su doctrina también era clara y basada en el amor de Dios.

En su claridad discierne que lo mejor para la iglesia es dejar el campo para que otra persona más joven, con más fuerza para enfrentar las dificultades, asuma el puesto más alto de la jerarquía católica y dedicarse a lo que ha sido la mayor parte de su vida, oración y academia.

Valiente su decisión, muy dura, pero muy responsable. No renunció en tiempos de crisis como muchas personas aseguran, sino en tiempos de aguas calmas, después de enfrentar casos como las acusaciones contra los sacerdotes pederastas (que la ley juzgará en adelante), los problemas económicos del vaticano (¿en realidad corresponden al Papa o mejor a un administrador?) y las fugas de información y los ataques de los modernistas que apoyan la Fecundación In Vitro y el aborto (en los que la Iglesia mantiene y mantendrá su posición pro vida.

Benedicto XVI no se lavó las manos ante las dificultades, las enfrentó con valentía de acuerdo a sus conocimientos y convicciones, y tomó acciones concretas que muchas veces los medios de comunicación omiten informar –porque no les convienen las buenas noticias-, pero sobre todo, educó y guió a su pueblo como buen pastor fiel, y ahora desde sus oraciones apoyará al nuevo pontífice que pronto será nombrado.

La gran enseñanza de Benedicto XVI: LA HUMILDAD, cuando supo que ya no podía más dejó todo en manos de Dios, que sin duda llevará a su Iglesia Católica (que no es solo el clero sino todos los bautizados), por el camino de la santidad.

Oremos con fervor por Benedicto XVI y para que el Espíritu Santo ilumine a los cardenales para elegir al nuevo sucesor de San Pedro.

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