Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Martes, 20 de enero de 2026.


Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana II - Feria.
   Color del día: Verde.  

Memoria libre:

Antífona de entrada

Sálvanos, Señor, Dios nuestro, y reúnenos de entre las naciones, para que podamos celebrar tu santo nombre y cantar tu alabanza.

Oración colecta

Dios nuestro, que uniste a pueblos diversos en la confesión de tu nombre, concédenos querer y poder practicar cuanto nos mandas, para que, el pueblo llamado a poseer tu Reino, tenga una misma fe en sus pensamientos y un mismo amor en sus obras. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Samuel ungió a David en medio
de sus hermanos y el espíritu
del Señor vino sobre él

Lectura del primer libro de
Samuel 16, 1-13

En aquellos días, el Señor dijo a Samuel: «¿Hasta cuándo vas a estar sufriendo por Saúl, cuando soy el que lo he rechazado como rey sobre Israel? Llena tu cuerno de aceite y ponte en camino. Te envío a casa de Jesé, el de Belén, porque he visto entre sus hijos un rey para mí».

Samuel respondió: «¿Cómo voy a ir? Si lo oye Saúl, me mata».

El Señor respondió: «Llevas de la mano una novilla y dices que has venido a ofrecer un sacrificio al Señor. Invitarás a Jesé al sacrificio y yo te indicaré lo que has de hacer. Me ungirás al que te señale».

Samuel hizo lo que le había ordenado el Señor. 

Una vez llegado a Belén, los ancianos de la ciudad salieron temblorosos a su encuentro.

Preguntaron: «¿Es de paz tu venida?».

Respondió: «Si. He venido para ofrecer un sacrificio al Señor. Purificaos y venid conmigo al sacrificio».

Purificó a Jesé y a sus hijos, y los invitó al sacrificio.

Cuando estos llegaron, vio a Eliab y se dijo: «Seguro, que está ungido ante el Señor».

Pero el Señor dijo a Samuel: «No te fijes en las apariencias ni en lo elevado de su estatura porque lo he descartado. No se trata de lo que vea el hombre. Pues el hombre mira a los ojos, mas el Señor mira el corazón».

Jesé llamó a Abinadab y lo presentó Samuel, pero le dijo: «Tampoco a este lo ha elegido el Señor».

Jesé presentó a sus siete hijos ante Samuel. Pero Samuel dijo a Jesé: «El Señor no ha elegido a estos».

Entonces Samuel preguntó a Jesé: – «¿No hay más muchachos?».

Y le respondió: – «Todavía queda el menor, que está pastoreando el rebaño».

Samuel le dijo: – «Manda a buscarlo, porque no nos sentaremos a la mesa, mientras no venga».

Jesé mandó a por él y lo hizo venir. Era rubio, de hermosos ojos y buena presencia. El Señor dijo a Samuel: – «Levántate y úngelo de parte del Señor, pues es este».

Samuel cogió el cuerno de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. Y el espíritu del Señor vino sobre David desde aquel día en adelante.

Samuel emprendió luego el camino de Ramá.

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

En algunas ocasiones nos encontramos con hermanos que, por alguna circunstancia, no se sienten "dignos" o capaces para realizar algún apostolado, incluso indignos de recibir tal o cual gracia espiritual.

El pasaje de hoy nos muestra que no son nuestros pobres criterios de "idoneidad" los que Dios sigue para encargarnos un ministerio o para otorgarnos una gracia espiritual. David, con todo y ser el más pequeño, y quizás, a los ojos de sus hermanos y del mundo en general, el menos apto para ser ungido como rey, Dios, que ve su corazón y lo elige.

Pudiera incluso ocurrir que efectivamente no fuera el mejor para ello, pero Dios da siempre junto con el ministerio, la gracia necesaria para desempeñarlo. Por ello, hemos leído que "desde ese momento el Espíritu de Dios estuvo con él".

