Tiempo Litúrgico: Pascua. Semana I.
Color del día: Blanco.
Antífona de entrada
Cf. Sal 104,43
El Señor liberó a su pueblo y lo llenó de alegría; al pueblo elegido lo colmó de júbilo. Aleluya.
Gloria
Gloria a Dios en el Cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre Todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo.Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; Tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; Tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; Tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo Tú eres Santo, sólo Tú Señor, sólo Tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo, en la gloria de Dios Padre. Amén.
Oración colecta
Dios nuestro, que, con la abundancia de tu gracia, no cesas de aumentar en todos los pueblos el número de los que creen en ti, mira propicio a tus elegidos y haz que, renacidos ya por el sacramento del bautismo, queden un día revestidos de gozosa inmortalidad. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
No podemos menos de contar
lo que hemos visto y oído
Lectura del libro de los
Hechos de los Apóstoles 4, 13-21
En aquellos días, los jefes del pueblo, los ancianos y los escribas, viendo la seguridad de Pedro y Juan, y notando que eran hombres sin letras ni instrucción, estaban sorprendidos. Reconocían que habían sido compañeros de Jesús pero, viendo de pie junto a ellos al hombre que había sido curado, no encontraban respuesta. Les mandaron salir fuera del Sanedrín, y se pusieron a deliberar entre ellos, diciendo:
«¿Qué haremos con estos hombres? Es evidente que todo Jerusalén conoce el milagro realizado por ellos, no podemos negarlo; pero, para evitar que se siga divulgando, les prohibiremos con amenazas que vuelvan a hablar a nadie de ese nombre».
Y habiéndolos llamado, les prohibieron severamente predicar y enseñar en nombre de Jesús. Pero Pedro y Juan les replicaron diciendo: «¿Es justo ante Dios que os obedezcamos a vosotros más que a él? Juzgadlo vosotros. Por nuestra parte no podemos menos de contar lo que hemos visto y oído».
Por ellos. repitiendo la prohibición, los soltaron, sin encontrar la manera de castigarlos a causa del pueblo, porque todos daban gloria a Dios por lo sucedido.
Palabra de Dios.
Salmo responsorial
Sal 117, 1 y 14-15. 16-18. 19-21
R. Te doy gracias, Señor,
porque me escuchaste.
- Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia. El Señor es mi fuerza y mi energía, él es mi salvación. Escuchad: hay cantos de victoria en las tiendas de los justos. R.
- «La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es excelsa». No he de morir, viviré para contar las hazañas del Señor. Me castigó, me castigó el Señor, pero no me entregó a la muerte. R.
- Abridme las puertas de la salvación, y entraré para dar gracias al Señor. Esta es la puerta del Señor: los vencedores entrarán por ella. Te doy gracias porque me escuchaste y fuiste mi salvación. R.
Aclamación antes del Evangelio
Sal 117, 24
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Este es el día que hizo el Señor; sea nuestra alegría y nuestro gozo. R.
EVANGELIO
Id al mundo entero
y proclamad el Evangelio
Lectura del santo Evangelio
según san Marcos 16, 9-15
Jesús, resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a anunciárselo a sus compañeros, que estaban de duelo y llorando.
Ellos, al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto, no la creyeron.
Después se apareció en figura de otro a dos de ellos que iban caminando al campo.
También ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero no los creyeron.
Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado.
Y les dijo: – «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación».
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
Jesús está vivo. ¡Jesús está vivo! Y a veces somos igual de incrédulos como estos personajes que nos dicen aquí: se le apareció a María Magdalena, no, no le creyeron; se les apareció a los de Emaús, no, tampoco les creyeron. Se les…, no, tampoco les creyeron.
Hasta que Jesús se nos aparece y nos reclama: dureza de corazón. Pero a pesar de eso, nuestro Señor dice, bueno ya, sacúdanse todo eso y vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura; ahí está el mandato del Señor. Sabiendo nuestra debilidad, sabiendo de nuestra incredulidad, sabiendo de nuestra dureza de corazón. Sabe con lo que Él cuenta y aun así nos da un mandato claro y sencillo: ‘Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio’.
Que nuestra vida hable de ese Cristo resucitado, que nuestra vida hable de ese Hombre que me ha enseñado lo que es el amor, que nuestra vida hable de lo que es tener un amigo incondicional, que nuestra vida hable de ese Cristo que lo perdona todo, que lo da todo; que nuestra vida hable de ese amor que es más fuerte, que nuestra vida hable de que si yo creo en el Evangelio y creo en que Cristo está vivo y presente en la Eucaristía y tocó mi corazón y transformó mi corazón; que de eso hable mi vida.
Que mi vida, vivida en alegría, con entusiasmo, con ilusión, con perdón, sabiendo que yo sigo a un Cristo vivo y resucitado. Que eso sea lo que transforme. Que mi vida, como decía San Francisco, predique el amor de Cristo. El mandato es claro y sencillo: ‘Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura’.
San Francisco de Asís nos decía, prediquen el Evangelio todo el tiempo y cuando sea necesario, abran el Evangelio. Es decir, hay que predicar con el ejemplo, con nuestras actitudes. Aprovechemos estos días de la Pascua para compartir la alegría de que Cristo vive; ahí se encierra toda la doctrina del amor.
Y como nos decía San Agustín: ‘hoy ama y haz lo que quieras’. La alegría del Evangelio es amar como el Señor mismo nos amó.
Antífona de comunión
Gal 3, 27
Todos ustedes que han sido bautizados en Cristo, se han revestido de Cristo. Aleluya.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Dirige, Señor, tu mirada compasiva sobre tu pueblo, al que te has dignado renovar con estos misterios de vida eterna, y concédele llegar un día a la gloria incorruptible de la resurrección. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
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