Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Jueves, 1 de enero de 2026.


Tiempo Litúrgico: Navidad.
   Color del día: Blanco.  

Día VIII octava de la Natividad del Señor.



Antífona de entrada
Cf. Is 9, 1. 5; Lc 1, 33

Hoy brillará una luz sobre nosotros, porque nos ha nacido el Señor; y se llamará Admirable, Dios, Príncipe de la paz, Padre del mundo futuro, y su Reino no tendrá fin.


Oración colecta

Señor Dios, que por la fecunda virginidad de María diste al género humano el don de la salvación eterna, concédenos sentir la intercesión de aquella por quien recibimos al autor de la vida, Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro. Él, que vive y reina contigo.

PRIMERA LECTURA
Invocarán mi nombre sobre los hijos
de Israel, y yo los bendeciré

Lectura del libro de los
Números 6, 22-27

El Señor habló a Moisés:

«Di a Aarón y a sus hijos: esta es la fórmula con que bendeciréis a los hijos de Israel: “El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor te muestre su rostro y te conceda la paz”.

Así invocarán mi nombre sobre los israelitas, y yo los bendeciré».

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

Este es uno de esos textos tan hermosos, pero tan poco conocidos por encontrarse en uno de los libros más difíciles de leer. La bendición es el signo de todo don gratuito que viene de Dios porque es bueno y porque nos ama; su protección es el cuidado que tiene para con los suyos o los que ama. Hacer resplandecer su rostro es mostrarse cercano, próximo como luz que ilumina y orienta en el camino.

Que Dios nos dé su favor es que simpatice con nosotros o que se incline hacia nosotros; mirarnos con benevolencia es dedicarnos una mirada dulce y tierna como la de una madre; finalmente, que el Señor nos conceda su paz es la máxima petición que se puede hacer a Dios o que se le puede desear a un hermano: la paz es el conjunto de todos los bienes deseables para uno mismo y para los demás.

Esta expresión es el saludo propio de los judíos desde los tiempos bíblicos hasta el día de hoy: SHALOM. Este anhelo del pueblo judío se ha cumplido para todos los hombres en la persona de Jesús, pues Dios nos ha concedido por medio de su Hijo, la bendición y la protección; su rostro ha iluminado nuestras vidas. En él nos ha concedido su favor; Jesús es también la mirada benevolente del Padre y nos dirá san Pablo que "él es nuestra paz".

Salmo responsorial
Sal 66, 2-3. 5. 6 y 8

R. Que Dios tenga piedad y nos bendiga.
  • Que Dios tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros; conozca la tierra tus caminos, todos los pueblos tu salvación. R.
  • Que canten de alegría las naciones, porque riges el mundo con justicia, y gobiernas las naciones de la tierra. R.
  • Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben. Que Dios nos bendiga; que le teman hasta los confines del orbe. R.

SEGUNDA LECTURA
Envió Dios a su Hijo, nacido de mujer

Lectura de la carta del apóstol
san Pablo a los Gálatas 4, 4-7

Hermanos:

Cuando llegó la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la Ley, para que recibiéramos la adopción filial.

Como sois hijos, Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: «¡Abba! Padre». Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios.

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Segunda Lectura

1. La carta a los Gálatas es paradigma de la opción apostólica de Pablo por la salvación de Jesucristo, en contra de la ley. Y este texto de hoy es un “axioma” teológico de su mensaje y de su predicación. El salvador, el liberador, “ha nacido de mujer”, es un hombre como nosotros en el sentido más determinante. Se ha dicho que esta es la “navidad” de Pablo. No deja de ser curiosa, por escueta. Pero la verdad es que nos encontramos ante un texto paradigmático por su afirmación teológica. Nada de esto tiene desperdicio.

Todo está medido y tasado en el planteamiento que viene haciendo el apóstol sobre los que han de pertenecer al pueblo de Dios y de las promesas. Es decir, todos los hombres que habiendo nacido fuera de Israel, serán llamados a beneficiarse de las promesas hechas a Abrahán. Por eso se habla de la “plenitud de los tiempos” (tò plêrôma tou jronou); y entonces un hombre (porque es nacido de mujer), nacido en Israel (bajo la Ley), va abrir las puertas de la gracia y la salvación a toda la humanidad.

2. No podríamos hablar de un texto mariológico en el sentido estricto del término. De hecho, Pablo es más bien cristológico. Pero no hay verdadera cristología sin la historia real de Jesús de Nazaret (al que no conoció Pablo), un judío, como él. Un judío que habría de enfrentarse, en nombre de Dios, a la manipulación de le ley, para hacer posible que el verdadero proyecto de Dios se realizara plenamente. 

