Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana II - Feria.
Color del día: Verde.
Memoria libre: San Ildefonso de Toledo, obispo.
Antífona de entrada
La multitud de los que habían creído tenía un solo corazón y una sola alma. Con grandes muestras de poder, los Apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús y todos gozaban de gran estimación entre el pueblo.
Oración colecta
Señor Dios, que enseñaste a tu Iglesia a cumplir todos tus celestiales mandamientos, en señal de amor a ti mismo y al prójimo, danos un espíritu de paz y de benevolencia, para que tu familia entera se consagre a ti de todo corazón y alcance la concordia por la pureza de intención. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
No alargaré la mano contra él,
pues es el ungido del Señor
Lectura del primer libro de
Samuel 24, 3-21
En aquellos días, Saúl tomó tres mil soldados escogidos de todo Israel y marchó en busca de David y su gente frente a Sure Hayelín.
Llegó a un corral de ovejas, junto al camino, donde había una cueva. Saúl entró a hacer sus necesidades, mientras David y sus hombres se encontraban al fondo de la cueva.
Los hombres de David le dijeron: «Este es el día del que te dijo el Señor: «Yo entregaré a tus enemigos en tu mano”. Haz con él lo que te parezca mejor».
David se levantó y cortó, sin ser visto, la orla del manto de Saúl. Después de ello, sintió pesar por haber cortado la orla del manto de Saúl. Y dijo a sus hombres. «El Señor me libre de obrar así contra mi amo, el ungido del Señor, alargando mi mano contra él; pues es el ungido del Señor».
David disuadió a sus hombres con esas palabras y no les dejó alzarse contra Saúl. Este salió de la cueva y siguió su camino.
A continuación, David se levantó, salió de la cueva y gritó detrás de Saúl: «¡Oh, rey, mi señor!»
Saúl miró hacia atrás. David se inclinó rostro a tierra y se postró.
Y dijo a Saúl:
«¿Por qué haces caso a las palabras que dice la gente: David busca tu desgracia”? Tus ojos han visto hoy mismo en la cueva que el Señor te ha entregado en mi mano. Han hablado de matarte, pero te he perdonado, diciéndome: “No alargaré mi mano contra mi amo, pues es el ungido del Señor”. Padre mío, mira por un momento, la orla de tu manto en mi mano. Si la he cortado y no te he matado, comprenderás bien que no hay en mí ni maldad ni culpa y que no te he ofendido.
Tú, en cambio, estás buscando mi vida para arrebatármela. Que el Señor juzgue entre los dos y me haga justicia. Pero mi mano no estará contra ti. Como dice el antiguo proverbio: “De los malos sale maldad”. Pero en mí no hay maldad. ¿A quién ha salido a buscar el rey de Israel? ¿A quién persigues? A un perro muerto, a una simple pulga. El señor sea juez y juzgue entre nosotros. Juzgará, defenderá mi causa y me hará justicia, librándome de tu mano»
Cuando David terminó de dirigir estas palabras a Saúl, este dijo: «¿Es esta tu voz, David, hijo mío?»
Saúl levantó la voz llorando. Y siguió diciendo:
«Eres mejor que yo, pues tú me tratas bien, mientras que yo te trato mal. Hoy has puesto de manifiesto tu bondad para conmigo, pues el Señor me había puesto en tus manos y tú no me has matado. ¿Si uno encuentra a su enemigo, le deja seguir por las buenas el camino? Que el Señor te recompense el favor que hoy me has hecho. Ahora sé que has de reinar y que en tu mano se consolidará la realeza de Israel»
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
Este pasaje nos instruye sobre dos aspectos importantes en nuestra vida, los cuales están de manera ordinaria ligados entre sí: el perdón y la confianza en Dios.
En esta rica lectura vemos a David que, pudiendo tomar venganza de alguien que sólo se había dedicado a hacerle la vida difícil, e incluso que ha decidido matarlo, lo perdona, pues se sabe inocente y pone toda su confianza en Dios. Pone su confianza en Dios, que juzga rectamente y que no permitirá que la injusticia se cierna sobre él, evitando de esta manera, darle lugar en su corazón a la venganza.
Esta enseñanza, puede ayudarnos a vivir en situaciones parecidas cuando, en nuestro medio de trabajo o en nuestra familia, llegado el momento, la circunstancias se invierten y de perseguidos, nos podemos convertir en perseguidores y vengarnos de alguien que en su momento buscó o que nos causó daño. La vida da muchas vueltas y es necesario recordar que la justicia corresponde sólo a Dios, y que nosotros como cristianos, debemos, como Jesús, perdonar a los que nos persiguen.
Esta actitud siempre traerá paz y sosiego a nuestro corazón. Recuerda que el perdón y la confianza total en Dios son, quizás, los principales signos que nos identifican como auténticos seguidores de Jesús.
