Tiempo Litúrgico: Navidad. Semana II - Feria.
Color del día: Blanco.
Memoria libre: Santos Julián y Basilisa, esposos.
Antífona de entrada
Cf. Sal 111, 4
En las tinieblas brilla como una luz: el Señor que es justo, clemente y compasivo.
Oración colecta
Dios todopoderoso, concédenos que el nacimiento del Salvador del mundo, anunciado por una estrella, se manifieste y crezca siempre en nuestros corazones. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
El Espíritu, el agua y la sangre
Lectura de la primera carta
del apóstol san Juan (1 Jn 5, 5-13)
Queridos hermanos:
¿Quién es el que vence al mundo sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?
Este es el que vino por el agua y la sangre: Jesucristo.
No solo en el agua, sino en el agua y en la sangre; y el Espíritu es quien da testimonio, porque el Espíritu es la verdad.
Porque tres son los que dan testimonio: el Espíritu, el agua y la sangre, y el testimonio de los tres es único.
Si aceptamos el testimonio humano, mayor es el testimonio de Dios. Pues este es el testimonio de Dios, que ha dado testimonio acerca de su Hijo. El que cree en el Hijo de Dios tiene el testimonio en sí mismo.
Quien no cree a Dios lo hace mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo. Y este es el testimonio: Dios nos ha dado vida eterna, y esta vida está en su Hijo. Quien tiene al Hijo tiene la vida, quien no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.
Os he escrito estas cosas a los que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que os deis cuenta de que tenéis vida eterna.
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
Vencer al mundo no significa aquí derrotarlo como a enemigo, sino ganarlo como amigo, porque Dios quiere que todos los hombres se salven y envió a su Hijo para que el mundo se salve por él, por tanto, debemos entender que vencer al mundo significa ganarlo para Dios, así como Jesús se nos presenta como salvador por todos. Vence al mundo aquél que cree que Jesús nos muestra plenamente a Dios y no una parte de él como los antiguos profetas.
El testimonio de Jesús lo ve la iglesia presentado en los sacramentos del bautismo y de la eucaristía, por eso Juan habla de la manifestación de Jesús mediante el agua y la sangre, porque son el momento de su bautismo y de su muerte los constitutivos de la realidad de la iglesia.
Sin embargo, el Espíritu Santo es quien da testimonio de la filiación divina de Jesús, por eso nos decía San Pablo que el Espíritu es quien nos impulsa a llamar a Dios Abba y a Jesús Señor, porque es el Espíritu el que suscita la fe en nosotros a la predicación de Jesús y al llamado del Padre.
Son el Espíritu Santo, el bautismo y la eucaristía los portadores y continuadores de la vida cristiana, pero también son el anticipo de la vida eterna a la que todos los hombres estamos llamados y que podemos hacer nuestra, mediante la docilidad al Espíritu Santo y la fidelidad al evangelio de Jesús.
Salmo responsorial
Sal 147, 12-13. 14-15. 19-20
R. Glorifica al Señor, Jerusalén.
- Glorifica al Señor, Jerusalén; alaba a tu Dios, Sion. Que ha reforzado los cerrojos de tus puertas, y ha bendecido a tus hijos dentro de ti. R.
- Ha puesto paz en tus fronteras, te sacia con flor de harina. Él envía su mensaje a la tierra, y su palabra corre veloz. R.
- Anuncia su palabra a Jacob, sus decretos y mandatos a Israel; con ninguna nación obró así, ni les dio a conocer sus mandatos. R.
Aclamación antes del Evangelio
Cf. Mt 4, 23
R. Aleluya, Aleluya. Aleluya.
Jesús proclamaba el evangelio del reino, y curaba toda dolencia del pueblo. R.
EVANGELIO
Y enseguida la lepra se le quitó
Lectura del santo Evangelio
según san Lucas (Lc 5, 12-16)
Sucedió que, estando Jesús en una de las ciudades, se presentó un hombre lleno de lepra; al ver a Jesús, cayendo sobre su rostro, le suplicó diciendo: «Señor, si quieres, puedes limpiarme».
Y extendiendo la mano, lo tocó diciendo: «Quiero, queda limpio».
Y enseguida la lepra se le quitó.
Y él le ordenó no comunicarlo a nadie; y le dijo: «Ve, preséntate al sacerdote y ofrece por tu purificación según mandó Moisés, para que les sirva de testimonio».
Se hablaba de él cada vez más, y acudía mucha gente a oírlo y a que los curara de sus enfermedades.
Él, por su parte, solía retirarse a despoblado y se entregaba a la oración.
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
Nos cuenta el Evangelio que un hombre lleno de lepra, al ver a Jesús, se postró rostro en tierra y le suplicó: ‘Señor, si quieres puedes curarme’. Me llama mucho la atención la humildad y la fe de este hombre. En aquel tiempo, la lepra no solo era una enfermedad física, sino también una condena social y espiritual. Los leprosos eran apartados de todos.
Sin embargo, él no llega exigiendo un milagro, sino que se rinde totalmente a la voluntad de Jesús. Su oración es perfecta, reconoce el poder de Jesús en el ‘puedes’, pero respeta su voluntad en el ‘si quieres’. Es un recordatorio de que, acercarnos a Dios, requiere reconocer nuestra necesidad y confiar en su voluntad por encima de la nuestra.
La respuesta de Jesús es inmediata, estiró la mano y lo tocó. Según la ley de esa época, tocar a un leproso hacía que uno quedara impuro, pero a Jesús no le importa romper las reglas con tal de restaurar la dignidad de una persona. Con ese toque Él le está diciendo que ya no está solo ni rechazado: ‘quiero, queda limpio’, le dice, y al instante la lepra desaparece.
Muchas veces nosotros nos sentimos como el leproso cargando culpas, vergüenzas o pecados que nos hacen sentir lejos de Dios, pero este pasaje nos enseña que no hay nada tan sucio en nosotros que el toque de Jesús no pueda sanar; Él no nos mira con desprecio, sino con una compasión que busca restaurarnos por completo.
Finalmente, el pasaje nos dice que, aunque la fama de Jesús crecía, Él solía retirarse a lugares solitarios para orar. Esto es algo que debemos recordar siempre. Hasta Jesús necesitaba ese tiempo a solas con el Padre. A veces nos dejamos llevar por el activismo, por los problemas o incluso por las bendiciones que recibimos y nos olvidamos de la fuente y el origen de las gracias que residen en Él.
La verdadera fuerza para enfrentar nuestra realidad y para ser testimonio ante los demás nace de esos momentos de intimidad con Dios. Si queremos que nuestra vida refleje la limpieza que Jesús ha hecho en nosotros, necesitamos como Él, buscar ese espacio de silencio para hablar con nuestro Padre Celestial.
Antífona de comunión
1 Jn 4, 9
En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Unigénito para que vivamos por medio de él.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Oh, Dios, que llegas hasta nosotros al participar en tu sacramento, realiza en nuestros corazones el efecto de su poder, para que, al recibirlo, nos haga dignos del don que nos haces. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oración
Padre lleno de amor, que nos llamas constantemente a la vida eterna por medio de tu Hijo Jesucristo y el don de tu Espíritu, concédenos ser siempre dóciles a su llamado y fieles al evangelio de tu Hijo para que merezcamos, algún día, gozar eternamente en el cielo de la vida eterna que nos ofreces ya desde ahora en tu Hijo amado.
Acción
El día de hoy seré fiel a Dios sirviendo a mis hermanos, sobre todo a los más cercanos a mí.
Fuentes:
Evangelización Activa, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
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