Tiempo Litúrgico: Navidad. Semana II - Feria.
Color del día: Blanco.
Memoria libre: San Severino de Nórico.
Antífona de entrada
Cf. Jn 1, 1
En el principio y antes de todos los siglos Dios era Palabra, y la Palabra se dignó nacer como Salvador del mundo.
Oración colecta
Señor, Dios nuestro, que por medio de tu Hijo has hecho brillar la luz eterna de tu divinidad ante todas las naciones, haz que tu pueblo conozca en plenitud la gloria de Cristo, su Redentor, para que, así, alcance la claridad que no tiene ocaso. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Quien ama a Dios,
ame también a su hermano
Lectura de la primera carta
del apóstol san Juan 4, 19–5, 4
Queridos hermanos:
Nosotros amemos a Dios, porque él nos amó primero.
Si alguno dice: «Amo a Dios», y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve.
Y hemos recibido de él este mandamiento: quien ama a Dios, ame también a su hermano.
Todo el que cree que Jesús es el cristo ha nacido de Dios; y todo el que ama al que da el ser ama también al que ha nacido de él.
En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios: si amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos.
Pues en esto consiste el amor de Dios: en que guardemos sus mandamientos. Y sus mandamientos no son pesados, pues todo lo que ha nacido de Dios vence al mundo. Y lo que ha conseguido la victoria sobre el mundo es nuestra fe.
Palabra de Dios
Reflexión sobre la Primera Lectura
Mucha gente tiene la idea de que el cristianismo es una doctrina de la "negación", de la restricción y esto los desanima a participar activamente de ella. Sin embargo, esto es falso, al contrario, es la religión del amor, del "sí" total, de la apertura a la libertad. Los mandamientos, como nos lo dice hoy san Juan, "no son pesados" porque en ellos descubrimos, no una medida restrictiva, sino una protección para nuestra felicidad.
Cada uno de los mandamientos asegura nuestra felicidad y la paz en el alma. Sin embargo, para el mundano, para el que, sin importar las consecuencias, desea hacer siempre lo que le viene en gana, lo que sus pasiones le inspiran, por supuesto que encontrará en el cristianismo una religión que lo restringe, que no le permite hacer lo que sus pasiones querrían.
Es necesario entrar en el misterio de Dios, y desde ahí, comprender que cada uno de los mandamientos de la Ley expresan el amor de un Padre que ama a su hijo y busca por todas las formas, protegerlo contra lo más destructor que hay en él: sus pasiones.
Quien inicia una vida en Cristo, poco a poco, el Espíritu Santo le irá dando la libertad que le hará ver el pecado como lo que realmente es: una trampa mortal para nuestra vida en la tierra y en la futura; desde ahí descubrirá el amor que Dios ha tenido al prevenirnos sobre todo aquello que nos perjudica.
Realmente para el hombre nuevo, nacido del Espíritu, la ley no es pesada, es una hermosa herramienta que nos ayuda a discernir las áreas de peligro para alejarnos de ellas.
Salmo responsorial
Sal 71, 1-2. 14 y 15bc. 17
R. Se postrarán ante ti, Señor,
todos los pueblos de la tierra.
- Dios mío, confía tu juicio al rey, tu justicia al hijo de reyes, para que rija a tu pueblo con justicia, a tus humildes con rectitud. R.
- Él rescatará sus vidas de la violencia, su sangre será preciosa a sus ojos. Recen por él continuamente y lo bendigan todo el día. R.
- Que su nombre sea eterno, y su fama dure como el sol; él sea la bendición de todos los pueblos, y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra. R.
Aclamación antes del Evangelio
Lc 4, 18
R. Aleluya, aleluya, aleluya
El Señor me ha enviado para llevar a los pobres la buena nueva y anunciar la liberación a los cautivos. R.
EVANGELIO
Hoy se ha cumplido esta escritura
Lectura del santo evangelio
según San Lucas 4, 14-22a
En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca.
Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan.
Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el rollo del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:
«El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor».
Y, enrollando el rollo y devolviéndolo al que lo ayudaba, se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos clavados en él. Y él comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír».
Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de su boca.
Reflexión sobre el Evangelio
Hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la Escritura. Qué fuerte declaración de Jesucristo frente a sus contemporáneos. El Señor está afirmando, en una sinagoga, que las profecías de Isaías se estaban cumpliendo en Él. Y en esas palabras, encontramos gran parte de la identidad de Cristo y de su misión.
Primero que nada, nos revelan que Él es el portador del Espíritu de Dios, que Él es su Ungido y que ha venido al mundo para anunciar la Buena Nueva, es decir, para llevar el Evangelio a los pobres y para liberar a los oprimidos.
¡Ojo aquí!, que no ha dicho para alimentar a los pobres, sino para llevarles la Buena Nueva, es decir, para comunicar a los pobres la verdad sobre Dios, sobre el hombre y sobre el correcto modo de relacionarse con ambos; la verdad en materia de pecado y de gracia.
Porque Cristo no ha venido a hacer caridad ni a transformar las estructuras sociales. Él no era solo un buen líder social, sino que ha venido a rescatarnos del pecado, de la muerte y del dominio del demonio.
Ahora bien, como consecuencia de ello, las relaciones interpersonales de quienes se dejan rescatar por Cristo, claro que tienden a cambiar. ¡Tienen que cambiar!, tienen que armonizarse, que guiarse por la enseñanza y la persona de Jesús, pues la nueva medida del amor es la cruz misma. El cambio social y la caridad son, entonces, consecuencia necesaria, pero nunca el fin.
El fin, lo dice el Señor en la cita que ha hecho de Isaías, es la liberación de los cautivos y los oprimidos y la curación de los ciegos. Y si bien, el Señor Jesús ha sanado a muchos de sus enfermedades físicas, el fin nunca fue erradicar la enfermedad en sí o de lo contrario, ya nadie se enfermaría, sino que cada curación era para suscitar las alabanzas a su Padre y la conversión de los pecadores.
La liberación principal, que ha venido a traernos no era la de Roma o de algún otro poder político, es la del pecado; y la ceguera que viene a curar, es la del alma frente a Dios.
Y esto ha sido posible cargando sobre sí, toda la consecuencia de nuestro pecado en la cruz y destruyendo su poder con la Resurrección. Pero, Cristo en la cruz, ha entregado el Espíritu Santo y en Pentecostés lo ha derramado a su Iglesia en plenitud. Tú, por tu Bautismo y Confirmación, has recibido ese mismo Espíritu, has sido ungido o ungida por Dios y esto te hace partícipe de la misión de Cristo.
¡Sí! También tú eres enviado o enviada ahora a anunciar el Evangelio, a anunciar que solo Jesucristo salva de la esclavitud del pecado, de las modas presentes, del egoísmo, del demonio, de la muerte en vida y de la muerte eterna.
Ahora, tú también eres enviado o enviada a dar la Buena Nueva del Padre amoroso que sostiene nuestra existencia y anhela el encuentro con cada uno de nosotros; a dar la Buena Nueva de Dios que, por amor, se ha encarnado para dar la vida en la cruz por nosotros, y de Dios amor en la persona del Espíritu Santo, que se derrama a través de los Sacramentos, para hacernos capaces del amor de Dios y de amar con y como Dios.
¿Estás viviendo tu identidad de cristiano y tu misión?
Antífona de comunión
Jn 3, 16
Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Concédenos, Dios todopoderoso, que la eficacia de estos sagrados misterios constantemente fortalezca nuestra vida. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oración
Señor, te pido que me enseñes a concretar ese amor en dos cosas específicas, la primera, en aprender a descubrirte en las personas: hazme verte en ellas y actuar en consecuencia; y la segunda es que me des una convicción absoluta de amar y cumplir tus mandamientos, pues sé que son vida y verdad, y sobre todo, sé que son la única verdadera demostración de mi amor y confianza en ti.
Acción
Hoy repasaré los mandamientos y pasaré tiempo de calidad con las personas que convivo a diario, especialmente con aquellas que normalmente rehúyo.
Fuentes:
Frailes Dominicos de España, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
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