Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Jueves, 19 de febrero de 2026.


Tiempo Litúrgico: Cuaresma.
Jueves después de Ceniza - Feria
   Color del día: Morado.  

Memoria libre: San Auxibio, obispo.

Antífona de entrada
Cfr. Sal 54, 17-20. 23

Invoqué al Señor, y él escuchó mi voz; me libró de los que me atacaban. Encomienda al Señor lo que te agobia y él te sustentará.

Oración colecta

Te rogamos, Señor, que inspires con tu gracia nuestras acciones y las acompañes con tu ayuda, para que todas nuestras obras tengan siempre en ti su principio y por ti lleguen a buen término. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Mira: yo os propongo hoy
bendición y maldición

Lectura del libro del
Deuteronomio 30, 15-20

Moisés habló al pueblo, diciendo:

«Mira: hoy pongo delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal. Pues yo te mando hoy amar al Señor, tu Dios, seguir sus caminos, observar sus preceptos, mandatos y decretos, y así vivirás y crecerás y el Señor, tu Dios, te bendecirá en la tierra donde vas a entrar para poseerla.

Pero, si tu corazón se aparta y no escuchas, si te dejas arrastrar y te postras ante otros dioses y les sirves, yo os declaro hoy que moriréis sin remedio; no duraréis mucho en la tierra adonde tú vas a entrar para tomarla en posesión una vez pasado el Jordán.

Hoy cito como testigos contra vosotros al cielo y a la tierra. Pongo delante de ti la vida y muerte, la bendición y la maldición. Elige la vida, para que viváis tú y tu descendencia, amando al Señor, tu Dios, escuchando su voz, adhiriéndote a él, pues él es tu vida y tus muchos años en la tierra que juró dar a tus padres Abrahán, Isaac y Jacob».

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

No debemos nunca olvidar que el cristianismo es y ha sido siempre una opción personal. Es por esta adhesión personal que el hombre elige vivir de acuerdo al Evangelio y con ello, como nos lo refiere nuestro texto, elige la Vida.

Por el modo como se ha desarrollado en los últimos siglos nuestra evangelización, nos damos cuenta que esta elección no es una realidad en muchos de nuestros hermanos. Muchos son sólo cristianos por su bautismo, pero no han hecho una opción personal por Cristo y su evangelio. Esto lleva a la frialdad y al desinterés en la vida religiosa y espiritual.

Dios nos propone de nuevo en esta Cuaresma hacer la elección; cada uno de nosotros deberemos tomar la decisión más importante de nuestra vida, la decisión para elegir entre la vida y la muerte. Hagamos un proyecto espiritual para que esta Cuaresma nos ayude a profundizar en nuestra opción por Jesús.

Salmo responsorial
Sal 1, 1-2. 3. 4 y 6

R. Dichoso el hombre que ha
puesto su confianza en el Señor.
  • Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos; sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche. R.
  • Será como un árbol plantado al borde de la acequia: da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin. R.
  • No así los impíos, no así; serán paja que arrebata el viento. Porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los impíos acaba mal. R.

Aclamación antes del Evangelio
Mt 4, 17

R. Gloria a ti, Cristo, Sabiduría de Dios Padre.

Convertíos – dice el Señor -, porque está cerca el reino de los cielos. R.

EVANGELIO
El que pierda su vida
por mi causa la salvará

Lectura del santo Evangelio
según san Lucas 9, 22-25

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día».

Entonces decía a todos:

«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se arruina a sí mismo?».

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

Es necesario que el Hijo del hombre sufra mucho.  ¿Por qué? ¿Por qué era necesario que Cristo sufriera, fuera rechazado y muriera? Por el pecado, y no podremos realmente gozar de los frutos de la resurrección, si no comprendemos la consecuencia del pecado y la necesidad de la muerte de Cristo.

Nuestros primeros padres pecaron y eso creó un desorden en todo ser humano e incluso, en el mismo cosmos. El pecado, cualquier pecado, es toda acción decidida que atenta contra la voluntad amorosa de Dios o contra la dignidad e identidad misma del ser humano, por lo que todo pecado implica una especie de idolatría, de infidelidad, de ruptura de la relación o de camino paralelo al de Dios, en otras palabras, un rechazo a su amor.

Ahora bien, quien rechaza al Amor, comienza a carecer de él pues, al no beber de la fuente, el alma humana se va secando; quien rechaza a Aquél que es la verdad, se va sumergiendo en la mentira,  quien rechaza al Señor de la vida se acerca al señor de la muerte y a la muerte misma.

Nuestros primeros padres quisieron poder determinar la bondad y la maldad por cuenta propia; decidieron actuar sin estar referidos al Creador, a Aquél que es la verdad, que es el bien supremo, el origen del amor y de la vida. Rompieron con Dios, con la eternidad y con la vida; por lo que toda su descendencia ha venido al mundo sin una plena comunión con Dios y con los días contados por estar sometidos a una degradación paulatina y a la muerte misma. 

Pero ¿por qué tenía que morir Cristo? Pues porque ninguna acción humana era capaz de restaurar ese vínculo original, ninguna acción humana podía sanar la herida de aquel pecado y de los incontables pecados personales cometidos por los descendientes de Adán. Pero Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.

Por lo que, para rescatarnos era necesario que el Señor de la vida viniera a nosotros y asumiera toda nuestra condición de fragilidad, mostrándonos el plan original de perfección y santidad que el Padre soñó, por así decir, de nosotros, al crearnos a su imagen y semejanza. 

Era necesario que saliendo del seno del Padre penetrara en el tiempo y el espacio, asumiendo en sí mismo toda nuestra humanidad, para avanzar hasta la última consecuencia de cada pecado, de cada humana decisión sin Dios o contra Dios; para que al atravesar el umbral de la muerte: su persona divina, su amor sin medida, su luz sin ocaso, su verdad lacerante y su vida vivificante, destruyeran de una vez por todas a la muerte misma, estableciendo un puente de amor hacia el Padre para quienes decidan caminar con Él, amar con su amor, decidir con la verdad y adorar, con Él, al Padre en espíritu y verdad. 

Era necesario porque, aun sin saberlo, todo hombre-sin-Dios está perdido y camina hacia la muerte y toda decisión-sin Dios que toma, lo destruye a Él y a su entorno. ¿Y tú? ¿Aún quieres comerte al mundo con el éxito humano? ¿aún crees que tu sabiduría es tan grande como para decidir lo que es bueno y malo, al margen de la revelación divina? ¿aún quieres aferrarte a este mundo y sus valores? ¿aún quieres buscarte a ti mismo, tu comodidad y tu sobrevivencia a cualquier costo? ¿aún quieres vivir solo para ti? 

Pierde tu vida por Cristo, porque su causa es tu vida plena y tu vida eterna, es la gloria del Padre en la salvación tuya y de la humanidad.

Antífona de comunión
Cfr. Sal 50, 12

Señor, crea en mí un corazón puro, y renuévame por dentro con espíritu firme.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Oración después de la comunión

Habiendo recibido la bendición del don celestial, te rogamos, Dios todopoderoso, que este mismo don se convierta para nosotros en fuente de perdón y de salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración

Señor, otro año más que me permites llegar al inicio de la Cuaresma y me encuentro con que estoy casi en el mismo lugar. Por eso te doy gracias, Jesús, y por la libertad que me das para elegir el camino, elijo la Vida, quiero subir contigo hasta el Calvario.

Acción

Desde hoy empezaré a trabajar en sacrificios y penitencias que realmente vayan creando espacios en mí para llenarlos de Dios.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).