Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones – Miércoles 22 de febrero de 2017.


Tiempo Litúrgico: Ordinario
   Color del día: Blanco   





Primera Lectura: Primera carta del apóstol san Pedro (5, 1-4)
Me dirijo a ustedes como pastor y testigo de los sufrimientos de Cristo.

Hermanos: Me dirijo ahora a los pastores de las comunidades de ustedes, yo, que también soy pastor como ellos y además he sido testigo de los sufrimientos de Cristo y participante de la gloria que se va a manifestar.

Apacienten el rebaño que Dios les ha confiado y cuiden de él no como obligados por la fuerza, sino de buena gana, como Dios quiere; no por ambición de dinero, sino con entrega generosa; no como si ustedes fueran los dueños de las comunidades que se les han confiado, sino dando buen ejemplo. Y cuando aparezca el Pastor supremo, recibirán el premio inmortal de la gloria.

Reflexión sobre la Primera Lectura

Si bien este texto está claramente dirigido a los pastores de la Iglesia (sacerdotes y obispos), es perfectamente aplicable a todos aquellos que tienen la responsabilidad de dirigir una comunidad: padres de familia, empresarios, supervisores, maestros, etc.

Uno de los grandes problemas por los que atraviesa hoy el mundo, es el materialismo y la búsqueda del poder. Es difícil encontrar hoy personas que hagan las cosas por el placer de hacerlas y de hacerlas bien. Por lo general está siempre de por medio el factor económico, que en muchas ocasiones no es otra cosa que ambición.

Para muchos hermanos, la gente a su alrededor no es otra cosa que piezas de ajedrez u objetos que son importantes en la medida en que son útiles. San Pedro nos invita hoy, no sólo a la generosidad, sino a trabajar con alegría y por el bien de los demás, por el bien de nuestra familia, de nuestra empresa, de nuestra comunidad; y a recordar que la verdadera recompensa la recibiremos de Dios.

Salmo responsorial (22, 1-3a. 3b-4. 5. 6)
R/  El Señor es mi pastor, nada me faltará. 
  • El Señor es mi pastor, nada me falta; en verdes praderas me hace reposar y hacia fuentes tranquilas me conduce para reparar mis fuerzas. R. 
  • Por ser un Dios fiel a sus promesas, me guía por el sendero recto; así, aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú estás conmigo. Tu vara y tu cayado me dan seguridad. R. 
  • Tú mismo me preparas la mesa, a despecho de mis adversarios; me unges la cabeza con perfume y llenas mi copa hasta los bordes. R. 
  • Tu bondad y tu misericordia me acompañarán todos los días de mi vida; y viviré en la casa del Señor, por años sin término. R.

† Lectura del santo Evangelio según san Mateo (16, 13-19)
Tú eres Pedro y yo te daré las llaves del Reino de los cielos.

En aquel tiempo, cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?” Ellos le respondieron: “Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o alguno de los profetas”.

Luego les preguntó: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” Simón Pedro tomó la palabra y le dijo: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Jesús le dijo entonces: “¡Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque esto no te lo ha revelado ningún hombre, sino mi Padre que está en los cielos! Y yo te digo a ti que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella. Yo te daré las llaves del Reino de los cielos; todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo

Reflexión sobre el Evangelio

El texto evangélico nos recuerda que el poder que tiene el Papa para conducir la Iglesia y para discernir lo que es doctrina sana para el Pueblo, lo recibió no de los hombres, sino del mismo Jesucristo, a quien hoy le hemos oído decir con claridad: "Yo te daré las llaves del Reino de los cielos; todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo". 

De manera que quien no lo escucha y respeta, es al mismo Cristo a quien desobedece y ofende. Jesús quiso dejar un pastor que, en su nombre, gobernara y evangelizara a la Iglesia, y por eso le dio palabras de sabiduría y de ciencia para que con ellas dirigiera el caminar del pueblo de Dios. 

Es por ello que todas las encíclicas papales deben ser leídas por nosotros, pues en ellas se nos exhorta y educa en la pureza de la fe. De gran interés son todas. Te invito a leerlas, quizás puedas empezar por: "Dios es amor", descubrirás en ella la limpieza del corazón del pastor, y la invitación a vivir íntimamente unidos con Dios que es Amor.

Oración

Señor, hazme consciente de mi papel como pastor de acuerdo a mi estado de vida; dame un corazón como el tuyo, que sepa amar a mi rebaño hasta el grado de dar la vida por ellos, es decir, por mis hijos, por mis empleados, por mis alumnos, etc. Enséñame a trabajar por ellos desinteresadamente, de muy buena gana, dando ejemplo para que cuando vengas tú, mi Pastor amado, pueda recibir el premio de vivir contigo eternamente.

Acción

Este día haré las cosas con una sonrisa en el rostro, cuando "mis ovejas" se acerquen a pedirme algo o buscando algo de mí, seré cortés, amable y dispuesto; además demostraré mi generosidad haciendo no solo lo que me piden, sino un poco más.

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón. 
Como María, todo por Jesús y para Jesús. 

Pbro. Ernesto María Caro

Adaptado de:
Evangelización Activa, La Misa de Cada Día (CECOR), Catholic.net, ACI Prensa
Verificado en:
Ordo Temporis Ciclo A - 2017, Conferencia Episcopal de Costa Rica

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