Tiempo Litúrgico: Cuaresma. Semana II.
Color del día: Morado.
Memoria libre: San Albino de Angers, obispo.
Antífona de entrada
Sal 26, 8-9
Mi corazón me habla de ti diciendo: “Busca su rostro”. Tu faz estoy buscando, Señor; no me escondas tu rostro.
Oración colecta
Señor Dios, que nos mandaste escuchar a tu Hijo muy amado, dígnate alimentarnos íntimamente con tu palabra, para que, ya purificada nuestra mirada interior, nos alegremos en la contemplación de tu gloria. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Vocación de Abrahán,
padre del pueblo de Dios
Lectura del libro del
Génesis 12, 1-4a
En aquellos días, el Señor dijo a Abran: «Sal de tu tierra, de tu patria, y de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré.
Haré de ti una gran nación, te bendeciré, haré famoso tu nombre, y serás una bendición.
Bendeciré a los que te bendigan, maldeciré a los que te maldigan, y en ti serán benditas todas las familias de la tierra».
Abran marchó, como le había dicho el Señor.
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
Abrahán es invitado a ponerse en camino hacia lo nuevo y lo desconocido. La brevedad del texto podría llevarnos a una peligrosa simplificación; con esta llamada, Abrahán es invitado a dejar todo su pasado politeísta y comenzar el camino hacia el encuentro con el Dios único.
La pedagogía divina, reflejada a lo largo de toda la Biblia, nos invita a considerar aspectos muy complejos. Ese camino de Abrahán ha sido lento, no falto de dudas, de búsquedas y de purificaciones. Así entendemos mejor la "condescendencia" de Dios de que nos habla San Juan Crisóstomo y que ha sido recogida por el Concilio Vaticano II (DV, n. 13).
Abrahán comienza su vocación de ser el "gran peregrino de la fe". Toda peregrinación está alentada por la búsqueda y la sorpresa, pero no faltan la dureza y la dificultad, y Abrahán no será eximido de ellas. Su vida ha sido dura, desconcertante y apasionante.
La promesa y la bendición son expresión de la presencia de Dios. Abrahán recibe la promesa de ser el primer eslabón de un gran pueblo, de una nueva familia, en medio de todos los pueblos. La ulterior historia del patriarca nos va a describir de forma dramática y entrañable todos los avatares que llevó consigo esta promesa en sí mismo y en sus descendientes.
Abrahán es objeto de una bendición. Esta representa, en la fe del pueblo de Israel, la quintaesencia de la presencia bienhechora de Dios. La bendición es una realidad eficaz en sí misma; es única y da sentido al pueblo elegido. En el tiempo del cumplimiento pleno de la promesa, Jesús será llamado "nuestra bendición".
Finalmente, Abrahán es signo de bendición para todos los pueblos. La promesa no es propiedad exclusiva suya o de su pueblo. La expresión "con tu nombre se bendecirán todas las naciones del mundo" refleja y sintetiza todo el sentido de su llamada. Ha sido elegido como un "signo", como un punto de referencia para todos los pueblos invitados a participar en la salvación y en la promesa (Ef 2,11-22; Col 1,20).
Salmo responsorial
Sal 32, 4-5. 18-19. 20 y 22
R. Que tu misericordia, Señor, venga
sobre nosotros, como lo esperamos de ti.
- La palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra. R.
- Los ojos del Señor están puestos en quien lo teme, en los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre. R.
- Nosotros aguardamos al Señor: él es nuestro auxilio y escudo. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti. R.
SEGUNDA LECTURA
Dios nos llama y nos ilumina
Lectura de la 2ª carta del apóstol
san Pablo a Timoteo 1, 8b-10
Querido hermano:
Toma parte en los padecimientos por el Evangelio, según la fuerza de Dios.
Él nos salvó y nos llamó con una vocación santa, no por nuestras obras, sino según su designio y según la gracia que no dio en Cristo Jesús desde antes de los siglos, la cual se ha manifestado ahora por la aparición de nuestro Salvador Cristo Jesús, que destruyó la muerte e hizo brillar la vida y la inmortalidad por medio del Evangelio.
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Segunda Lectura
El autor de esta Carta advierte sin dulcificaciones que los trabajos del Evangelio son duros. Recuerda el camino apostólico del maestro como un modelo a imitar. Ya el mismo Pablo lo recordaba en su discurso de despedida a los presbíteros de Éfeso (Hch 20, 17-38). En las cartas a los Corintios nos recuerdan las dificultades provenientes de dentro y de fuera.
