Por Mons Bartolomé Buigues
Comunicación, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR)
Con inmensa gratitud me dirijo a ustedes, consagrados, en esta Jornada de la Vida Consagrada, que celebramos cada año en la fiesta de la Presentación del Señor. Este día nos sitúa ante el misterio de Cristo, luz que ilumina a todos los pueblos, y ante la figura de Simeón y Ana, hombres y mujeres consagrados a la espera, al discernimiento y a la alabanza. En ellos reconocemos un reflejo elocuente de la vocación consagrada en la Iglesia: una vida ofrecida, vigilante y llena de esperanza.
Quiero comenzar dando gracias a Dios por cada uno de ustedes: por su fidelidad perseverante, por su testimonio humilde y muchas veces silencioso, por su presencia cercana en medio de nuestro pueblo, especialmente entre los más pobres, los frágiles y los descartados. Ustedes son un don precioso para nuestra Iglesia y una riqueza espiritual para el país.
Vida consagrada, en el horizonte del Jubileo de la Esperanza
Celebramos la Jornada en el horizonte del Jubileo eclesial de la esperanza, que ha invitado a toda la Iglesia a renovar la confianza en Dios y a reavivar la certeza de que la esperanza cristiana no defrauda. La vida consagrada ocupa un lugar privilegiado en este contexto jubilar, pues es, por su propia naturaleza, un signo elocuente de esperanza, puesta radicalmente en Dios.
Mediante la profesión de los consejos evangélicos, los consagrados y consagradas proclaman que Dios es suficiente, que su promesa es fiel y que el Reino de Dios ya actúa en la historia.
La Iglesia en Costa Rica necesita hoy testigos creíbles de esperanza, vidas reconciliadas, comunidades fraternas, capaces de sostener la fe del pueblo, de acompañar el sufrimiento humano y de anunciar, con la vida misma, que Dios camina con su pueblo.
Vida consagrada y sinodalidad: caminar juntos como vocación
Vivimos esta Jornada en el proceso de recepción del Sínodo sobre la Sinodalidad, que nos convoca a ser una Iglesia que camina unida, escucha al Espíritu y discierne comunitariamente su misión.
La vida consagrada tiene aquí un papel decisivo y profético. Sus comunidades están llamadas a ser escuelas de sinodalidad, espacios donde se cultive la escucha mutua, el discernimiento comunitario, la corresponsabilidad y la misión compartida con los laicos y los pastores. La tradición de vida fraterna, de capítulos y de discernimiento comunitario es una riqueza que la vida consagrada puede y debe ofrecer a toda la Iglesia.
Estamos invitados de manera especial a vivir y promover la sinodalidad, a hacer presencia activa en los procesos de diálogo, participación y comunión en las diócesis, parroquias y comunidades.
A la luz del Jubileo Franciscano: volver a la sencillez del Evangelio
Vivimos también esta Jornada en el marco del Jubileo Franciscano que nos invita a contemplar, una vez más, la fuerza siempre nueva del carisma de san Francisco de Asís. Su experiencia evangélica interpela a toda la vida consagrada, más allá de familias carismáticas concretas, a volver a la sencillez radical del seguimiento de Cristo.
Francisco nos recuerda que la vida consagrada florece cuando se despoja de seguridades excesivas, cuando opta por la minoridad, cuando se deja evangelizar por los pobres y cuando vive la fraternidad no como ideal, sino como camino concreto de conversión cotidiana. Los invito a dejarse interpelar por este jubileo como una oportunidad de purificación, de regreso a las fuentes carismáticas y de renovado ardor misionero.
Gratitud, ánimo y envío
Considero evocadoras las palabras que el Papa León XIV dijo a los consagrados en el Jubileo de la Vida Consagrada acerca de “lo importante que es estar arraigados en Cristo, viviendo la vocación como parte de la maravillosa aventura de seguirle más de cerca. Unidos a Él, nuestras pequeñas luces se convierten en el trazado de un camino luminoso en el gran proyecto de paz y salvación que Dios tiene para la humanidad”.
Junto a mis hermanos obispos, la Comisión Nacional de la Vida Consagrada y la Conferencia de Religiosos de Costa Rica CONFRECOR, agradecemos profundamente su perseverancia, su creatividad pastoral y el esfuerzo diario por construir comunidades abiertas al Espíritu Santo, incluso en medio de los desafíos actuales: disminución de vocaciones, envejecimiento de comunidades, exigencias pastorales crecientes. Sepan que cuentan con el apoyo, la cercanía y la oración de toda la Iglesia costarricense, que los valora y acompaña en su servicio.
Que esta Jornada renueve en nosotros la alegría de la consagración, fortalezca la comunión entre las distintas formas de vida consagrada y avive el compromiso misionero al servicio del Reino.
Encomiendo a cada uno y cada una a la intercesión de la Virgen María, mujer totalmente consagrada al proyecto de Dios, y a nuestras santas y santos fundadores, y les imparto de corazón mi bendición pastoral.
✞ Bartolomé Buigues Oller T.C
Comisión Nacional de la Vida Consagrada
Mensaje en la Jornada Mundial de la Vida Consagrada 2026. Crédito: Diócesis de Alajuela Oficial
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