Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Domingo, 1 de febrero de 2026.


Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana IV.
   Color del día: Verde.  


Antífona de entrada
Sal 105, 47

Sálvanos, Señor y Dios nuestro; reúnenos de entre las naciones, para que podamos agradecer tu poder santo y nuestra gloria sea alabarte.


Oración colecta

Concédenos, Señor Dios nuestro, adorarte con toda el alma y amar a todos los hombres con afecto espiritual. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Dejaré en medio de ti un
pueblo humilde y pobre

Lectura de la profecía de
Sofonías 2, 3; 3, 12-13

Buscad al Señor, los humildes de la tierra, los que practican su derecho, buscad la justicia, buscad la humildad, quizá podáis resguardaros el día de la ira del Señor.

Dejaré en ti un resto, un pueblo humilde y pobre que buscará refugio en el nombre del Señor.

El resto de Israel no hará más el mal, no mentirá ni habrá engaño en su boca.

Pastarán y descansarán, y no habrá quien los inquiete.

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

Después de la invasión de Senaquerib en el año 700 a.C., Judá vive un momento de profunda decadencia política y religiosa, marcado por la corrupción social y la indiferencia hacia la fe. Sin embargo, en medio de la oscuridad, siempre hay esperanza. Llega a Judá el rey Josías, quien inicia un movimiento de restauración en todos los ámbitos.

El profeta Sofonías colabora con Josías en esta renovación. En su mensaje aparece una idea clave: la ira del Señor (cf. Sof 2,3). Dios purifica a su pueblo; a Él se le ha de rendir cuentas, y surge la necesidad de un tiempo de penitencia y conversión.

No todos atenderán este llamado a volver al Señor, pero un "resto" sí. Esos pocos, caracterizados por su humildad y pobreza, estarán más dispuestos a seguir al Señor (cf. Sof 3,12), evitando la injusticia y la falsedad (cf. Sof 3,13).

Estos últimos suelen no llamar la atención ni estar al frente de grandes empresas. Más aún, suelen ser los que no tienen voz y a quienes normalmente se les excluye. Sin embargo, son ellos quienes mueven el mundo y desconciertan a los prepotentes y arrogantes de la historia.

Para reflexionar:

¿Tengo un verdadero sentido de conversión y de necesidad del Señor? ¿Me esfuerzo por ser una persona que evite la injusticia y practique la lealtad?
 
ORACIÓN: Ayúdame, Señor, a tener una verdadera apertura de corazón a ti. Amén.

Salmo responsorial
Sal 145, 6c-7. 8-9a. 9bc-10

R. Bienaventurados los pobres
en el espíritu, porque de ellos
es el reino de los cielos.
  • El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente, hace justicia a los oprimidos, da pan a los hambrientos. El Señor liberta a los cautivos. R.
  • El Señor abre los ojos al ciego, el Señor endereza a los que ya se doblan, el Señor ama a los justos. El Señor guarda a los peregrinos. R.
  • Sustenta al huérfano y a la viuda y trastorna el camino de los malvados. El Señor reina eternamente, tu Dios, Sión, de edad en edad. R.

SEGUNDA LECTURA
Dios ha escogido lo débil del mundo

Lectura de la primera carta del apóstol
san Pablo a los Corintios 1, 26-31

Fijaos en vuestra asamblea, hermanos, no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas; sino que, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios, y lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar lo poderoso.

Aún más, ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta, para anular a lo que cuenta, de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor.

A él se debe que vosotros estéis en Cristo Jesús, el cual se ha hecho para nosotros sabiduría, de parte de Dios, justicia, santificación y redención.

Y así – como está escrito -: «el que se gloríe, que se gloríe en el Señor».

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Segunda Lectura

Pablo busca deshacer los bandos que se han formado en la comunidad de Corinto (cf. 1 Cor 1,12). Para lograrlo, expone la teología de la cruz. La fe cristiana no se basa en una idea que el ser humano pueda fabricarse sobre Dios, sino en la adhesión a la Persona de Jesús, y este, crucificado (cf. 1 Cor 1,23).

Si el camino que Dios ha querido para revelarse ha sido el de la humildad y la sencillez —incluso el del escándalo y la locura (cf. 1 Cor 1,23)—, eso significa que quienes comprenden esta verdadera sabiduría divina (cf. 1 Cor 1,26) no deben seguir los cánones que el mundo propone como caminos normales para alcanzar el éxito.

Al contrario, quienes logran sintonizar con la sabiduría de la cruz son aquellos que el mundo considera viles, despreciables y sin ningún tipo de valor (cf. 1 Cor 1,28). Sin embargo, este es el método que Dios ha escogido para confundir a quienes se tienen por sabios y fuertes (cf. 1 Cor 1,27), uniéndonos a Cristo crucificado y convirtiéndolo para todos en justicia, santificación y redención (cf. 1 Cor 1,30).

Para reflexionar:

¿Busco, con asiduidad, acercarme a una mayor comprensión del misterio de la cruz? ¿Me glorío siempre en el Señor, y en Él crucificado, como fuente de mi justificación?

ORACIÓN: Señor, si me glorío, que sea en ti. Amén.

Aclamación antes del Evangelio
Mt 5, 12a

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. R.

EVANGELIO
Bienaventurados
los pobres en el espíritu

Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 5, 1-12a

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:

«Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.

Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo».

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

El capítulo quinto de Mateo es como una gran obertura de una ópera: contiene en germen todo lo que se desarrollará más adelante, y lo hace de manera magistral y con gran potencia. En estos primeros versículos están contenidas las bienaventuranzas, que son —como explicaba el papa Francisco— una especie de "identidad del cristiano", porque dibujan y transmiten, en primer lugar, el rostro de Cristo (cf. Audiencia General, 29/01/20).

Jesús mira a la multitud, sube al monte (cf. Mt 5,1) y se dirige a los discípulos, pero su mirada abarca a las multitudes, es decir, a toda la humanidad. El monte evoca a Moisés en el Sinaí (cf. Ex 24,12), quien recibe los mandamientos. Ahora es Jesús —cuya autoridad como Hijo de Dios excede y supera la de Moisés— quien ofrece una interpretación definitiva y nueva de la Ley. Sus mandamientos son un camino de felicidad.

De hecho, la palabra "bienaventurado" (cf. Mt 5,3-11), con la que inicia cada aclamación, no indica una satisfacción inmediata o momentánea, sino una condición de quien está en camino, de quien progresa en la paciencia, el servicio a los demás, el consuelo, o incluso en las lágrimas y la persecución. En ese progreso radica su felicidad, porque, en el fondo, nos identifica con Aquel que, asumiendo la contradictoria historia de este mundo, la redimió y la orientó definitivamente hacia Dios.

Para reflexionar:

¿En verdad soy alguien feliz? ¿Me esfuerzo por seguir el camino que me propone el Señor?

ORACIÓN: Para seguir el camino que me propones, Señor, te pido que me concedas la gracia de imitar tu ejemplo de pobreza y humildad. Amén.


Antífona de comunión
Mt 5, 3-4

Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos. Dichosos los humildes, porque heredarán la tierra.


Oración después de la comunión

Te rogamos, Señor, que, alimentados con el don de nuestra redención, este auxilio de salvación eterna afiance siempre nuestra fe en la verdad. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).