Tiempo Litúrgico: Cuaresma. Semana II - Feria.
Color del día: Morado.
Memoria libre: Santas Perpetua y Felicidad, mártires.
Antífona de entrada
Yo soy la salvación de mi pueblo, dice el Señor. Los escucharé cuando me llamen en cualquier tribulación, y siempre seré su Dios.
Oración colecta
Dios todopoderoso, que con la fuerza de tu amor hiciste a las santas mártires Perpetua y Felícidad intrépidas ante el perseguidor e invencibles ante los tormentos de la muerte, concédenos, por su intercesión, crecer siempre en tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Arrojará nuestros pecados
a lo hondo del mar
Lectura de la profecía de
Miqueas 7, 14-15. 18-20
Pastorea a tu pueblo, Señor, con tu cayado, al rebaño de tu heredad, que anda solo en la espesura, en medio del bosque; que se apacienta como antes en Basán y Galaad.
Como cuando saliste de Egipto les haré ver prodigios.
¿Qué Dios hay como tú, capaz de perdonar el pecado, de pasar por alto la falta del resto de tu heredad?
No conserva para siempre su cólera, pues le gusta la misericordia.
Volverá a compadecerse de nosotros, destrozará nuestras culpas, arrojará nuestros pecados a lo hondo del mar.
Concederás a Jacob tu fidelidad y a Abrahán tu bondad, como antaño prometiste a nuestros padres.
Palabra de Dios.
Salmo responsorial
Sal 102,1-2.3-4.9-10.11-12
R. El Señor es compasivo
y misericordioso.
- Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser a su santo nombre. Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios. R.
- Él perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades; el rescata tu vida de la fosa y te colma de gracia y de ternura. R.
- No está siempre acusando ni guarda rencor perpetuo; no nos trata como merecen nuestros pecados ni nos paga según nuestras culpas. R.
- Como se levanta el cielo sobre la tierra, se levanta su bondad sobre los que lo temen; como dista el oriente del ocaso, así aleja de nosotros nuestros delitos. R.
Aclamación antes del Evangelio
Lc 15, 18
R. Gloria a ti, Cristo, Sabiduría de Dios Padre.
Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. R.
EVANGELIO
Este hermano tuyo
estaba muerto y ha revivido
Lectura del santo Evangelio
según san Lucas 15, 1-3. 11-32
En aquel tiempo, solían acercaron a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo: «Ese acoge a los pecadores y come con ellos».
Jesús les dijo esta parábola: «Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: «Padre, dame la parte que me toca de la fortuna».
El padre les repartió los bienes.
No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se marchó a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.
Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad.
Fue entonces y se contrató con uno de los ciudadanos de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Deseaba saciarse de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba nada.
Recapacitando entonces, se dijo: «Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros».
Se levantó y vino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos.
Su hijo le dijo: «Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo».
Pero el padre dijo a sus criados: «Sacad en seguida la mejor túnica y vestídsela; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y sacrificadlo; comamos y celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado».
Y empezaron a celebrar el banquete.
Su hijo mayor estaba en el campo.
Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y la danza, y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello.
Este le contestó: «Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha sacrificado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud».
Él se indignó y no quería entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo.
Entonces él respondió a su padre: «Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado».
El padre le dijo: «Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero era preciso celebrar un banquete y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado»».
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
¿Qué vemos en el Evangelio de hoy? Por un lado vemos a Jesús siendo bueno con publicanos y pecadores, mostrándoles el profundo amor que Dios les tenía, a pesar de sus pecados y traiciones, y el deseo de que se convirtieran dejando su mala vida.
Por otro lado, vemos a los escribas y fariseos juzgando a Jesús por ser presencia histórica de lo que el Padre de los cielos, siempre había hecho con Israel, es decir, amarlo a pesar de sus traiciones y pecados e invitarlo a la conversión.
Tenemos pues, frente a Jesús, al grupo de pecadores públicos y evidentes, y al grupo de aquellos que, por cumplir con lo mínimo, creen que su corazón está limpio y que no necesitan conversión.
Por eso Jesús se dirige a sus interlocutores presentando la historia de estos dos hermanos: el que descaradamente se revela al padre, malgastando la riqueza que le había dado y el que internamente se aleja del padre, albergando reproches y resentimientos. Al final, ninguno de los dos valora realmente al padre y lo que él hace por ellos.
Pero, este Evangelio también habla de ti y de mí, quizás en algunos momentos con una rebeldía flagrante; quizás en otros, creyendo que por cumplir ya somos buenos y dignos de habitar en la casa del Padre, a lo mejor acercándonos a Dios por conveniencia, o tal vez, estando cerca por miedo, por cumplir o por costumbre.
No te acostumbres a tus caprichos, miedos o rebeldías. Busca también tú el abrazo del Padre, aunque tus motivaciones no sean las más puras, aunque tus opciones estén contaminadas.
Antífona de comunión
Lc 15, 32
Alégrate, hijo mío, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y lo hemos encontrado.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Que la santa recepción de tu sacramento, Señor, penetre hasta lo más íntimo de nuestro corazón y nos comunique su fuerza divina. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
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