Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Jueves, 5 de marzo de 2026.


Tiempo Litúrgico: Cuaresma. Semana II - Feria.
   Color del día: Morado.  

Memoria libre: San Adrián, mártir.

Antífona de entrada
Sal 138, 23-24

Examíname, Dios mío, y conoce mi corazón; mira si voy por mal camino y condúceme por la senda de la salvación.

Oración colecta

Dios nuestro, que amas la inocencia y la devuelves a quienes la han perdido, dirige hacia ti los corazones de tus siervos, para que, inflamados con el fuego de tu Espíritu, permanezcan firmes en la fe y sean diligentes para hacer el bien. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Maldito quien confía en el hombre;
bendito quien confía en el Señor

Lectura del libro de Jeremías 17, 5-10

Esto dice el Señor: «Maldito quien confía en el hombre, y busca el apoyo de las criaturas, apartando su corazón del Señor.

Será como cardo en la estepa, que nunca recibe la lluvia; habitará en un árido desierto, tierra salobre e inhóspita.

Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza.

Será un árbol plantado junto al agua, que alarga a la corriente sus raíces; no teme la llegada del estío, su follaje siempre está verde; en año de sequía no se inquieta, ni dejará por eso de dar fruto.

Nada hay más falso y enfermo que el corazón: ¿quién lo conoce?

Yo, el Señor, examino el corazón, sondeo el corazón de los hombres para pagar a cada cual su conducta según el fruto de sus acciones».

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

Quizás la causa de que muchos hermanos vivan en una constante zozobra, llenos de miedos y angustias, es el querer construir su vida y realizar sus proyectos con sus propias fuerzas.

Parecería que, después de tantos años y de tantos intentos fallidos, no nos hemos dado cuenta de lo débiles que somos para realizarlo. Si queremos que nuestra vida sea una vida plena, llena de paz, de alegría y, sobre todo, de esperanza, es necesario que le dejemos más espacio a Dios para obrar en ella. 

Hoy, más que nunca, el hombre tiene que dejar que sea Dios quien construya su vida y quien dé impulso a sus proyectos, pues sólo Dios es poderoso y capaz de hacer lo que para nosotros no es posible.

Poner nuestra confianza en Dios implica soltarse, dejar que Dios vaya tomando el control de nuestra vida. "Pon todo tu esfuerzo -decía un santo- como si todo dependiera de ti, pero confía totalmente en Dios como si todo dependiera de él". Esta es la clave para que nuestra vida transcurra en la paz de Dios.

Salmo responsorial
Sal 1, 1-2. 3. 4 y 6

R. Dichoso el hombre que
ha puesto su confianza en el Señor.
  • Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos; sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche. R.
  • Será como un árbol plantado al borde de la acequia: da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin. R.
  • No así los impíos, no así; serán paja que arrebata el viento. Porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los impíos acaba mal. R.

Aclamación antes del Evangelio
Cf. Lc 8, 15

R. La salvación y la gloria y el poder son del Señor Jesucristo.

Bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios con un corazón noble y generoso, la guardan y dan fruto con perseverancia. R.

EVANGELIO
Recibiste bienes, y Lázaro males:
ahora él es aquí consolado,
mientras que tú eres atormentado

Lectura del santo Evangelio
según san Lucas 16, 19-31

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: «Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba cada día.

Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que caía de la mesa del rico.

Y hasta los perros venían y le lamían las llagas.

Sucedió que se murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán.

Murió también el rico y fue enterrado. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritando, dijo: «Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas».

Pero Abrahán le dijo: «Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso ahora él es aquí consolado, mientras que tú eres atormentado.

Y además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que los que quieran cruzar desde aquí hacia vosotros no puedan hacerlo, ni tampoco pasar de ahí hasta nosotros.»

Él dijo: «Te ruego, entonces, padre, que le mandes a casa de mi padre, pues tengo cinco hermanos: que les dé testimonio de estas cosas, no sea que también ellos vengan a este lugar de tormento».

Abrahán le dice: «Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen».

Pero él le dijo: «No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a ellos, se arrepentirán.»

Abrahán le dijo: «Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni aunque resucite un muerto.»»

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

 ¿Por qué se encontraba el hombre rico en el lugar del castigo? Hay varias razones, pero posiblemente la más evidente sea que no supo atender al mendigo que yacía a la entrada de su casa, mientras él banqueteaba y despilfarraba.

Si es así, podríamos decir, que seguramente solo volteaba a ver sus propios intereses, que era indolente y egoísta y que no sabía ver por los demás; sin embargo, en la parábola que el Señor nos presenta hoy, se deja ver que ese hombre rico condenado no era completamente egoísta porque, incluso en el lugar del castigo, ha logrado compadecerse por alguien más que él mismo.

En efecto, este hombre dirigiéndose a Abraham, busca que sus hermanos sean advertidos de la necesidad de conversión. Pero si este hombre tenía algo de bondad en él ¿por qué razón se fue al lugar del castigo? Porque a pesar de tener algo de bondad, también había maldad en su corazón y la indiferencia es una clase de maldad que corroe el corazón del hombre. 

El problema de este hombre es que nunca pudo ver en Lázaro a una persona con igualdad de dignidad; siempre se sintió superior y la prueba está en que, desde el lugar del castigo, sigue pensando que Lázaro debía estar a su servicio. Entonces suma a la indiferencia, el tratar a ciertas personas como de segunda o tercera clase, como sus siervos; como sí él valiera más que el pobre Lázaro.

Que no te pase a ti así, hermano, hermana. Que esta parábola te ayude a regresar a poner los pies sobre la tierra y a no considerar a nadie inferior a ti en dignidad. Que no cierres los ojos, como el hombre del Evangelio, a las necesidades de los demás, especialmente de quienes te rodean o quienes encuentras por el camino de la vida. 

Es cierto que no puedes ir por el mundo ayudando a todo el que lo solicite, pero también es cierto que Dios nos invita, a ti y a mí, a no acostumbrarnos al dolor ajeno, a no hacernos indiferentes y a, por lo menos, tratar con profundo respeto a cada persona en necesidad que encontremos, aunque no tenga recursos, aunque sea un criminal y aunque te haya hecho daño.

Di no a la indiferencia, di no a sentirte superior a los demás.

Antífona de comunión
Sal 118, 1

Dichosos los que, con vida intachable, caminan haciendo la voluntad del Señor.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Oración después de la comunión

Que este sacramento, Señor Dios, continúe actuando en nosotros, y su acción sea cada vez más vigorosa. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración

Tú, Señor, conoces mi corazón y cada uno de mis pensamientos, tú conoces mis acciones. Por eso hoy me dirijo a ti, Dios mío, para que me enseñes a confiar y a abandonarme en ti. Quiero ser como ese árbol plantado junto al agua, que siempre está verde y frondoso; quiero que, gracias al contacto contigo, mi vida nunca deje de dar fruto.

Acción

Hoy buscaré la cosa que más me preocupa y que me agobia y se la entregaré al Señor, confiando en que será él quien la resuelva; y si él desea usarme en esa situación, estaré disponible, pero con la firme idea de que es la mano de Dios ocupándose de mi causa.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).

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