Tiempo Litúrgico: Navidad.
Color del día: Blanco.
Fiesta: Bautismo del Señor.
Memoria libre: Santo Tomás de Cori.
Antífona de entrada
Cf Mt 3, 16-17
Inmediatamente después de que Jesús recibió el bautismo, se abrieron los cielos y el Espíritu Santo se posó sobre él en forma de paloma, y resonó la voz del Padre que decía: “Éste es mi Hijo amado, en quien he puesto todo mi amor”.
Oración colecta
Señor Dios, cuyo Unigénito se manifestó en la realidad de nuestra carne, concédenos, por aquel que hemos conocido semejante a nosotros en lo exterior, que merezcamos quedar interiormente renovados. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Mirad a mi siervo,
en quien me complazco
Lectura del libro de Isaías
42, 1-4. 6-7
Esto dice el Señor: «Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, en quien me complazco.
He puesto mi espíritu sobre él, manifestará la justicia a las naciones.
No gritará, no clamará, no voceará por las calles.
La caña cascada no la quebrará, la mecha vacilante no lo apagará.
Manifestará la justicia con verdad.
No vacilará ni se quebrará, hasta implantar la justicia en el país.
En su ley esperan las islas.
Yo, el Señor, te he llamado en mi justicia, te cogí de la mano, te formé e hice de ti alianza de un pueblo y luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la cárcel, de la prisión a los que habitan las tinieblas».
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
1. De las lecturas de la liturgia de hoy, debemos resaltar que el texto profético, con el que comienza una segunda parte del libro de Isaías (40) -cuya predicación pertenece a un gran profeta que no nos quiso legar su nombre, y que se le conoce como discípulo de Isaías (los especialistas le llaman el Deutero-Isaías, o Segundo Isaías)-, es el anuncio de la liberación del destierro de Babilonia.
Este mensaje, después, se propuso como símbolo de los tiempos mesiánicos, y los primeros cristianos acertaron a interpretarlo como programa del profeta Jesús de Nazaret, que recibe en el bautismo su unción profética.
2. Este es uno de los Cantos del Siervo de Yahvé (Isaías 42,1-7); nos presenta a ese personaje misterioso del que habla el Deutero-Isaías, que prosiguió las huellas y la escuela del gran profeta del s. VIII a. C., como el mediador de una Alianza nueva.
Los especialistas han tratado de identificar al personaje histórico que inspiró este canto del profeta, y muchos hablan de Ciro, el rey de los persas, que dio la libertad al pueblo en el exilio de Babilonia. Pero la tradición cristiana primitiva, por su parte, ha sabido identificar a aquél que puede ser el mediador de una nueva alianza de Dios con los hombres y ser luz de las naciones: Jesucristo, el Hijo encarnado de Dios.
Salmo responsorial
Sal 28, 1a y 2.3ac-4.3b y 9b-10
R. El Señor bendice a su
pueblo con la paz.
- Hijos de Dios, aclamad al Señor, aclamad la gloria del nombre del Señor, postraos ante el Señor en el atrio sagrado. R.
- La voz del Señor sobre las aguas, el Señor sobre las aguas torrenciales. La voz del Señor es potente, la voz del Señor es magnífica. R.
- El Dios de la gloria ha tronado. En su templo un grito unánime: «¡Gloria!» El Señor se sienta por encima del diluvio, el Señor se sienta como rey eterno. R.
SEGUNDA LECTURA
Ungido por Dios
con la fuerza del Espíritu Santo
Lectura del libro de los
Hechos de los apóstoles 10, 34-38
En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:
«Ahora comprendo con toda la verdad que Dios no hace acepción de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea. Envió su palabra a los hijos de Israel, anunciando la Buena Nueva de la paz que traería Jesucristo, el Señor de todos.
Vosotros conocéis lo que sucedió en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él».
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Segunda Lectura
1. La segunda lectura es un testimonio de la tradición apostólica, de la que nace el evangelio de Jesucristo, poniendo de manifiesto lo que han vivido con Jesús aquellos que han sido testigos desde el momento del Bautismo. Es el punto de partida de la vida pública y profética de Jesús de Nazaret; el momento en que se rompe el silencio de Nazaret para iluminar a los hombres. Pedro, que predica el evangelio por primera vez a una familia pagana en Cesarea, rompiendo con los miedos a salir y dejar el judaísmo que le ataban hasta ahora, proclama su experiencia más personal con Jesús.
