Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Miércoles, 4 de marzo de 2026.


Tiempo Litúrgico: Cuaresma. Semana II - Feria.
   Color del día: Morado.  

Memoria libre:

Antífona de entrada
Cf. Sal 37, 22-23

No me abandones, Señor, Dios mío, no te alejes de mí. Ven de prisa a socorrerme, Señor mío, mi salvador.

Oración colecta

Conserva, Señor, a tu familia en el camino del bien que tú le has señalado, y ayúdala en sus necesidades temporales para que pueda buscar los bienes eternos. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Venga, vamos a hablar mal de él

Lectura del libro de
Jeremías 18, 18 20

Ellos dijeron: «Venga, tramemos un plan contra Jeremías, porque no falta la ley del sacerdote, ni el consejo del sabio, ni el oráculo del profeta. Venga vamos a hablar mal de él y no hagamos caso de sus oráculos».

Hazme caso, Señor, escucha lo que dicen mis oponentes.

¿Se paga el bien con el mal?, ¡pues me han cavado una fosa!

Recuerda que estuve ante ti, pidiendo clemencia por ellos, para apartar tu cólera.

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

Hay ocasiones en nuestra vida en las que sentimos que todo se derrumba a nuestro alrededor; nuestra salud se debilita, nuestros negocios no van bien, la economía se viene abajo, problemas con la familia o con la comunidad.

Es precisamente en estos momentos en los que el ser cristiano se pone totalmente de manifiesto, ya que mientras el común de la gente se desespera y busca solucionar la crisis por sus propias manos, el cristiano invita a Dios a intervenir para poder superar juntos dicha crisis.

Esto hace que la paz permanezca en el corazón del hombre, pues sabe que Dios es poderoso, sabe que lo ama y que no lo abandonará nunca.

Cuando te sientas atribulado y no encuentres solución para tus problemas, clama a Dios como el profeta: "Señor, atiéndeme". Serás entonces testigo del poder y de la infinita misericordia de Dios.

Salmo responsorial
Sal 30, 5 6. 14. 15 16

R. Sálvame, Señor, por tu misericordia.
  • Sácame de la red que me han tendido, porque tú eres mi amparo. A tus manos encomiendo mi espíritu: tú, el Dios leal, me librarás, R.
  • Oigo el cuchicheo de la gente, y todo me da miedo; se conjuran contra mí y traman quitarme la vida. R.
  • Pero yo confío en ti, Señor, te digo: «Tú eres mi Dios.» En tu mano están mis azares: líbrame de mis enemigos que me persiguen. R.

Aclamación antes del Evangelio
Cf. Jn 8, 12b

R. Alabanza y honor a ti, Señor Jesús.

Yo soy la luz del mundo – dice el Señor -; el que me sigue tendrá la luz de la vida.

EVANGELIO
Lo condenarán a muerte

Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 20, 17- 28

En aquel tiempo, subiendo Jesús a Jerusalén, tomando aparte a los Doce, les dijo por el camino:

«Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; y al tercer día resucitará».

Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos y se postró para hacerle una petición.

Él le preguntó: «¿Qué deseas?».

Ella contestó: «Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda»

Pero Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?»

Contestaron: «Lo somos.»

Él les dijo: «Mi cáliz lo beberéis; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre».

Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra los dos hermanos. Y llamándolos, Jesús les dijo:

«Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo.

Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos».

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

Cuaresma, tiempo de conversión. No nos cansemos de escucharlo, no caigamos en la rutina. Hay que seguir con la limpia. Hoy Cristo nos invita a limpiar nuestro corazón y nuestra alma de la soberbia, esa pasión que se apodera de nosotros y nos hace vivir de boca para afuera. 

Y como digo yo, la soberbia tiene muchos primitos, una familia extensa: la hipocresía, la vanidad, la doblez. A esta familia de soberbia le gusta siempre andar bien vestida y quedar bien con todos; que todos nos vean, pero en cuanto rascas un poquito hay hueco, hay vacío, hay mucho fango por dentro. 

Por eso hay que limpiar, hay que sacudir y hay que sacar a esa parentela non grata. Y Cristo, como siempre, nos da un consejo muy práctico para sacar a la soberbia y a toda la parentela: sean los últimos, los servidores de todos. 

Volvemos a ese combo mágico que le llamo yo, a ese combo de amar y servir; con amor y servicio matamos a la soberbia, la sacamos a ella y a todos sus parientes de nuestro corazón y de nuestra alma, para que nuestro corazón pese y no seamos huecos por dentro, sino llenos, pesados de amor. 

Amar y servir, amar y servir, amar y servir. Y si es posible, hacerlo con una sonrisa. Servir con alegría. 

Antífona de comunión
Mt 20, 28

El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar la vida por la redención de la multitud.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Oración después de la comunión

Que este sacramento que nos has dado, Señor, como prenda de inmortalidad, sea para nosotros una firme ayuda para alcanzar la salvación eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración

Señor, atiende a la voz de mi súplica, tú conoces mi vida, cada parte de mí, lo bueno y lo malo que hay en mí. Mírame con bondad, Señor, y protégeme en el día de tribulación, en todo aquello en donde me siento como en una fosa. Ven, Dios mío, y sálvame.

Tú sabes lo que necesita mi corazón para pertenecerte completamente, solo te pido tu fuerza y tu gracia para que no sea mi enemigo el que triunfe, sino que, incluso en las situaciones difíciles, pueda ver tu mano ayudándome y sosteniéndome.

Acción

El día de hoy oraré a Dios para pedir especialmente por aquellas personas que me persiguen, que me molestan, que pareciera que gozan con lo que a mí me molesta.

Levantaré una oración pidiéndole al Padre Celestial que tenga misericordia de ellos, y yo mismo mostraré misericordia, a fin de que encuentren la verdadera vida en Jesús.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).

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