Si Dios te llama, no tengas miedo a responder y abrir tu corazón, pues si tú o los demás no te consideran apto, Dios te dará su gracia y, con su poder, podrás realizar lo que él mismo te ha pedido.

Salmo responsorial
Sal 88, 20. 21-22. 27-28

R. Encontré a David, mi siervo.
  • Un día hablaste en visión a tus santos: «He ceñido la corona a un héroe, he levantado a un soldado de entre el pueblo». R.
  • «Encontré a David, mi siervo, y lo he ungido con óleo sagrado; para que mi mano esté siempre con él y mi brazo lo haga valeroso.» R. 
  • «Él me invocará: «Tú eres mi padre, mi Dios, mi Roca salvadora»; y lo nombraré mi primogénito, excelso entre los reyes de la tierra». R.

Aclamación antes del Evangelio
Cf. Ef 1, 17-18

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

El Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine los ojos de nuestro corazón, para que comprendamos cuál es la esperanza a la que nos llama. R.

EVANGELIO
El sábado se hizo para el hombre
y no el hombre para el sábado

Lectura del santo Evangelio
según san Marcos 2, 23-28

Sucedió que un sábado Jesús atravesaba un sembrado, y sus discípulos, mientras caminaban, iban arrancando espigas.

Los fariseos le preguntan: «Mira, ¿por qué hacen en sábado lo que no está permitido?»

Él les responde: «¿No habéis leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus hombres se vieron faltos y con hambre como entró en la casa de Dios, en tiempo del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes de la proposición, que solo está permitido comer a los sacerdotes, y se los dio también a quienes estaban con él».

Y les decía: «El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado; así que el Hijo del hombre es señor también del sábado».

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

Es increíble cómo a veces nos parecemos tanto a esos fariseos que cuestionaban a Jesús. Estamos tan enfocados en cumplir la letra de la regla o en señalar lo que otros hacen mal, que nos olvidamos de lo más importante: la necesidad humana y la compasión.

Los fariseos juzgaban como malo el hecho de que el grupo de discípulos de Jesús arrancaran espigas porque tenían hambre. Jesús les responde con una frase contundente: ‘el sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado’.

Con esto, el Señor nos enseña que las leyes de Dios no son para amarrarnos o hacernos la vida pesada, sino para ayudarnos a vivir mejor y con más orden. Dios no quiere seguidores que cumplan reglas por miedo o por rutina, sino personas que entiendan que el centro de todo es el amor y la misericordia. 

Cuando la norma se vuelve más importante que la persona que sufre, estamos perdiendo el rumbo de nuestra fe. En muchas ocasiones nos pasa que somos muy rígidos con nosotros mismos o con los demás, juzgando quién es un buen cristiano solo por las apariencias o porque cumple con los ritos.

El Señor nos recuerda que el amor está por encima de cualquier regla. La fe no se trata de una lista de prácticas rituales sino de una relación de libertad y amor con Dios. 

Hoy el Señor nos invita a poner el corazón en todo lo que hacemos y a recordar que ninguna regla es más grande que el mandamiento del amor y ayudar al que más lo necesita.

Antífona de comunión

Sobre todas estas virtudes, tengan amor, que es el vínculo de la perfecta unión. Que en sus corazones reine la paz de Cristo, esa paz a la que han sido llamados, como miembros de un solo cuerpo.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Oración después de la comunión

Infúndenos, Señor, tu espíritu de caridad, para que, por la eficacia de este sacrificio, hagas que, cuantos creen en ti, vivan concordes en un mismo amor. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración

Señor Nuestro, tú que has puesto en mi corazón a tu Santo Espíritu para guiarme y fortalecerme, hazme consciente de esta realidad, para que, animado con tu gracia, pueda yo descubrir y realizar la misión que me has encomendado.

Acción

En oración le diré al Señor: "habla, que tu siervo escucha", y pediré la asistencia del Espíritu Santo en todo momento , para que pueda yo comunicarlo a los que me rodean.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).