El discurso, pues, de Hch 10 tiene una importancia muy particular para el autor de esta obra, Lucas. Se ha dicho que este es un ejemplo fehaciente del kerygma, de aquello que era la proclamación más esencial de los apóstoles. Pero aquí viene acotado por el apunte de cómo los testigos de la palabra han sido también testigos de la vida de Jesús, desde el bautismo hasta su muerte, y después, las experiencias de la resurrección.
2. El texto es un resumen muy particular, de un valor muy significativo. Lo que sucedió en Judea, la muerte y resurrección de Cristo, “comenzó en Galilea” por medio de la unción, en el bautismo de Jesús, del Espíritu.
Precisamente en este texto lucano no se menciona, ni a Juan el Bautista ni el mismo hecho del bautismo de agua; de alguna manera como en el relato evangélico de Lucas (3,21-22) que apenas se detiene en el bautismo para subrayar cómo, en oración, Jesús es realmente “bautizado” por el Espíritu que ha de acompañarle siempre como el profeta; y un profeta no puede vivir sin el Espíritu.
Aclamación antes del Evangelio
Cf. Mc 9, 7
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Se abrieron los cielos y se oyó la voz del Padre: «Este es mi Hijo, el amado; escuchadlo». R.
EVANGELIO
Se bautizó Jesús y vio que el Espíritu
de Dios se posaba sobre él
Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 3, 13-17
En aquel tiempo, vino Jesús desde Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara.
Pero Juan intentaba disuadirlo diciéndole: «Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?».
Jesús le contestó: «Déjalo ahora. Conviene que así cumplamos toda justicia».
Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Y vino una voz de los cielos que decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco».
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
En el bautismo de Jesús, no solo vemos un ritual, como en general estamos acostumbrados a presenciar en el bautismo de los niños. Es triste el ver que, en general, nuestro bautismo ha ido perdiendo todo su sentido en relación con la alianza y el cumplimiento de la voluntad de Dios.
El bautismo de Jesús nos deja ver que éste es para Él, como ha de serlo para nosotros, el inicio de una misión; este es el primer acto de una obediencia filial perfecta al Padre, que a Jesús lo llevará hasta la Cruz.
Hoy, en esta fiesta del bautismo del Señor, el Señor nos pregunta, a propósito de nuestro bautismo: ¿estás dispuesto a sumergirte en las aguas de su voluntad, como Él lo hizo? Es que el bautismo es el momento en el que el bautizado entra de lleno en la alianza del Señor y se compromete, como Jesús, a obedecer a Dios.
Vemos cómo, ante la negativa de Juan de bautizarlo, Jesús replica: ‘Es necesario que cumplamos todo lo que Dios quiere’. Hoy es necesario que cada uno recuerde que en el bautismo, nos hemos comprometido a cumplir la voluntad de Dios, aun cuando esto pueda llevarnos a sufrir humillaciones y rechazo de la sociedad.
Y es que el texto original dice: ‘Porque es conveniente que así cumplamos toda justicia’ Esta justicia a la que se refiere Jesús no es un legalismo frío, sino fidelidad total a la voluntad de Dios. Solo en esta obediencia podremos ser parte del misterio de Dios en el mundo. Es, pues, la invitación a participar con Él en el misterio de la redención de la humanidad. Unámonos a esta voluntad salvífica, viviendo siempre conforme a la voluntad de Dios.
Y recuerda, tu bautismo no fue solo un rito vacío, sino un compromiso claro y patente con el cual te comprometías a obedecer a Dios, aun cuando esto pudiera traer problemas a tu vida.
Antífona de comunión
Cf. Jn 1, 32. 34
Éste es aquel de quien Juan decía: Yo lo he visto y doy testimonio de que él es el Hijo de Dios.
Oración después de la comunión
Saciados con estos sagrados dones, imploramos, Señor, tu clemencia, para que, escuchando fielmente a tu Unigénito, nos llamemos y seamos de verdad hijos tuyos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Frailes Dominicos de España, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
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