Tiempo Litúrgico: Cuaresma. Miércoles Santo - Feria.
Color del día: Morado.
Antífona de entrada
Que al nombre de Jesús, toda rodilla se doble, en el cielo, en la tierra y en los abismos, porque el Señor se hizo obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz; por eso es Señor para gloria de Dios Padre.
Oración colecta
Padre misericordioso, que para librarnos del poder del enemigo, quisiste que tu Hijo sufriera por nosotros el suplicio de la cruz, concédenos alcanzar la gracia de la resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
No escondí el rostro ante ultrajes
Lectura del libro de Isaías 50, 4-9a
El Señor Dios me ha dado una lengua de discípulo; para saber decir al abatido una palabra de aliento.
Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los discípulos.
El Señor Dios me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás. Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no escondí el rostro ante ultrajes ni salivazos.
El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado.
Mi defensor está cerca, ¿quién pleiteará contra mí?
Comparezcamos juntos. ¿quién me acusará? Que se acerque.
Mirad, el Señor Dios me ayuda, ¿quién me condenará?
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
Mañana iniciaremos el Triduo Pascual en el cual recordaremos los misterios que nos dieron vida. En ellos contemplaremos a un hombre que entra en la más profunda de las crisis por las que alguien puede pasar: abandonado, maltratado y ejecutado de la forma más vil.
Sin embargo, este Hombre, entra en la crisis con una profunda fe y confianza en el Dios-que-salva; sabe que no lo abandonará, que lo sostendrá, que no quedará avergonzado ni confundido y que finalmente lo rescatará de la muerte.
Esta es la confianza y la fe que Dios nos ofrece para toda nuestra vida, la cual no está exenta de estas crisis. Sólo cuando el hombre es capaz de abandonarse por completo en el Señor es cuando puede experimentar, en medio de todas las dificultades de la vida, una paz y una alegría interior que nadie puede explicar, y que es la promesa de que no está solo y que al final Dios mismo lo rescatará.
Pidamos, pues, a Jesús que por los méritos gloriosos de su pasión podamos adquirir esta fe y confianza para que toda nuestra vida la podamos vivir con paz, llenos de amor por los demás, incluso por los enemigos y que ésta se transforme, como la de Jesús, en instrumento de salvación para los demás, principalmente para los miembros de nuestras familias.
Salmo responsorial
Sal 68, 8-10. 21-22. 31 y 33-34
R. Señor, que me escuche tu
gran bondad el día de tu favor.
- Por ti he aguantado afrentas, la vergüenza cubrió mi rostro. Soy un extraño para mis hermanos, un extranjero para los hijos de mi madre; porque me devora el celo de tu templo, y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí. R.
- La afrenta me destroza el corazón, y desfallezco. Espero compasión, y no la hay; consoladores, y no los encuentro. En mi comida me echaron hiel, para mi sed me dieron vinagre. R.
- Alabaré el nombre de Dios con cantos, proclamaré su grandeza con acción de gracias. Miradlo, los humildes, y alegraos, buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón. Que el Señor escucha a sus pobres, no desprecia a sus cautivos. R.
Aclamación antes del Evangelio
Mt 26, 14-25
R. Gloria a ti, Cristo, Palabra de Dios.
Salve, Rey nuestro, solo tú te has compadecido de nuestros errores. R.
EVANGELIO
El Hijo del hombre se va,
como está escrito; pero,
¡ay de aquel por quien es entregado!
Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 26, 14-25
En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso: «¿Qué estáis dispuestos a darme, si os lo entrego?»
Ellos se ajustaron con él en treinta monedas. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.
El primer día de los Ácimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: «¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?»
Él contestó: «Id a la ciudad, a casa de quien vosotros sabéis y decidle: «El Maestro dice: Mi hora está cerca; voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos»».
Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua.
Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían dijo: «En verdad os digo que uno de vosotros me va a entregar».
Ellos, muy entristecidos, se pusieron a preguntarle uno tras otro: «¿Soy yo acaso, Señor?»
Él respondió: «El que ha metido conmigo la mano en la fuente, ése me va a entregar. El Hijo del hombre se va como está escrito de él; pero, ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado!, más le valdría a ese hombre no haber nacido».
Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar: «¿Soy yo acaso, Maestro?».
Él respondió: «Tú lo has dicho».
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
Hermanos, hay una pregunta que atraviesa todo el relato, es ¿quién va a entregar a Jesús? Y la respuesta es inquietante, porque es uno de los Doce. La traición no nació afuera, sino adentro, dentro de la comunidad apostólica. Entonces Judas no aparece como un traidor impulsivo. Mateo, de hecho, lo presenta tomando una decisión consciente y que revela lo que tiene su corazón.
Va a los sumos sacerdotes y pregunta ¿Cuánto me dan si les entrego a Jesús? Es la pregunta de quien ha desplazado el seguir a Jesús por el ¿Qué puedo obtener de Jesús? Las treinta monedas de plata no son solo una cantidad, es el signo de una relación que progresivamente se fue destruyendo, que se fue cerrando.
Cuando la fe deja de ser entrega, se convierte en transacción. En la Última Cena, Jesús sabe lo ocurrido y sin embargo, no rompe la comunión; anuncia la traición, pero sigue compartiendo el pan. No expone a Judas, no lo fuerza y no lo expulsa.
El drama no es que Judas se siente a la mesa, sino que permanezca sin cambiar el corazón. Aquí el Evangelio nos invita a mirarnos con honestidad. No basta la cercanía exterior, no basta formar parte del grupo, parte de la Iglesia, parte de la comunidad, parte del clero. No basta cumplir con lo visible.
El Catecismo nos recuerda algo importante: ‘el pecado es una falta contra la razón, la verdad y la recta conciencia’. Es una ofensa a Dios porque se opone a su amor. Y eso es lo que ocurre en Judas. No es un error puntual, sino un corazón que se fue cerrando a la verdad, a la razón, a la conciencia, pero se fue cerrando al dolor de saber que estaba oponiéndose al amor, que estaba ofendiendo a su Creador, a su Salvador.
Que el Miércoles Santo no sea para señalar culpables, sino para discernir el propio corazón, desde dónde seguimos a Cristo, ¿desde la confianza o desde el interés? ¿desde la fidelidad o desde lo que nos conviene?
Jesús no nos retira su amor, pero tampoco fuerza la libertad. Y antes de la cruz, el Evangelio nos pide una elección clara: que no lleguemos al Triduo viviendo una fe de costumbre, sino con una fe asumida. Que no nos presentemos en la mesa por inercia, sino por decisión y convicción. Pidamos hoy la gracia de un corazón unificado, capaz de seguir a Cristo sin condiciones, para no apartarnos de Él cuando el camino conduce a la Cruz.
Antífona de comunión
Mt 20, 28
El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir, y a dar la vida por la redención de todos.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Concédenos, Dios todopoderoso, creer y sentir profundamente que, por la muerte temporal de tu Hijo, proclamada en estos santos misterios, tú nos has dado la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oración
Tú eres mi ayuda, por eso no quedaré confundido, y sé que no quedaré avergonzado. Pues sé qué cercano estás de mí, tú que me haces justicia. ¿Quién luchará contra mí? ¿Quién es mi adversario? ¿Quién me acusa? si el Señor es mi ayuda, ¿quién se atreverá a condenarme?
Acción
Hoy dedicaré un rato de oración para confiar a Dios toda mi vida: el pasado, el presente y mi futuro.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
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