La tarea evangelizadora la entiende Pablo, incluso, como una forma de completar en su carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo. Diríamos que hay una honda comunión entre las dos vidas: la de Jesús y la de Pablo, unidas por el sufrimiento y la persecución. En definitiva, la tarea evangelizadora es para personas dispuestas a las dificultades.
¡Evangelizar es anunciar a Jesús como Salvador! Evangelizar es presentar ante los hombres la obra de Dios en Jesús. Él cumple su palabra, anunciada y prometida desde tiempo inmemorial, es decir, desde los orígenes.
Jesús ha abierto un nuevo camino que ahora sigue adelante cuando se anuncia su Evangelio, el cual es la señal más firme de nuestra fe en la Resurrección de Jesús.
Aclamación antes del Evangelio
Cf. Lc 9, 35
R. Gloria a ti, Señor, Hijo de Dios vivo.
En el esplendor de la nube se oyó la voz del Padre: «Este es mi Hijo, el Elegido, escuchadlo». R.
EVANGELIO
Su rostro resplandecía como el sol
Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 17, 1-9
En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto.
Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.
De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».
Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: «Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo».
Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto.
Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: «Levantaos, no temáis».
Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo.
Cuando bajaban del monte, Jesús les mandó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
Ya el marco en que los evangelistas colocan este acontecimiento nos permite descubrir su primer valor para el anuncio y la predicación en este domingo. La radicalidad de las palabras de Jesús es de una autenticidad indiscutible. Se enseña habitualmente que las palabras de seguimiento son de las más auténticas y las menos discutidas de las que pronunció Jesús. Jamás ningún maestro de su tiempo ni después tampoco se atrevió a formular tal invitación: quien quiera ser discípulo debe negarse a sí mismo y ponerse en marcha detrás de mí.
Pero en líneas anteriores, ha revelado sin ambages su destino, que por cierto sólo fue captado en su primera parte, es decir, la que habla de sufrimientos, traiciones, humillaciones y muerte. Jesús habló también de resurrección, de vida, de gloria. Pero los discípulos no entendieron y Pedro se escandaliza.
¡Jesús avalado por dos grandes profetas: Moisés y Elías! Mateo nos invita a contemplar a Jesús como un nuevo Moisés, que se encuentra con Dios en un nuevo Sinaí, también en medio de una nube y rodeado de luz. Moisés y Elías tienen una relación importante con el Sinaí, y los dos representan lo mejor del profetismo. Personifican la Ley y los Profetas donde se encuentra la esencia de la revelación veterotestamentaria de la voluntad de Dios.
Y también Mateo nos ha advertido ya (5,17ss) que Jesús ha venido a dar cumplimiento (histórico-salvífico) a la Ley. Y en otro momento de su ministerio nos dijo que toda la ley y los profetas se sintetizan en su nuevo mandamiento de amor a Dios y al prójimo (Mt 22,40).
¡Jesús, el Hijo predilecto del Padre! La voz celeste procedente del Padre es una solemne declaración: Jesús es su Hijo amado, en quien se complace. La revelación nos remite a otro acontecimiento central en la vida de Jesús que es su bautismo (otro elemento importante para centrar bien el sentido de la cuaresma: tiempo de preparación y experiencia bautismal).
¡Dichosos los que escuchan la Palabra de Jesús! El "escuchadle" de este fragmento centra la atención del lector. Se le invita a que entienda todo el conjunto orientado a este centro. Jesús está dotado de las cualidades de quien puede revelar la última voluntad de Dios en favor de los hombres. Viene a proclamar la soberanía y del amor de Dios. El hombre no tiene otra alternativa, si se quiere poner en marcha hacia la verdadera salvación: escuchar la palabra de Éste de quien dan testimonio la ley y los profetas y que, por lo tanto, está por encima de ellos. Sólo Él tiene la definitiva palabra de salvación.
La cuaresma es un tiempo de camino y de peregrinación para el encuentro con Jesús y con uno mismo. La mediación es la Palabra del Hijo de Dios, del nuevo Moisés y del nuevo y definitivo profeta. Cuaresma es un tiempo privilegiado para encontrarnos con la palabra de Dios, una palabra viva y eficaz como espada de doble filo que ilumina, denuncia, sana, exhorta y da vida conduciendo al hombre a su más íntima realidad y libertad. Es necesario "escuchar" al definitivo enviado por Dios.
Antífona de comunión
Mt 17, 5
Éste es mi Hijo muy amado, en quien tengo puestas mis complacencias; escúchenlo.
Oración después de la comunión
Al recibir, Señor, este glorioso sacramento, queremos darte gracias de todo corazón porque así nos permites, desde este mundo, participar ya de los bienes del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Frailes Dominicos de España, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).