Salmo responsorial
Sal 56, 2. 3-4. 6 y 11
R. Misericordia, Dios mío, misericordia.
- Misericordia, Dios mío, misericordia, que mi alma se refugia en ti; me refugio a la sombra de tus alas mientras pasa la calamidad. R.
- Invoco al Dios altísimo, al Dios que hace tanto por mí. Desde el cielo me enviará la salvación, confundirá a los que ansían matarme, enviará su gracia y su lealtad. R.
- Elévate sobre el cielo, Dios mío, y llene la tierra tu gloria. Por tu bondad, que es más grande que los cielos; por tu fidelidad, que alcanza a las nubes. R.
Aclamación antes del Evangelio
2 Cor 5, 19ac
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, y ha puesto en nosotros el mensaje de reconciliación. R.
EVANGELIO
Llamó a los que quiso
para que estuvieran con él
Lectura del santo Evangelio
según san Marcos 3, 13-19
En aquel tiempo, Jesús subió al monte, llamó a los que quiso y se fueron con él.
E instituyo doce para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar, y que tuvieran autoridad para expulsar demonios:
Simón, a quien puso de nombre Pedro, Santiago el de Zebedeo y Juan, el hermano de Santiago, a quienes puso el nombre de Boanerges, es decir hijos del trueno, Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el de Caná y Judas Iscariote, el que lo entregó.
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
Dice el Evangelio que el Señor subió al monte y llamó a los que Él quiso. Ya anteriormente recuerdo haber tenido oportunidad de compartirles sobre la elección de los Doce y haber comentado cómo esto no fue precisamente un proceso de reclutamiento, no fue una convocatoria o un casting para ver quién era el más capaz. La elección fue una invitación personal y directa.
A veces creemos que para que Dios nos tome en cuenta tenemos que haber logrado grandes cosas o tener una vida impecable, pero este pasaje nos enseña que la iniciativa siempre es de Él. Algo que debemos entender es que nuestra fe no se trata de buscar a Dios con nuestras fuerzas sino de responderle a ese llamado que Él ya nos hizo, simplemente porque quiso y porque nos ama.
Hay un detalle en el texto que es clave. Jesús los eligió primero para que estuvieran con Él y después para enviarlos a predicar. Vivimos en una sociedad que nos presiona por hacer cosas todo el tiempo, por ser productivos y dar resultados y, a veces, trasladamos eso a nuestra relación con Dios, a nuestra vida espiritual.
Pensamos que ser un buen cristiano es solo trabajar mucho en la Iglesia o ayudar a los demás, pero nos olvidamos de lo principal: ser cristianos, ser sus discípulos, es ser amigos de Jesús, estar con Él. Ninguna misión, ningún trabajo tiene sentido si primero no pasamos tiempo con Él, escuchándolo y conociéndolo. Antes de hacer, el Señor nos invita a ser sus discípulos.
Si revisas la lista de los elegidos, te darás cuenta de que era un grupo de lo más variado: pescadores, un cobrador de impuestos, gente con temperamentos fuertes; no eran los más santos ni los más preparados del pueblo, eran personas comunes, con errores y dudas, como cualquiera de nosotros. Esto nos da una esperanza enorme hoy en día.
Dios no busca personas perfectas para hacer su obra, busca corazones dispuestos. Él conoce tu nombre, conoce tu historia y aun así te llama para estar con Él y para que lleves su luz a toda tu familia, a tu trabajo, a toda la sociedad y a todo el mundo.
No te enfoques tanto en lo que tienes que hacer por Dios sino en estar con Él, busca más momentos en el monte para estar con Él; no le pidas nada, solo dile: ‘Señor, aquí estoy para estar contigo, gracias por llamarme por mi nombre’. Deja que esa cercanía sea la que te dé fuerzas para todas tus tareas, para toda tu vida.
Antífona de comunión
Padre, te pido por los que van a creer en mí, para que todos sean uno en nosotros y el mundo crea que tú me has enviado, dice el Señor.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Habiendo recibido el sacramento de la unidad, concede, Señor, a quienes hemos convivido hoy en tu casa en santa concordia, que poseamos aquella paz que hemos dado y conservemos la que hemos recibido. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oración
Señor Dios, tú que instituyes hombres para que nos conduzcan por el camino de la verdad y la justicia, haz que guiados por nuestros jefes, a imitación de tu Hijo Jesucristo, el hombre fiel a tu palabra y dócil a tus designios, alcancemos la corona prometida a quienes cumplen tu voluntad.
Acción
El día de hoy romperé la cadena del mal y haré el bien a los que me dañan, pediré en oración por los que me hieren y dedicaré tiempo a quienes más amo.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
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