Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Martes, 6 de enero de 2026.


Tiempo Litúrgico: Navidad. Semana II - Feria.
   Color del día: Blanco.  


Memoria libre: San Andrés Bessette.

Antífona de entrada
Sal 117, 26-27

Bendito el que viene en nombre del Señor. El Señor es Dios, él nos ilumina.

Oración colecta

Señor Dios, cuyo Unigénito se manifestó en la realidad de nuestra carne, concédenos, por aquel que hemos conocido semejante a nosotros en lo exterior, que merezcamos quedar interiormente renovados. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Dios es amor

Lectura de la primera carta
del apóstol san Juan 4, 7-10

Queridos hermanos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor.

En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Unigénito, para que vivamos por medio de él.

En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados.

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

Hoy en día se insiste mucho en el amar de una forma activa, como si se tratara de un imperativo: debemos amar y amarnos. Sin embargo, la Sagrada Escritura insiste continuamente en lo contrario, en usar esta expresión en forma pasiva: dejarnos amar. San Juan, en este pasaje, claramente nos dice que es precisamente Dios el que nos ama y que este amor que recibimos de él, es el que nos capacita para que podamos nosotros amarlo a él y amarnos entre nosotros.

Cuando el hombre no se dispone y no se abre a este amor, el esfuerzo por amar se traduce en insatisfacción y frustración, pues sólo el amor de Dios es capaz de movernos al verdadero amor. Es por ello que la vida espiritual en la vida del hombre es fundamental, ya que en ella es en donde Dios se manifiesta a nosotros con su amor.

San Pablo, en su carta a los Romanos, nos dice que "el amor de Dios se ha derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo". Esta expresión completa lo que hoy nos refiere san Juan, ya que para nosotros, los cristianos, esta fuerza para amar se ve perfeccionada por la inhabitación del Espíritu en nuestra alma.

Es con este amor con el que tenemos que amarnos unos a otros. Por ello, una familia que lleva una relación fuerte y profunda con Dios, establece entre sus miembros un vínculo indestructible y una relación amorosa y tierna. Abramos nuestro corazón a Dios y permitamos que sea él quien nos ame, para con ese amor también amar nosotros.

Salmo responsorial
Sal 71, 1-2. 3-4ab. 7-8

R. Se postrarán ante ti, Señor,
todos los pueblos de la tierra.
  • Dios mío, confía tu juicio al rey, tu justicia al hijo de reyes, para que rija a tu pueblo con justicia, a tus humildes con rectitud. R.
  • Que los montes traigan paz, y los collados justicia; defienda a los humildes del pueblo, socorra a los hijos del pobre. R.
  • En sus días florezca la justicia y la paz hasta que falte la luna; domine de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra. R.

Aclamación antes del Evangelio
Lc 4, 18

R. Aleluya, Aleluya, Aleluya.

El Señor me ha enviado para llevar a los pobres la buena nueva y anunciar la liberación a los cautivos. R.

EVANGELIO
Al multiplicar los panes
Jesús se manifiesta como profeta

Lectura del santo evangelio
según san Marcos 6, 34-44

En aquel tiempo, Jesús vio una multitud y se compadeció de ella, porque andaban como ovejas que no tienen pastor; y se puso a enseñarles muchas cosas.

Cuando se hizo tarde se acercaron sus discípulos a decirle: «Estamos en despoblado y ya es muy tarde. Despídelos, que vayan a los cortijos y aldeas de alrededor y se compren de comer».

Él les replicó: «Dadles vosotros de comer».

Ellos le preguntaron: «¿Vamos a ir a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?».

Él les dijo: «¿Cuántos panes tenéis? Id a ver».

Cuando lo averiguaron le dijeron: «Cinco, y dos peces».

Él les mandó que la gente se recostara sobre la hierba verde en grupos. Ellos se acomodaron por grupos de cien y de cincuenta.

Y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los iba dando a los discípulos para que se los sirvieran. Y repartió entre todos los dos peces.

Comieron todos y se saciaron, y recogieron las sobras: doce cestos de pan y de peces.

Los que comieron eran cinco mil hombres.

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

Este pasaje del Evangelio comienza con un gran detalle de Jesús. Dice que al ver a la multitud, sintió compasión de ellos porque estaban como ovejas sin pastor. Me impresiona que Jesús, aun estando cansado y buscando un momento de descanso con sus apóstoles, no ve a la gente como una interrupción, sino como una necesidad que debe ser atendida. 

Lo primero que hace no es darles de comer, sino que se pone a enseñarles. Esto nos hace recordar que nuestra primera necesidad es siempre la necesidad espiritual. El Señor sabe que antes de llenar el estómago, necesitamos que su Palabra llene nuestro corazón y nos dé dirección. 

Veamos ahora cuál es nuestra realidad frente a los problemas de los demás. Los discípulos, al ver que se hacía tarde, le sugieren a Jesús que despida a la gente para que vayan a comprar comida. Era la salida más fácil: que cada quien resuelva su problema, pero Jesús los desafía con una frase que los sacude: ‘denles ustedes de comer’. 

A veces nos pasa lo mismo. Vemos la necesidad de un vecino, de un familiar o de alguien en la calle y pensamos que alguien más se hará cargo, que a nosotros no nos toca. Jesús nos invita a no dar la espalda, a involucrarnos y a entender que nuestra fe también se traduce en ser generosos con los demás.

El milagro ocurre cuando los discípulos revisan lo que tienen: cinco panes y dos peces, ¿y qué es esto para tanta gente? Sin embargo, Jesús toma ese poco, da gracias y el milagro sucede: todos comieron hasta quedar satisfechos y hasta sobró. ¡Qué gran lección! 

A veces dejamos de ayudar porque pensamos que lo que tenemos es muy poco: poco dinero, poco tiempo o poco talento. Pero la clave no es la cantidad, sino en manos de quién lo ponemos. Si ponemos nuestro poco en las manos de Dios, Él lo bendice y lo multiplica de formas que no podemos ni imaginar. 

Esta semana, si tienes oportunidad, busca compartir algo de aquello que sientas que es escaso en tu vida. No tiene que ser solo dinero, puede ser compartir quince minutos de tu tiempo con alguien que se siente solo o compartir un poco de tu comida con alguien que lo necesita. Confía en que Dios hará que ese pequeño gesto rinda mucho más de lo que esperas. 

Antífona de comunión
Cf. Ef 2, 4; Rom 8, 3

Por el gran amor con que nos amó, Dios envió a su propio Hijo con una naturaleza semejante a la del pecado.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Oración después de la comunión

Señor Dios, que nos unes a ti al permitirnos participar en tus sacramentos, realiza su poderoso efecto en nuestros corazones, y que la misma recepción de este don tuyo nos haga más dignos de seguirlo recibiendo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración

Gracias, Señor, por tu amor profundo y tremendamente superior a lo que pudiera haber esperado. Tu amor es mi inspiración y me impulsa a amar y a darme a los demás. No permitas, Jesús, que olvide el amor incomparable, personal, fiel, eterno e incondicional con que me amas.

Acción

Hoy repetiré a las más personas que pueda, que Dios les ama.

Fuentes:
Frailes Dominicos de España, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).