Tiempo Litúrgico: Navidad. Semana II - Feria.
Color del día: Blanco.
Memoria libre: San Raimundo de Peñafort, presbítero.
Antífona de entrada
Is 9,1
El pueblo que caminaba en tinieblas, vio una gran luz. Sobre los que vivían en tierra de sombras, una luz resplandeció.
Oración colecta
Señor Dios, luz que ilumina a todas las naciones, concede a todos los pueblos gozar de paz duradera e infunde en nuestros corazones aquella maravillosa luz que encendiste en el corazón de nuestros padres. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Si nos amamos unos a otros,
Dios permanece en nosotros.
Lectura de la primera carta
del apóstol san Juan 4, 11-18
Queridos hermanos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros.
A Dios nadie lo ha visto nunca. Si nos amarnos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud.
En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo para ser Salvador del mundo.
Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios.
Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él.
Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él.
En esto ha llegado el amor a su plenitud con nosotros: en que tengamos confianza en el día del juicio, pues como él es, así somos nosotros en este mundo.
No hay temor en el amor, sino que el amor perfecto expulsa el temor, porque el temor mira el castigo; quien teme no ha llegado a la plenitud en el amor.
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
Uno de los elementos más maravillosos que Jesús trajo a nuestras vidas es el amor de Dios, ya que con ello, como hoy nos los dice el apóstol, llega también a nuestro corazón la paz. Una paz profunda de saber que él está con nosotros y que con nosotros caminará hasta que lleguemos a la casa del Padre.
Para que este amor permanezca en nosotros, nos dice el texto de hoy, que debemos vivir de la misma forma que Jesús vivió, es decir, haciendo la voluntad del Padre, observando su ley y permaneciendo en su amor.
Esta es la clave que crea en nosotros la paz, pues, quien vive haciendo la voluntad de Dios, vive en él y él vive en nosotros. Por eso no tememos y vivimos con tranquilidad. Una vida llena de Dios será una vida en paz y de alegría, pues ésta es una vida llena de amor.
No nos desanimemos en el camino del Evangelio, en el seguimiento de Cristo, en buscar con todas nuestras fuerzas el hacer su voluntad, cierto que no siempre es fácil, sin embargo, busquemos complacer a nuestro amado Dios en todo lo que podamos.
Recordemos que la recompensa de esto será siempre la paz interior y una felicidad maravillosa que Dios mismo creará en nuestra vida y en nuestros ambientes. Vivamos como Jesús vivió.
Salmo responsorial
Sal 71, 1-2. 10-11. 12-13
R. Se postrarán ante ti, Señor,
todos los pueblos de la tierra.
- Dios mío, confía tu juicio al rey, tu justicia al hijo de reyes, para que rija a tu pueblo con justicia, a tus humildes con rectitud. R.
- Los reyes de Tarsis y de las islas le paguen tributo. Los reyes de Saba y de Arabia le ofrezcan sus dones; póstrense ante él todos los reyes, y sírvanle todos los pueblos. R.
- Él librará al pobre que clamaba, al afligido que no tenía protector; él se apiadará del pobre y del indigente, y salvará la vida de los pobres. R.
Aclamación antes del Evangelio
Cf. 1 Tim 3, 16
R. Aleluya, Aleluya, Aleluya
Gloria a ti, Cristo Jesús, que has sido proclamado a las naciones. Gloria a ti, Cristo Jesús, que has sido anunciado al mundo. R.
EVANGELIO
Lo vieron andar sobre el mar
Lectura del santo evangelio
según San Marcos 6, 45-52
Después de haberse saciado los cinco mil hombres, Jesús enseguida apremió a los discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran hacia la orilla de Betsaida, mientras él despedía a la gente. Y después de despedirse de ellos, se retiró al monte a orar.
Llegada la noche, la barca estaba en mitad del mar y Jesús, solo, en tierra.
Viéndolos fatigados de remar, porque tenían viento contrario, a eso de la cuarta vigilia de la madrugada, fue hacia ellos andando sobre el mar, e hizo ademán de pasar de largo.
Ellos, viéndolo andar sobre el mar, pensaron que era un fantasma y dieron un grito, porque todos lo vieron y se asustaron.
Pero él habló enseguida con ellos y les dijo: «Animo, soy yo, no tengáis miedo».
Entró en la barca con ellos y amainó el viento.
Ellos estaban en el colmo del estupor, pues no habían comprendido lo de los panes, porque tenían la mente embotada.
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
Tenían la mente embotada. Así nos puede pasar a nosotros. Después de ver el gran milagro de que Dios se hace un niño indefenso, después de ver a la Santísima Virgen que acoge a ese niño, a ese Mesías en sus brazos, podemos seguir teniendo la mente embotada. Pero las palabras de Cristo nos consuelan, ¡Ánimo!, no teman. Las palabras ‘no tengan miedo’ aparecen en las Sagradas Escrituras con muchísima frecuencia.
Hoy Cristo nos sale al encuentro y nos dice: ‘no tengan miedo, soy yo’. Los apóstoles acababan de ver la multiplicación de los cinco panes y los dos peces. No había pasado ni un solo día. Nosotros llevamos casi catorce días del gran milagro, del gran acontecimiento, pero se nos embota la mente y Cristo nos dice: ‘no tengan miedo, soy yo’.
Los apóstoles tenían el corazón endurecido, no lograban ver las gracias y las bendiciones. Que a nosotros no nos pase lo mismo, que no se nos olvide que no vamos caminando solos. Cristo siempre está presente a nuestro lado, aunque la barca se meza más de lo normal, aunque las olas, los problemas, azoten con fuerza, aunque los vientos, las pasiones, los sentimientos sean fuertes, jamás olvidar que Cristo sale a mi encuentro y me dice: ‘no tengas miedo, soy yo. Confía’.
Él no permitirá que mi barca se hunda. Confiar en Él. Para ello hay que tener el corazón abierto, sensible a su presencia en mi vida. Poner a los pies de Cristo todos mis problemas, preocupaciones, dificultades del día de hoy con la confianza y certeza que Él se encargará de ello.
Antífona de comunión
Cf. 1 Jn 1, 2
La vida, que estaba junto al Padre, se manifestó a nosotros y nosotros la hemos visto.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Señor, que tu pueblo, al que diriges con variados auxilios, obtenga de tu misericordia la ayuda presente y la futura, para que, recibiendo el necesario consuelo de las cosas pasajeras, más confiadamente aspire a las eternas. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oración
Señor, tu inconmensurable amor ha echado fuera de mí mis grandes miedos, el miedo a la muerte, pues sé que solo es la entrada a la eternidad contigo; el miedo a la desaprobación de la gente, pues lo que más me importa es lo que tú piensas de mí.
Sin embargo, reconozco que aún hay temores arraigados y de los cuales estoy seguro de que la razón es que no he dejado que la seguridad de tu amor penetre hasta esas áreas; por eso, Dios mío, te entrego mis temores y te pido que los tornes en un derramamiento profundo y sanador por tu gran amor.
Acción
Hoy rechazaré cada sensación de temor en mi vida y por cada una de esas sensaciones traeré a mis labios la frase: "Gracias, Señor, por tu gran amor".
Fuentes:
Frailes Dominicos de España, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
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