Para “rescatar a los que estaban bajo la ley”: he aquí el objetivo de la encarnación y el sentido de la navidad para Pablo. Es algo que se respira en toda la carta. Y muy especialmente en este texto donde inmediatamente antes describe el tiempo anterior a Cristo como un estar sometidos a un “pedagogo” (la ley), porque no quedaba más remedio. Pero Dios, como Padre, tiene prevista otra cosa bien diferente para sus hijos.

Aclamación antes del Evangelio
Heb 1, 1-2

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

En muchas ocasiones habló Dios antiguamente a los padres por los profetas. En esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo. R.

EVANGELIO
Encontraron a María y a José,
y al niño. Y a los ocho días,
le pusieron por nombre Jesús

Lectura del santo Evangelio
según san Lucas 2, 16-21

En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo hacía Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño.

Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores. María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.

Y se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto; conforme a lo que se les había dicho.

Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

María, por su parte, guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón. María, la Madre de Dios, contemplaba silenciosamente la grandeza del misterio del que, por voluntad divina, fue hecha parte. Después de dar a luz a su Hijo y su Dios, en condiciones de extrema precariedad, junto a San José, acoge a los pastores y escucha de ellos cómo, frente a la humana sencillez del alumbramiento, la gloria de Dios se les había manifestado para anunciarles la grandeza del misterio que estaba aconteciendo. 

El Cristo que todo Israel esperaba era su Hijo, los pastores ya lo sabían y lo anunciaban, los ángeles lo proclamaban Señor y Salvador y el cielo entero glorificaba a Dios por el nacimiento de Jesús.

Cuánto contraste, cuántas aparentes contradicciones: las cortes celestiales proclamaban la gloria del Verbo encarnado, cuando lo que humanamente se percibía era la precariedad en su máximo esplendor; el Rey del universo tenía por trono un abrevadero de animales de granja. ¿Qué querría comunicar Dios con todo eso? ¿Cuál iría a ser el destino de su Hijo? ¿Cómo sucedería la salvación? ¿Qué habría visto Dios en ella y en san José para hacerlos partícipes del acontecimiento central de la historia humana? 

No había muchas respuestas a las preguntas que su corazón seguramente se estaba haciendo, pero hoy nos dice el Evangelio que María Santísima meditaba y guardaba todo eso en el corazón. ¡Cuánta falta nos hace aprender de la Madre del Salvador!, ¡cuánta falta nos hace contemplar la gloria de Dios revelada en lo pequeño de la vida cotidiana y en lo aparentemente insignificante! 

Hermano, hermana, en el día solemne en que la Iglesia celebra la maternidad divina de María Santísima, el Señor te invita, a través del ejemplo de la Madre de Dios, a ver más allá de lo evidente, a no quedarte con la primera impresión, a no ver solamente lo negativo, lo que no te gusta, lo que es difícil, lo que no tienes o no podrás nunca tener.

Dios te invita a decirle siempre sí al Señor, aunque no lo entiendas todo, Dios te pide valorar lo que te regala en el cumplimiento de su voluntad, a contemplar desde el silencio cómo Dios va obrando de maneras misteriosas y cómo la gloria de Dios se manifiesta en lo sencillo de la vida vivida con Cristo. Dios te invita a atesorar su obra en tu vida y en la vida de los que te rodean y a guardarlo en tu corazón. 

He aquí otro punto importantísimo: guardarlo todo en tu corazón. Y es que muchas veces somos de memoria corta y, aunque hemos sido testigos de la presencia y acción de Dios en nuestra vida, fácilmente olvidamos lo sucedido, lo que hemos visto, tocado y experimentado. Pero María nunca olvidó, guardó y atesoró todo lo que Dios hacía a su alrededor y, justamente eso, fue lo que la capacitó para estar siempre con Jesús; eso fue lo que la capacitó para acompañar a Cristo, incluso en el doloroso momento de la cruz. 

Así que ya sabes, para poder estar siempre con Jesús y acompañarlo o dejarte acompañar por Él, como María, guarda y medita con el corazón toda la obra de Dios en tu vida. 


Antífona de comunión
Heb 13, 8

Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por todos los siglos.


Oración después de la comunión

Señor, que estos sacramentos celestiales que hemos recibido con alegría, sean fuente de vida eterna para nosotros, que nos gloriamos de proclamar a la siempre Virgen María como Madre de tu Hijo y Madre de la Iglesia. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración

Padre lleno de misericordia, que nos has mostrado las bondades de tu amor paterno al enviarnos a tu Hijo hecho hombre como nosotros, te pedimos que por su medio, alcancemos los bienes del cielo que por tu gracia nos has concedido.

Acción

Dedicaré unos minutos a repetir esta pequeña oración hasta que me llegue al corazón.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Frailes Dominicos de España, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).