Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Jueves, 26 de marzo de 2026.


Tiempo Litúrgico: Cuaresma. Semana V - Feria.
   Color del día: Morado.  


Antífona de entrada
Heb 9, 15

Cristo es el mediador de la nueva alianza, para que, por su muerte, los que han sido llamados reciban la herencia eterna que les había prometido.

Oración colecta

Atiende, Señor, a quienes te dirigen sus ruegos y protege en tu bondad a quienes hemos puesto la esperanza en tu misericordia, para que, purificados de toda mancha de pecado, perseveremos en una vida santa y lleguemos a ser herederos de tus promesas. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Serás padre de
muchedumbre de pueblos

Lectura del libro del
Génesis 17, 3-9

En aquellos días, Abrahán cayó rostro en tierra y Dios le habló así: «Por mi parte, esta es mi alianza contigo: serás padre de muchedumbre de pueblos.

Ya no te llamarás Abrán, sino Abrahán, porque te hago padre de muchedumbre de pueblos. Te haré fecundo sobremanera, sacaré pueblos de ti, y reyes nacerán de ti.

Mantendré mi alianza contigo y con tu descendencia en futuras generaciones, como alianza perpetua. Seré tu Dios y el de tus descendientes futuros. Os daré a ti y a tu descendencia futura la tierra en que peregrinas, la tierra de Canaán, como posesión perpetua, y seré su Dios».

El Señor añadió a Abrahán: «Por tu parte, guarda mi alianza, tú y tus descendientes por generaciones».

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

Ya en la víspera de iniciar la celebración de los misterios que nos dieron vida, la Palabra de Dios nos invita a reflexionar sobre el cumplimiento de las promesas que Dios nos ha hecho.

De la misma manera que Dios, ante la fidelidad de Abraham, cumplió la alianza y la promesa que le había hecho; así, Jesús, el Verbo Encarnado, cumple en nosotros todas las promesas que nos ha hecho; especialmente, como a Abraham, la de la tierra prometida, promesa que en Cristo se refiere al Reino, lugar en el que se desarrolla la felicidad, la alegría y la paz perfectas que Dios nos ofrece.

Para ello nos pide que le seamos fieles, que nos avoquemos a cumplir la ley que, a través de Jesús, nos ha hecho conocer y que es la ley del amor. Es por ello que, en la medida en que nos esforzamos en vivir de acuerdo a la caridad, en esa medida nuestra vida va adquiriendo las características del Reino, es decir: justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.

Esfuérzate este día en vivir el amor; dale una sonrisa a todo el que te encuentres en el camino, ábrele tu corazón al hermano que te buscará hoy, acepta el reto de servir con ánimo generoso. Te darás cuenta al final de tu día que efectivamente Dios ha cumplido en ti su promesa y te habrá renovado.

Salmo responsorial
Sal 104, 4-5. 6-7. 8-9

R. El Señor se acuerda
de su alianza eternamente.
  • Recurrid al Señor y a su poder, buscad continuamente su rostro. Recordad las maravillas que hizo, sus prodigios, las sentencias de su boca. R.
  • ¡Estirpe de Abrahán, su siervo; hijos de Jacob, su elegido! El Señor es nuestro Dios, él gobierna toda la tierra. R.
  • Se acuerda de su alianza eternamente, de la palabra dada, por mil generaciones; de la alianza sellada con Abrahán, del juramento hecho a lsaac. R.

Aclamación antes del Evangelio
Cf. Sal 94, 8a. 7d

R. Alabanza y honor a ti, Señor Jesús.

No endurezcáis hoy vuestro corazón; escuchad la voz del Señor. R.

EVANGELIO
Abrahán, vuestro padre,
saltaba de gozo pensando ver mi día

Lectura del santo Evangelio
según san Juan 8, 51-59

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «En verdad, en verdad os digo: quien guarda mi palabra no verá la muerte para siempre».

Los judíos le dijeron:

«Ahora vemos claro que estás endemoniado; Abrahán murió, los profetas también, ¿y tú dices: «Quien guarde mi palabra no gustará la muerte para siempre»? ¿Eres tú más que nuestro padre Abrahán, que murió? También los profetas murieron, ¿por quién te tienes?».

Jesús contestó:

«Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. El que me glorifica es mi Padre, de quien vosotros decís: «Es nuestro Dios», aunque no lo conocéis. Yo sí lo conozco, y si dijera: «No lo conozco» sería, como vosotros, un embustero; pero yo lo conozco y guardo su palabra. Abrahán, vuestro padre, saltaba de gozo pensando ver mi día; lo vio, y se llenó de alegría».

Los judíos le dijeron: «No tienes todavía cincuenta años, ¿y has visto a Abrahán?».

Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: antes de que Abrahán existiera, yo soy».

Entonces cogieron piedras para tirárselas, pero Jesús se escondió y salió del templo.

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

El que cree en mis palabras no morirá para siempre. A Cristo lo tachaban de loco, lo querían apedrear. Nos dice que si creemos en sus palabras, viviremos para siempre. Y a veces a nosotros también nos quieren apedrear como a Jesús, como a Cristo. ¿Por qué? Porque las palabras de Cristo cuestan. 

Y no me refiero a pronunciarlas, sino a vivirlas: perdonar setenta veces siete, sentarme a la mesa con el enemigo, caminar una milla extra, quitarme el pan para dárselo a otro, callar cuando me injurien, voltear la otra mejilla cuando me golpeen. 

Pero esas son las palabras, eso es lo que me garantiza una vida para siempre, es la llave para la eternidad, la llave para el cielo. Aquí estamos de paso. Que no se nos olvide que hoy nos criticaron, que hoy nos injuriaron, que hoy me apedrearon, ¿el hoy? ¡el hoy pasa!, y a veces creemos que el hoy es para siempre. 

Pero al contrario, el hoy es lo que nos puede abrir nuestra vida en la eternidad. Hoy tenemos la posibilidad de construir el mañana, el para siempre. Seamos de los locos de Cristo que perdonan, que sirven, que acogen, que aman. 

Hoy construyamos el mañana para siempre. Hoy caminar con una sonrisa. Hoy pasaré el día haciendo el bien. 

Antífona de comunión
Rom 8, 32

Dios no escatimó la vida de su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros y en él nos lo dio todo.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Oración después de la comunión

Alimentados por estos dones de salvación, suplicamos, Señor, tu misericordia, para que este sacramento, que nos nutre en nuestra vida temporal, nos haga partícipes de la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración

Te estoy profundamente agradecido, Señor, por dejarme experimentar tu amor, por dejarme experimentar el cumplimiento de tus promesas, porque tú no dejas que ninguna palabra tuya caiga, tú cumples, Señor, siempre cumples y yo experimento día a día tu amor y tu bondad para conmigo.

Acción

Este día, a todos los que me encuentre, les expresaré lo dichoso que soy y la felicidad que hay en mi vida; con un gesto, una sonrisa, un abrazo, un detalle, pero que manifieste que soy feliz.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).